Público y secreto no suelen llevarse bien

El problema no es la plata sino el escarnio. Los legisladores les temen -nada menos- a quienes les dieron la responsabilidad de decidir sobre la vida de los tucumanos. El temor no es porque la dieta pase de $7.800 a $9.500. El miedo es a que la ciudadanía lo sepa. Si no es así, ¿por qué no se comunicó la suba? ¿Por qué varios legisladores dijeron no saber nada al ser consultados? ¿Por qué dos horas después de que se conoció se dio marcha atrás sobre otro aumento prorrogado hasta octubre?

"De eso no sé nada, ni sé cuánto nos pagan", dijo ayer un legislador. "No puede ser, están desubicados", comentó un hombre del Ejecutivo. Nada debería generar temor, salvo que se esté ocultando algo. Desde hace 20 años, los ingresos públicos de los inquilinos de la Cámara son un secreto. Público y secreto son dos adjetivos que no suelen llevarse bien.

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