20 Abril 2011 Seguir en 
GOTEMBURGO (Especial para LA GACETA).- No hace falta levantar la voz para ser escuchado, no hace falta usar traje para tocar en una orquesta, ni es necesario que las luces lo alumbren para brillar. Los preconceptos simplemente no sirven en este momentáneo país de las maravillas donde el talento y la humildad de José González se entrelazan en perfecta armonía con la versatilidad musical que compone la orquesta Goteborg String Theory.
Pero vamos por partes. Estamos en Suecia y, por supuesto, el recital empieza a la hora prevista. A las 20, la amplia sala Lorensbergteatern está prácticamente llena de todo tipo de personajes. Hombres con moño y peinados afro se mezclan con chicas que ya se animan a las polleras cortas y las zapatillas Converse.
Desde la más elegante al más hippie, todos aplauden cuando se apagan las luces y una tímida artista, guitarra en mano, se abre paso en el escenario. Ella no se presenta y nadie más lo hace, ni antes ni después de su pequeño show.
Su momento
Alrededor de las 21 el enorme candelabro que hace resplandecer todo el teatro se apaga. Quedam apenas las lamparitas, colgando encima de los instrumentos, para alumbrar el escenario. Y aparece González. El músico de padres, apariencia y nombre argentino es, en realidad, sueco, y lo deja bien en claro al agarrar el micrófono y lanzar sus primeros chistes en ese idioma tan musical.
Teniendo como única arma su guitarra acústica, y con el público atrincherado al frente, González empieza a disparar. Melodías, arpegios y frases van cayendo entre el público que, indefenso, empieza a disfrutar de un show que dura casi dos horas, pero que se vive como un intenso instante de pura emoción.
A toda orquesta
Luego de su primera interpretación, acompañado por su guitarra, los encargados de la percusión de la Goteborg String Theory escoltan al músico mientras interpreta "In our nature". El resto de la peculiar orquesta se une al grupo para interpretar el tercer tema de la noche: "Far away".
Los sentidos no bastan para prestar atención a cada detalle arriba del escenario. Mientras González sigue sumergido en su guitarra, como sin darse cuenta de que es el protagonista de este cuento, los músicos se lucen tocando tanto un violín como un sintetizador o un papel arrugado. Todo este despliegue de sonidos y emociones sucede mientras un particular director, con el pelo hasta los hombros y musculosa, utiliza todo su cuerpo como batuta. El bombardeo de los artistas se mezcla con las luces y la imagen de fondo, completando un cuadro perfecto que, aunque sobresalga por su informalidad, no parece tener nada improvisado.
"Crosses", "Hand in your heart", "Broken arrows" y "Ciclyng trivialities" continúan pintando la velada. La ternura de la voz de González salpica entre el público, que responde por medio de aplausos, sonrisas y hasta una que otra caricia. Es que los protocolos anunciaron su retirada.
Al final de la noche llegan los grandes éxitos del artista. "Teardrop" es recibida con un fuerte aplauso, que continúa con palmas durante todo el tema, para terminar con una eufórica ovación. Todos de pie piden, al menos, una canción más. Luego de los saludos la banda vuelve con "Heartbeats" y "Fold". Afuera del teatro nadie se sorprende al encontrar una hermosa luna haciendo de farol. Ta vez se acercó para escuchar mejor.
Pero vamos por partes. Estamos en Suecia y, por supuesto, el recital empieza a la hora prevista. A las 20, la amplia sala Lorensbergteatern está prácticamente llena de todo tipo de personajes. Hombres con moño y peinados afro se mezclan con chicas que ya se animan a las polleras cortas y las zapatillas Converse.
Desde la más elegante al más hippie, todos aplauden cuando se apagan las luces y una tímida artista, guitarra en mano, se abre paso en el escenario. Ella no se presenta y nadie más lo hace, ni antes ni después de su pequeño show.
Su momento
Alrededor de las 21 el enorme candelabro que hace resplandecer todo el teatro se apaga. Quedam apenas las lamparitas, colgando encima de los instrumentos, para alumbrar el escenario. Y aparece González. El músico de padres, apariencia y nombre argentino es, en realidad, sueco, y lo deja bien en claro al agarrar el micrófono y lanzar sus primeros chistes en ese idioma tan musical.
Teniendo como única arma su guitarra acústica, y con el público atrincherado al frente, González empieza a disparar. Melodías, arpegios y frases van cayendo entre el público que, indefenso, empieza a disfrutar de un show que dura casi dos horas, pero que se vive como un intenso instante de pura emoción.
A toda orquesta
Luego de su primera interpretación, acompañado por su guitarra, los encargados de la percusión de la Goteborg String Theory escoltan al músico mientras interpreta "In our nature". El resto de la peculiar orquesta se une al grupo para interpretar el tercer tema de la noche: "Far away".
Los sentidos no bastan para prestar atención a cada detalle arriba del escenario. Mientras González sigue sumergido en su guitarra, como sin darse cuenta de que es el protagonista de este cuento, los músicos se lucen tocando tanto un violín como un sintetizador o un papel arrugado. Todo este despliegue de sonidos y emociones sucede mientras un particular director, con el pelo hasta los hombros y musculosa, utiliza todo su cuerpo como batuta. El bombardeo de los artistas se mezcla con las luces y la imagen de fondo, completando un cuadro perfecto que, aunque sobresalga por su informalidad, no parece tener nada improvisado.
"Crosses", "Hand in your heart", "Broken arrows" y "Ciclyng trivialities" continúan pintando la velada. La ternura de la voz de González salpica entre el público, que responde por medio de aplausos, sonrisas y hasta una que otra caricia. Es que los protocolos anunciaron su retirada.
Al final de la noche llegan los grandes éxitos del artista. "Teardrop" es recibida con un fuerte aplauso, que continúa con palmas durante todo el tema, para terminar con una eufórica ovación. Todos de pie piden, al menos, una canción más. Luego de los saludos la banda vuelve con "Heartbeats" y "Fold". Afuera del teatro nadie se sorprende al encontrar una hermosa luna haciendo de farol. Ta vez se acercó para escuchar mejor.
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