Las eternas presiones de los taxistas

14 Abril 2011
La sabiduría popular trasciende su época y no deja refranes que se repiten, pero que pocas veces se las lleva a la práctica, o expresiones que pintan la idiosincrasia de un pueblo. A veces estas surgen de una canción, como aquella que dice "lo atamo con alambre" o "mirar para otra parte". Una de las más comunes es de estirpe futbolística, como "patear la pelota para adelante". Ambas tienen el sentido de no buscar o dar una solución a un problema, sino de postergarla. "Continuación de algo por un tiempo determinado. Plazo por el cual se continúa o prorroga algo", así define el Diccionario de la Real Academia a la palabra prórroga.

En Tucumán, este sustantivo femenino parece haber hecho camino al andar en la dirigencia gobernante. Ello se evidencia en una buena parte de los problemas crónicos que arrastra nuestra sociedad; ante un inconveniente de importancia, se suele apelar a la dilación constantemente en asuntos sociales, tributarios, ambientales o de transporte.

Todos los años asistimos a situaciones calcadas, cuyo desenlace también se conoce en forma anticipada. El servicio de taxis es uno de los traumas que soporta San Miguel de Tucumán desde la década de 1990, cuando hicieron su debut los remises. Nunca se cumplió la ordenanza de su creación, con lo cual rápidamente estos se convirtieron en ilegales.

El caos de este servicio duró más de una década; pululaban los taxis y remises truchos. El 11 de abril de 2006, el Concejo Deliberante creó el Servicio Único de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa). Se dijo que el sistema era incompatible con la Ley Nacional de Tránsito, que establece 10 años de antigüedad para el transporte de pasajeros.

En la sesión del 3 de agosto de ese año, el Concejo aprobó una norma que concedía mayores facilidades a los taxistas y remiseros ilegales para poder ingresar en el Sutrappa. La ordenanza permitía que circularan legalmente, por lo menos, 830 autos de alquiler de más de 14 años de antigüedad. A tres meses de la puesta en funcionamiento del nuevo sistema, continuaban circulando autos en estado deplorable. El sistema había sido diseñado para 6.200 vehículos, pero inscribieron cerca de 8.000 automóviles. Hasta noviembre pasado, el Sutrappa ha otorgado más de 7.500 licencias, de las cuales el 95% son permisos provisorios y un 5%, definitivos.

El lunes caducó la autorización para que presten servicio los modelos 1997, 1998, 1999 y 2000. Una vez más, los taxistas amenazaron con sitiar la ciudad si no se les concedía una prórroga. A modo de presión, alrededor de 200 infractores se constituyeron en el parque 9 de Julio para lograr que los ediles les otorgaran una moratoria y como era de esperar, no sólo lo consiguieron, sino que hasta el mismo intendente avaló la medida.

En un sondeo realizado por nuestro diario entre 800 lectores acerca del servicio de los autos de alquiler, casi el 75% calificó la prestación como mala; el 43,8%, muy mala, el 30,8%; buena, el 21,4%; muy bueno, el 2,2% y excelente, el 1,6%.

En una ocasión señalamos que la única víctima de los servicios públicos que no siempre funcionan como exigen las normas, es el usuario, sin el cual no existirían taxis ni ómnibus. ¿Por qué en ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza o Buenos Aires se cumple la normativa a rajatabla y en Tucumán nunca se puede? ¿Los intereses creados serán tan importantes para que en cinco años, ninguna autoridad se ha animado a ponerle el cascabel al gato? ¿Por qué en otras geografías los gobernantes privilegian el bienestar del ciudadano y aquí se les brinda eternas prerrogativas a quienes no cumplen con las normas vigentes? Conviene reflexionar al respecto.

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