30 Abril 2011 Seguir en 
Todo cambio que altera la rutina, por más desagradable que esta sea, tiende ser resistido por esa tendencia en el ser humano a encontrar seguridad en lo que le es familiar. De allí, el refrán "es mejor viejo conocido que nuevo por conocer". En las últimas dos semanas, con la idea mejorar el tránsito o de hacerlo menos caótico, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán tomó decisiones que provocaron controversias entre los ciudadanos.
Los cambios de mano en dos pasajes -2 de Abril y Padilla- y en la Mendoza al 800 provocaron dudas acerca de la efectividad de la disposición; se estima que los más afectados por esta medida serían los conductores que circulen por la calle Salta, donde se producirían embotellamientos. Fue la segunda medida la más objetada. La Municipalidad anunció que comenzó a reubicar las paradas de los ómnibus interurbanos que sólo podrán levantar pasajeros cada 300 metros, tal como establece el Código de Tránsito. Los usuarios del servicio están molestos con la medida, pero los automovilistas la aprueban.
La reubicación de las paradas se lleva a cabo en la zona delimitada por las avenidas Sarmiento, Avellaneda-Sáenz Peña, Roca y Alem-Mitre. Se ha previsto instalar 108 paradas de las líneas 100, 121, 122, 123, 124, 125, 129, 130, 131, 132, 140, 141 y El Provincial. Para que ello suceda -según informó la Subsecretaría de Tránsito y Transporte municipal- las empresas de transporte deben entreguen los caños y carteles indicadores de los lugares en los que se detendrán los ómnibus. El artículo 278 del Código de Tránsito establece que las concesionarias del servicio deben proveer estos materiales. Las paradas se colocarán 30 metros antes de la bocacalle y se prohibirá el estacionamiento de vehículos en esos sectores. Estas indicaciones están prescritas en el Código de Tránsito, sancionado en 1987, que asombrosamente ahora se lo hará cumplir.
Los reclamos de los usuarios han sido numerosos, y coinciden en que se perjudica a los viejos y a los chicos, así como a los enfermos que van a los hospitales. Algunos evaluaron como desacertada esta iniciativa porque favorece la inseguridad, especialmente por la mañana muy temprano o por la noche. "Creo que la mejor manera de reordenar el tránsito sería que la Municipalidad se ocupara de aquellos que estacionan en doble fila, de los que no respetan las sendas peatonales ni los semáforos y no este cambio que genera al ciudadano el mayor de los inconvenientes", sostuvo un vecino. Un integrante de la Asociación de Empresarios de Transporte Automotor de Tucumán dijo que la norma es discriminatoria. "Creo que no hay pasajeros urbanos ni provinciales, sino usuarios del servicio de transporte público en general. Entonces, no se los puede dividir en dos categorías y mandar a que algunos caminen 200 metros hasta la parada y otros, 300 o 400" y acotó que el más perjudicado será el chofer porque los pasajeros descargarán su enojo en él.
A diferencia de otras ciudades como Mendoza, donde el peatón es el privilegiado, en San Miguel de Tucumán ocurre todo lo contrario. Los que circulan en vehículos son, generalmente, los favorecidos y una buena parte de estos -incluyendo muchos colectiveros- son los que menos respetan al transeúnte y le aceleran encima si se demora en cruzar. Las estadísticas señalan que el 70% de los más de 250.000 autos del parque automotor provincial llega al centro de la capital diariamente y se va a poner en vigencia una norma de 1987, es decir de 24 años atrás cuando seguramente había un tercio de los vehículos actuales. Al parecer interesa más que conformar a los automovilistas que a los usuarios del transporte público. Caso extraño San Miguel de Tucumán, donde los vehículos son más importantes que las personas.
Los cambios de mano en dos pasajes -2 de Abril y Padilla- y en la Mendoza al 800 provocaron dudas acerca de la efectividad de la disposición; se estima que los más afectados por esta medida serían los conductores que circulen por la calle Salta, donde se producirían embotellamientos. Fue la segunda medida la más objetada. La Municipalidad anunció que comenzó a reubicar las paradas de los ómnibus interurbanos que sólo podrán levantar pasajeros cada 300 metros, tal como establece el Código de Tránsito. Los usuarios del servicio están molestos con la medida, pero los automovilistas la aprueban.
La reubicación de las paradas se lleva a cabo en la zona delimitada por las avenidas Sarmiento, Avellaneda-Sáenz Peña, Roca y Alem-Mitre. Se ha previsto instalar 108 paradas de las líneas 100, 121, 122, 123, 124, 125, 129, 130, 131, 132, 140, 141 y El Provincial. Para que ello suceda -según informó la Subsecretaría de Tránsito y Transporte municipal- las empresas de transporte deben entreguen los caños y carteles indicadores de los lugares en los que se detendrán los ómnibus. El artículo 278 del Código de Tránsito establece que las concesionarias del servicio deben proveer estos materiales. Las paradas se colocarán 30 metros antes de la bocacalle y se prohibirá el estacionamiento de vehículos en esos sectores. Estas indicaciones están prescritas en el Código de Tránsito, sancionado en 1987, que asombrosamente ahora se lo hará cumplir.
Los reclamos de los usuarios han sido numerosos, y coinciden en que se perjudica a los viejos y a los chicos, así como a los enfermos que van a los hospitales. Algunos evaluaron como desacertada esta iniciativa porque favorece la inseguridad, especialmente por la mañana muy temprano o por la noche. "Creo que la mejor manera de reordenar el tránsito sería que la Municipalidad se ocupara de aquellos que estacionan en doble fila, de los que no respetan las sendas peatonales ni los semáforos y no este cambio que genera al ciudadano el mayor de los inconvenientes", sostuvo un vecino. Un integrante de la Asociación de Empresarios de Transporte Automotor de Tucumán dijo que la norma es discriminatoria. "Creo que no hay pasajeros urbanos ni provinciales, sino usuarios del servicio de transporte público en general. Entonces, no se los puede dividir en dos categorías y mandar a que algunos caminen 200 metros hasta la parada y otros, 300 o 400" y acotó que el más perjudicado será el chofer porque los pasajeros descargarán su enojo en él.
A diferencia de otras ciudades como Mendoza, donde el peatón es el privilegiado, en San Miguel de Tucumán ocurre todo lo contrario. Los que circulan en vehículos son, generalmente, los favorecidos y una buena parte de estos -incluyendo muchos colectiveros- son los que menos respetan al transeúnte y le aceleran encima si se demora en cruzar. Las estadísticas señalan que el 70% de los más de 250.000 autos del parque automotor provincial llega al centro de la capital diariamente y se va a poner en vigencia una norma de 1987, es decir de 24 años atrás cuando seguramente había un tercio de los vehículos actuales. Al parecer interesa más que conformar a los automovilistas que a los usuarios del transporte público. Caso extraño San Miguel de Tucumán, donde los vehículos son más importantes que las personas.







