Espera aún un destino el complejo Sarmiento

07 Mayo 2011
Una casa, un barrio, una ciudad son el espejo de quienes viven en ella. En ellos se refleja la conducta y los costumbres -buenas y malas- de sus moradores. Si bien hay numerosos sectores de San Miguel de Tucumán que paulatinamente han comenzado a asomarse a la "civilización" porque sus calles han sido pavimentadas o ahora gozan de servicios (agua potable, gas natural o cloacas), hay otros tantos que se debaten en la impotencia y la frustración.

Hace unos días, motivados por las constantes denuncias vecinales que llegan a nuestra redacción, un periodista recorrió algunos lugares, donde el malestar es crónico: los lavaderos ilegales de autos instalados en la avenida Wenceslao Posse; la zona del parque Guillermina que da a la avenida Adolfo de la Vega; la avenida de circunvalación oeste; la intersección de Santa Fe y Marco Avellaneda (cerrada por las vías del ferrocarril); el complejo Sarmiento, los basurales en La Costanera, camino al aeropuerto; la vieja cancha de básquet de Marco Avellaneda y San Juan; y el predio de la ex Papelera.

Varios de esos lugares han sido ganados por la basura, la desidia y la inseguridad. Algunos han logrado que se hicieran proyectos y se formularan expresiones de deseo, que nunca se concretaron como el complejo Sarmiento, erigido en 1951, donde funcionó la central hidroeléctrica hasta la década de 1970. El edificio sigue abandonado; la mayor parte de las chapas del techo se cayeron, los vidrios están destruidos y, según los vecinos, los delincuentes lo utilizan como vía de escape luego de asaltar a los transeúntes.

Un funcionario provincial dijo en febrero que había varias propuestas en estudio sobre el futuro del complejo, ubicado en avenida Sarmiento al 1.200, pero que siempre los había detenido la cuestión presupuestaria. La idea del gobierno de convertir el inmueble en un centro de convenciones fue objetada. Un urbanista propuso que el edificio fuera destinado, tras su refacción, a convertirse en un espacio cultural, que son escasos en la ciudad. Un grupo de artistas planteó la creación de un centro de arte contemporáneo y ofreció su proyecto que estaba destinado en principio para el ex Mercado de Abasto. Mientras el inmueble que pertenece al Ministerio de la Producción de la Provincia, espera un destino, los vecinos se quejan. "Por acá es mejor no pasar; te sacan las bolsas del súper, el celular y la cartera", dijo una señora.

Si el Gobierno no tiene aún en claro qué finalidad darle a este inmueble que día a día se deteriora más, podría abrir el juego a entidades culturales y civiles, a las universidades, a urbanistas -en Tucumán hay destacados profesionales en esta materia- para que formulen propuestas o convocar a un concurso de ideas como se hizo con el viejo edificio de Rentas. También podría mirar lo que hicieron otras ciudades o pedir asesoramiento.

Por ejemplo, en Rosario de Santa Fe, por una necesidad de la misma comunidad, surgió propuesta de tener un museo de arte contemporáneo. Se partió de una concepción diferente de museo que, desde el punto de vista de la construcción de la imagen, se halla muy cercana a la idea de fábrica. Se reacondicionó un viejo silo en desuso por la mudanza del puerto, a la vera del río Paraná, que fue cedido para esos fines por la Municipalidad de Rosario en 2003. El museo fue proyectado por el prestigioso arquitecto rosarino Ermete de Lorenzi. Su fachada fue pintada sobre la base de un proyecto elegido por concurso nacional ese mismo año.

En un par de décadas y sobre la base de un plan estratégico consensuado -como el que se elaboró en Tucumán en 2005-, con el objetivo del bien común y la participación ciudadana, Rosario se revolucionó urbanísticamente y se convirtió en una de las ciudades de referencia en esta materia. Imitar lo bueno siempre es positivo.

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