08 Mayo 2011 Seguir en 
La muerte es uno de los grandes interrogantes del hombre, así como lo es la vida misma. Lo inexplicable genera angustia, desconcierto. En un accidente, es decir ese suceso casual que altera el orden regular de las cosas, la primera reacción es preguntar quién fue el culpable. Algo similar sucede cuando alguien se quita la vida y mucho más si se trata de adolescentes o jóvenes. En abril pasado, dos hechos conmocionaron la comunidad educativa de una escuela secundaria de Barrio Sur de San Miguel de Tucumán.
El 12 de abril, una muchacha de 14 años se quitó la vida. En un primer momento, se atribuyó el motivo a un momento de depresión por la muerte de su padre, ocurrida dos años atrás. Pero el triste hecho adquirió otra significación cuando el 28 de abril, una amiga siguió su mismo camino. Dos compañeras de ambas tuvieron una crisis nerviosa y fueron internadas en el hospital Padilla.
El dolor, la preocupación y el temor se apoderaron de alumnos, padres y docentes, y tras un silencio inicial los trágicos episodios salieron a la luz y llegaron hasta la Justicia. Esta semana que concluye, psicólogos del Ministerio de Salud se abocaron a identificar los casos de riesgo y a efectuar entrevistas individuales. En el afán de encontrar rápidamente una explicación, se buscó culpabilizar el entorno familiar de las adolescentes, también se habló de un posible instigador o de prácticas raras. Un grupo de padres desolados manifestaron su queja porque hasta el momento no se hicieron realidad las promesas de que habría pautas de contención a los alumnos. También lanzaron dardos contra las autoridades educativas.
Se sabe que las conductas suicidas casi siempre ocurren en personas con depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar o dependencia del alcohol. Se suele decir que las personas que intentan suicidarse con frecuencia están tratando de alejarse de una situación de la vida que no pueden manejar o experimentan sentimientos o pensamientos malos, vergüenza, rechazo, pérdida o soledad.
Parafraseando quizás a Víctor Frankl, mentor de la logoterapia, el sociólogo Emilio Tenti Fanfani dijo que para que la vida valga, esta debe tener un sentido. Señaló que el chico que pone término a su vida llegó a esa determinación en soledad: "nadie lo vio con el significado profundo del verbo ?ver?. Tal vez parecía ?normal? porque nadie lo conocía realmente. Estaba solo, libre en los tiempos donde no hay libretos para vivir y librado a sí mismo... todos necesitamos soportes, el apoyo de pares y mayores". Respecto del aislamiento juvenil del mundo de los adultos, afirmó que "no los conocemos, no entendemos cómo hablan y se visten. No sabemos qué consumen, qué leen, qué hacen en internet y qué música escuchan. Para muchos docentes, los jóvenes son como extraterrestres".
En junio del año pasado una serie de suicidios adolescentes convulsionó Rosario de la Frontera y tras la ola de culpabilizaciones y los intentos de esconder la tierra bajo la alfombra la comunidad pareció entrar en una etapa de reflexión.
Desde hace lustros, los adolescentes son el blanco de muchas propuestas de una sociedad de consumo, que estimula la obtención del éxito fácil, el materialismo, la superficialidad de las relaciones y de los sentimientos. Por cuestiones de subsistencia económica, los padres suelen estar cada vez menos tiempo con sus hijos. Soledad, incomunicación, el sentirse incomprendido o no contenido afectivamente son estados que se experimentan cuando se está en una situación límite o la vida carece de un sentido. Tal vez lo menos indicado frente a estos episodios es hacerse el distraído. Alumnos, padres, docentes, autoridades, ayudados por profesionales, así como la sociedad, deben debatir acerca de por qué ha sucedido esto para que no se repita. El silencio, el ocultamiento y el miedo a hablar nunca pueden conducirnos a buen puerto.
El 12 de abril, una muchacha de 14 años se quitó la vida. En un primer momento, se atribuyó el motivo a un momento de depresión por la muerte de su padre, ocurrida dos años atrás. Pero el triste hecho adquirió otra significación cuando el 28 de abril, una amiga siguió su mismo camino. Dos compañeras de ambas tuvieron una crisis nerviosa y fueron internadas en el hospital Padilla.
El dolor, la preocupación y el temor se apoderaron de alumnos, padres y docentes, y tras un silencio inicial los trágicos episodios salieron a la luz y llegaron hasta la Justicia. Esta semana que concluye, psicólogos del Ministerio de Salud se abocaron a identificar los casos de riesgo y a efectuar entrevistas individuales. En el afán de encontrar rápidamente una explicación, se buscó culpabilizar el entorno familiar de las adolescentes, también se habló de un posible instigador o de prácticas raras. Un grupo de padres desolados manifestaron su queja porque hasta el momento no se hicieron realidad las promesas de que habría pautas de contención a los alumnos. También lanzaron dardos contra las autoridades educativas.
Se sabe que las conductas suicidas casi siempre ocurren en personas con depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar o dependencia del alcohol. Se suele decir que las personas que intentan suicidarse con frecuencia están tratando de alejarse de una situación de la vida que no pueden manejar o experimentan sentimientos o pensamientos malos, vergüenza, rechazo, pérdida o soledad.
Parafraseando quizás a Víctor Frankl, mentor de la logoterapia, el sociólogo Emilio Tenti Fanfani dijo que para que la vida valga, esta debe tener un sentido. Señaló que el chico que pone término a su vida llegó a esa determinación en soledad: "nadie lo vio con el significado profundo del verbo ?ver?. Tal vez parecía ?normal? porque nadie lo conocía realmente. Estaba solo, libre en los tiempos donde no hay libretos para vivir y librado a sí mismo... todos necesitamos soportes, el apoyo de pares y mayores". Respecto del aislamiento juvenil del mundo de los adultos, afirmó que "no los conocemos, no entendemos cómo hablan y se visten. No sabemos qué consumen, qué leen, qué hacen en internet y qué música escuchan. Para muchos docentes, los jóvenes son como extraterrestres".
En junio del año pasado una serie de suicidios adolescentes convulsionó Rosario de la Frontera y tras la ola de culpabilizaciones y los intentos de esconder la tierra bajo la alfombra la comunidad pareció entrar en una etapa de reflexión.
Desde hace lustros, los adolescentes son el blanco de muchas propuestas de una sociedad de consumo, que estimula la obtención del éxito fácil, el materialismo, la superficialidad de las relaciones y de los sentimientos. Por cuestiones de subsistencia económica, los padres suelen estar cada vez menos tiempo con sus hijos. Soledad, incomunicación, el sentirse incomprendido o no contenido afectivamente son estados que se experimentan cuando se está en una situación límite o la vida carece de un sentido. Tal vez lo menos indicado frente a estos episodios es hacerse el distraído. Alumnos, padres, docentes, autoridades, ayudados por profesionales, así como la sociedad, deben debatir acerca de por qué ha sucedido esto para que no se repita. El silencio, el ocultamiento y el miedo a hablar nunca pueden conducirnos a buen puerto.







