30 Marzo 2011 Seguir en 
DAMASCO.- El presidente sirio Bashar Al Assad aceptó ayer la dimisión de su Gobierno tras casi dos semanas de disturbios a favor de la democracia, que representaron el mayor desafío a su mandato de 11 años.
Pero era improbable que la medida satisfaga las exigencias de los manifestantes, ya que el Gabinete tiene poca autoridad en Siria, donde el poder se concentra en manos de Assad, su familia y el aparato de seguridad. Decenas de miles de sirios realizaron ayer manifestaciones a favor del Gobierno, a la espera de un discurso en que se espera que Assad anuncie una decisión sobre el levantamiento de las leyes de emergencia, que sirvieron para aplastar, durante casi 50 años, a la disidencia.
Esa medida es una exigencia clave de las protestas en contra del Gobierno, en las que murieron más de 60 personas.
"El presidente Assad acepta la renuncia del Gobierno", señaló la agencia estatal de noticias SANA, y que Naji Al-Otari, primer ministro desde 2003, seguiría siendo el líder interino hasta que se conforme un nuevo gabinete.
En un inicio, los manifestantes habían limitado sus demandas a mayores libertades. Pero, cada vez más indignados por la represión -especialmente en la sureña ciudad de Deraa, donde estallaron las protestas-, ahora exigen la "caída del régimen".
Los llamados se asemejan a los de otras revueltas en el mundo árabe que, desde enero, han derrocado presidentes autoritarios, veteranos en Túnez y Egipto, además de motivar a los rebeldes que luchan contra el líder libio Muammar Gadddafi.
La televisión estatal mostró personas en la capital Damasco, además de Aleppo, Hama y Hasaka ondeando la bandera nacional, fotos de Assad y coreando "Dios, Siria, Bashar". Empleados y miembros de sindicatos controlados por el partido Baath de Assad, indicaron que se les ordenó asistir a los mitines. (Reuters)
Pero era improbable que la medida satisfaga las exigencias de los manifestantes, ya que el Gabinete tiene poca autoridad en Siria, donde el poder se concentra en manos de Assad, su familia y el aparato de seguridad. Decenas de miles de sirios realizaron ayer manifestaciones a favor del Gobierno, a la espera de un discurso en que se espera que Assad anuncie una decisión sobre el levantamiento de las leyes de emergencia, que sirvieron para aplastar, durante casi 50 años, a la disidencia.
Esa medida es una exigencia clave de las protestas en contra del Gobierno, en las que murieron más de 60 personas.
"El presidente Assad acepta la renuncia del Gobierno", señaló la agencia estatal de noticias SANA, y que Naji Al-Otari, primer ministro desde 2003, seguiría siendo el líder interino hasta que se conforme un nuevo gabinete.
En un inicio, los manifestantes habían limitado sus demandas a mayores libertades. Pero, cada vez más indignados por la represión -especialmente en la sureña ciudad de Deraa, donde estallaron las protestas-, ahora exigen la "caída del régimen".
Los llamados se asemejan a los de otras revueltas en el mundo árabe que, desde enero, han derrocado presidentes autoritarios, veteranos en Túnez y Egipto, además de motivar a los rebeldes que luchan contra el líder libio Muammar Gadddafi.
La televisión estatal mostró personas en la capital Damasco, además de Aleppo, Hama y Hasaka ondeando la bandera nacional, fotos de Assad y coreando "Dios, Siria, Bashar". Empleados y miembros de sindicatos controlados por el partido Baath de Assad, indicaron que se les ordenó asistir a los mitines. (Reuters)







