BUENOS AIRES.- Si bien el eje de la semana parece haber sido la depuración de la lista de candidatos rumbo a octubre, con Cristina Fernández, Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri y Hugo Moyano en el podio del protagonismo político, no puede soslayarse la vida propia que volvió a adquirir en estos días el dólar paralelo. El caso del salto cambiario es singular, porque no tiene que ver, como en el pasado, con una pulseada del mercado contra el Banco Central, ya que el poder de fuego de la autoridad monetaria está fuera de discusión, más en tiempos de liquidación de la cosecha, sino que esta vez los nervios que mete la suba de la divisa en el mercado marginal ha sido otro error de cálculo de los reguladores oficiales, equipo que comandan Guillermo Moreno y Ricardo Echegaray. El dólar paralelo, tal como se conoce la operatoria, se armó con mayor fuerza a partir del tabicamiento que se le impuso a la compra de billetes registrados, por parte de la secretaría de Comercio y de la AFIP. Como pasa con la "Carne para Todos", pasa lo mismo con el "Dólar para todos": no hay.
Pero si bien las normas restrictivas ya tienen un par de meses, los nervios de los operadores subieron de nivel a partir de la persistente ofensiva del Estado por meterse en la vida interna de las empresas, amparado legalmente en un caso por las acciones que heredó la Anses de las AFJP, aunque a partir de un cuestionado DNU, y también por la posibilidad de regular el sistema privado de salud que representa la medicina prepaga.
La operatoria cambiaria que se desarrollaba hasta enero era simple. Partía de las colas que se armaban en las casas de cambio por parte de particulares que compraban con su DNI aunque no todos con su dinero, para revender al rato los billetes en el mercado marginal. Ese pase le daba al mercado paralelo cierto abastecimiento de billetes, mientras los cueveros se ganaban unos pocos centavos.
Pero, como la necesidad de dólares (o euros) que se notó en las medidas comerciales de Moreno con el cierre de importaciones, parece que es muy grande, los controles se multiplicaron hace un par de meses y ahora la falta de billetes se ha combinado con el temor que se presentó tras el avance sobre las empresas, no sólo por parte de la Anses o el Congreso, sino también por el caso de las cerealeras, a partir de allanamientos de la AFIP y denuncias por evasión, que abogados de las mismas empresas y expertos impositivos independientes califican como una diferente interpretación de las normas.
Pero además, los rumores empezaron a circular en cuanto a que las acciones oficiales estaban preparando el terreno para proceder al cierre del mercado cambiario y a la nacionalización del comercio de granos y por eso el precio "blue" se empinó durante la semana y llegó a $ 4,32, valor calmado a fin del viernes por ventas a futuro del BCRA.
Y cuando hay restricciones de acceso, los operadores se ponen nerviosos y están dispuestos a pagar por las transacciones lo que se quiera cobrar, sobre todo para salir a tiempo. De allí, que muchos hayan convalidado precios que significaron hasta pérdidas superiores a 10%, sólo compensadas por la tranquilidad de fugar las divisas hacia el exterior o el colchón.
En cuanto a la medicina prepaga, el hecho de que las mayorías en el Congreso estén casi de acuerdo en sancionar una ley que cubre una parte del sistema de salud, sin incluir a los hospitales públicos ni a las obras sociales, fue interpretado como otro avance contra los contratos entre privados, como sucedió con la estatización de las AFJP.
Los prestadores denuncian que se les quiere imponer precios máximos que no tomarían en cuenta la estructura de costos de cada empresa y una tarifa plana que estaría protegiendo a quienes cumplen más de 65 años con más de 10 años de permanencia, aunque esa uniformidad se haga a costa de los más jóvenes, que pagan menos porque usan menos los servicios.
Más allá de la necesaria y justa regulación estatal, un eventual encarecimiento del sistema podría provocar la fuga de socios y hacer necesario un ajuste de precios para que los que se queden adentro paguen por los que se retiraron, lo que centrifugaría el sistema, mientras que esa masa de gente podría hacer colapsar las otras patas que no se han articulado.
En este contexto de incertidumbre, lo que se ha visto en las últimas horas es que la Presidenta y Alfonsín parecen encaminarse a polarizar la elección. Si puede abrir el juego de tal forma que se sume la mayor cantidad de partidos no kirchneristas, quienes durante los dos últimos años han trabajado, con suerte diversa, codo a codo en el Congreso, el radical se habría convertido en el gran componedor de alianzas, algo que hasta ahora nunca pudo encaminarse.
El caso de Cristina es aún ambiguo, ya que ella misma dice en sus discursos frases de doble interpetación: "es mucho lo que el país ha avanzado, pero a mí me desvela que este inmenso esfuerzo colectivo e inmenso esfuerzo personal y familiar les diría, no caiga en saco roto", sentenció esta semana para que se pueda pensar tanto que sigue, como que no sigue. La misma ambigüedad, aunque no sazonada de la picardía que puede tener la estrategia presidencial, ya que si dice que "no" se le haría difícil gobernar hasta el final y si dice que "sí" le estaría mostrando las cartas a los demás, la despliega Macri, quien ha entrado en un peligroso "stand by" que no es otra cosa que deshojar la margarita entre la Nación y la Ciudad. El caso del Jefe de Gobierno no es igual al de la Presidenta, porque lo que es comprensible en ella para no quedar como "pato rengo" si decide no seguir, a Macri se lo puede facturar el electorado a la hora de juzgarlo indeciso y poco apegado a sus ideas.
Es que los cruces que ha provocado un eventual corrimiento hacia posturas más de centro del candidato radical, a partir de las charlas con Francisco de Narváez para llevarlo como gobernador de Buenos Aires en la boleta de la UCR, amenaza no sólo con romper el llamado "frente progresista" con el socialismo y el GEN, sino con dejar al electorado de centro-derecha sin una alternativa genuina, ya que Macri obtendría así el puente de plata que parece estar buscando para salir de la escena nacional y competir por su reelección porteña. Si bien los radicales dicen que no van a cejar en su empeño de mantener la alianza tradicional con sus socios en Santa Fe y con Margarita Stolbizer, parece difícil que cuajen el agua y el aceite sólo por la necesidad de conseguir los votos para disputarle al oficialismo la segunda vuelta.
Sin Macri en el juego nacional y quizás con Eduardo Duhalde en el papel de gran articulador de consensos, la polarización podría darse ahora entre dos vertientes más bien conservadoras de la política: una más populista, el kirchnerismo con las dificultades objetivas (inflación, pobreza, inseguridad, gasto creciente, intervención estatal, etc.) de un modelo que aún así busca profundizar y la otra, que buscaría no cambiar demasiado, aunque siendo más prolijo en la ejecución.
La tercera pata podría ser cubierta por la Coalición Cívica de Elisa Carrió, una jugadora que no estaba en los cálculos de nadie, que podría sumar votos hasta lugares impensados, como lo hizo el Acuerdo Cívico en 2009, desde una posición que podría restárselos al espectro radical-properonista que se está armando en torno de Alfonsín.
En todo este juego cruzado de protagonistas, hizo su aparición Moyano con el acto por el Día de los Trabajadores. Lo que fue público y notorio es que la propia Presdienta le escapó a la foto, aunque haya mandado una carta de adhesión y a todo su gabinete al palco.
En el mismo discurso donde habló del “esfuerzo”, Cristina también dijo algo que fue la antesala de lo que piensa sobre el rol activo deMoyano para ocupar espacios: “la conflictividad no puede arruinarnos el modelo”. El reto presidencial se refirió a la cuestión salarial, pero también a la puja entre dirigentes, como ocurrió en Santa Cruz en el gremio petrolero.
Pero si bien las normas restrictivas ya tienen un par de meses, los nervios de los operadores subieron de nivel a partir de la persistente ofensiva del Estado por meterse en la vida interna de las empresas, amparado legalmente en un caso por las acciones que heredó la Anses de las AFJP, aunque a partir de un cuestionado DNU, y también por la posibilidad de regular el sistema privado de salud que representa la medicina prepaga.
La operatoria cambiaria que se desarrollaba hasta enero era simple. Partía de las colas que se armaban en las casas de cambio por parte de particulares que compraban con su DNI aunque no todos con su dinero, para revender al rato los billetes en el mercado marginal. Ese pase le daba al mercado paralelo cierto abastecimiento de billetes, mientras los cueveros se ganaban unos pocos centavos.
Pero, como la necesidad de dólares (o euros) que se notó en las medidas comerciales de Moreno con el cierre de importaciones, parece que es muy grande, los controles se multiplicaron hace un par de meses y ahora la falta de billetes se ha combinado con el temor que se presentó tras el avance sobre las empresas, no sólo por parte de la Anses o el Congreso, sino también por el caso de las cerealeras, a partir de allanamientos de la AFIP y denuncias por evasión, que abogados de las mismas empresas y expertos impositivos independientes califican como una diferente interpretación de las normas.
Pero además, los rumores empezaron a circular en cuanto a que las acciones oficiales estaban preparando el terreno para proceder al cierre del mercado cambiario y a la nacionalización del comercio de granos y por eso el precio "blue" se empinó durante la semana y llegó a $ 4,32, valor calmado a fin del viernes por ventas a futuro del BCRA.
Y cuando hay restricciones de acceso, los operadores se ponen nerviosos y están dispuestos a pagar por las transacciones lo que se quiera cobrar, sobre todo para salir a tiempo. De allí, que muchos hayan convalidado precios que significaron hasta pérdidas superiores a 10%, sólo compensadas por la tranquilidad de fugar las divisas hacia el exterior o el colchón.
En cuanto a la medicina prepaga, el hecho de que las mayorías en el Congreso estén casi de acuerdo en sancionar una ley que cubre una parte del sistema de salud, sin incluir a los hospitales públicos ni a las obras sociales, fue interpretado como otro avance contra los contratos entre privados, como sucedió con la estatización de las AFJP.
Los prestadores denuncian que se les quiere imponer precios máximos que no tomarían en cuenta la estructura de costos de cada empresa y una tarifa plana que estaría protegiendo a quienes cumplen más de 65 años con más de 10 años de permanencia, aunque esa uniformidad se haga a costa de los más jóvenes, que pagan menos porque usan menos los servicios.
Más allá de la necesaria y justa regulación estatal, un eventual encarecimiento del sistema podría provocar la fuga de socios y hacer necesario un ajuste de precios para que los que se queden adentro paguen por los que se retiraron, lo que centrifugaría el sistema, mientras que esa masa de gente podría hacer colapsar las otras patas que no se han articulado.
En este contexto de incertidumbre, lo que se ha visto en las últimas horas es que la Presidenta y Alfonsín parecen encaminarse a polarizar la elección. Si puede abrir el juego de tal forma que se sume la mayor cantidad de partidos no kirchneristas, quienes durante los dos últimos años han trabajado, con suerte diversa, codo a codo en el Congreso, el radical se habría convertido en el gran componedor de alianzas, algo que hasta ahora nunca pudo encaminarse.
El caso de Cristina es aún ambiguo, ya que ella misma dice en sus discursos frases de doble interpetación: "es mucho lo que el país ha avanzado, pero a mí me desvela que este inmenso esfuerzo colectivo e inmenso esfuerzo personal y familiar les diría, no caiga en saco roto", sentenció esta semana para que se pueda pensar tanto que sigue, como que no sigue. La misma ambigüedad, aunque no sazonada de la picardía que puede tener la estrategia presidencial, ya que si dice que "no" se le haría difícil gobernar hasta el final y si dice que "sí" le estaría mostrando las cartas a los demás, la despliega Macri, quien ha entrado en un peligroso "stand by" que no es otra cosa que deshojar la margarita entre la Nación y la Ciudad. El caso del Jefe de Gobierno no es igual al de la Presidenta, porque lo que es comprensible en ella para no quedar como "pato rengo" si decide no seguir, a Macri se lo puede facturar el electorado a la hora de juzgarlo indeciso y poco apegado a sus ideas.
Es que los cruces que ha provocado un eventual corrimiento hacia posturas más de centro del candidato radical, a partir de las charlas con Francisco de Narváez para llevarlo como gobernador de Buenos Aires en la boleta de la UCR, amenaza no sólo con romper el llamado "frente progresista" con el socialismo y el GEN, sino con dejar al electorado de centro-derecha sin una alternativa genuina, ya que Macri obtendría así el puente de plata que parece estar buscando para salir de la escena nacional y competir por su reelección porteña. Si bien los radicales dicen que no van a cejar en su empeño de mantener la alianza tradicional con sus socios en Santa Fe y con Margarita Stolbizer, parece difícil que cuajen el agua y el aceite sólo por la necesidad de conseguir los votos para disputarle al oficialismo la segunda vuelta.
Sin Macri en el juego nacional y quizás con Eduardo Duhalde en el papel de gran articulador de consensos, la polarización podría darse ahora entre dos vertientes más bien conservadoras de la política: una más populista, el kirchnerismo con las dificultades objetivas (inflación, pobreza, inseguridad, gasto creciente, intervención estatal, etc.) de un modelo que aún así busca profundizar y la otra, que buscaría no cambiar demasiado, aunque siendo más prolijo en la ejecución.
La tercera pata podría ser cubierta por la Coalición Cívica de Elisa Carrió, una jugadora que no estaba en los cálculos de nadie, que podría sumar votos hasta lugares impensados, como lo hizo el Acuerdo Cívico en 2009, desde una posición que podría restárselos al espectro radical-properonista que se está armando en torno de Alfonsín.
En todo este juego cruzado de protagonistas, hizo su aparición Moyano con el acto por el Día de los Trabajadores. Lo que fue público y notorio es que la propia Presdienta le escapó a la foto, aunque haya mandado una carta de adhesión y a todo su gabinete al palco.
En el mismo discurso donde habló del “esfuerzo”, Cristina también dijo algo que fue la antesala de lo que piensa sobre el rol activo deMoyano para ocupar espacios: “la conflictividad no puede arruinarnos el modelo”. El reto presidencial se refirió a la cuestión salarial, pero también a la puja entre dirigentes, como ocurrió en Santa Cruz en el gremio petrolero.
Quizás, por ese motivo, el discurso del jefe cegetista se deshizo en elogios hacia el modelo económico y seguramente por eso omitió hablar de la inflación y la cuestión de los fondos de las obras sociales. Pero además, Moyano expuso algunos deseos firmes y concretos, como en el caso de los cargos para legisladores y además planteó una fuerte exigencia, como cuando pidió que este año se trate y apruebe la ley que repartirá las ganancias empresarias, “fifty-fifty”. Para celebrar este último tema, los bombos atronaron y el fervor alcanzó su pico máximo.
Y en el párrafo más esperado de su alocución, Moyano no se achicó ante el mote de “piantavotos” que le puso el gobernador Juan Manuel Urtubey y le pidió a la Presidenta que se presente a las elecciones.
Y en el párrafo más esperado de su alocución, Moyano no se achicó ante el mote de “piantavotos” que le puso el gobernador Juan Manuel Urtubey y le pidió a la Presidenta que se presente a las elecciones.







