"Empieza a faltar comida en las góndolas, pero nadie entra en pánico"

Un argentino que vive desde hace 20 años en Japón le contó a LA GACETA cómo se vive el día a día en un país afectado por la catástrofe. Elogios al civismo japonés.

17 Marzo 2011
"Hace 22 años vivo acá, y sin embargo esta cultura me sigue sorprendiendo. Hay preocupación, pero nadie entra en pánico; no se ven robos ni saqueos, tampoco escenas de desesperación. La gente hace dos horas de cola para cargar 20 litros de combustible o para pagar en el supermercado y nadie se pelea ni grita".

El relato, en boca de Sergio Omar Gushiken, describe la situación en su ciudad, Fujisawa-shi, provincia de Kanagawa, ubicada a 50 kilómetros al sur de Tokio, donde vive con su mujer y sus tres hijos.

El mayor temor, cuenta este argentino que hace dos décadas se instaló en Japón y que allá formó una familia, es el desabastecimiento: "Las principales preocupaciones son la falta de nafta y que en las góndolas empiezan a faltar artículos básicos, como arroz o pilas para las linternas, algo a lo que los japoneses no están habituados".

Gushiken se ha convertido en una especie de cronista de oficio en medio de la tragedia. Durante la charla telefónica con LA GACETA hace una descripción exhaustiva de la crisis y, con paciencia oriental, enumera la lista de los servicios que funcionan y los que no.

"Se han caído cables de alta tensión, pero que enseguida fueron reportados" y se trabaja para repararlos. Hay problemas energéticos, pero no han dejado de funcionar los cajeros automáticos ni el sistema para pagar con tarjetas de crédito.

Es en las estaciones de servicio donde más se nota el desabastecimiento. Hay colas de dos o tres horas para cargar 20 litros de combustible, cuenta.

La gente trata de retomar su rutina laboral, en la medida de lo posible, pero los trenes andan de manera irregular y muchas empresas permanecen cerradas en la región del país que fue azotada por terremoto, luego por un tsunami y que ahora teme una fuga radiactiva de una planta nuclear.

"Donde trabajo, la fábrica Nissan, están paradas las actividades, al parecer hasta la semana que viene. Así pasa con muchas otras empresas", explica.

El martes hubo un nuevo sismo, de 5.1 de intensidad. Nada si se lo compara con los 8.8 del terremoto causante del tsunami, pero que volvió a llevar preocupación a la población. "Sabemos que durante un mes, desde que se produjo el terremoto, hay probabilidades de que haya réplicas", afirma Gushiken.

"Los supermercados no alcanzan a reponer los productos en las góndolas, porque la gente se está abasteciendo para una emergencia", explica. Es que todo el mundo tiene preparado un set que consta de agua mineral, sopas instantáneas, linternas a pilas entre otros artículos básicos. Son justamente esos artículos los que están empezando a escasear.

Explica además que su ciudad está alejada (unos 250 kilómetros) de donde se encuentra la planta de energía nuclear de Fukushima y que por ahora no han dado advertencias de contaminación en la zona.

"Por televisión están informando constantemente cuáles son los niveles de radiactividad que se detectan en cada región. Acá ha subido un poco, pero no hay peligro", dice, con una confianza a toda prueba en la información que se difunde por los medios.

Por esa vía también se reciben las instrucciones para evitar la contaminación por radiactividad. Por ejemplo, se recomienda no practicar actividad física, no salir a la calle o, si es necesario, hacerlo con guantes y barbijos, un articulo de uso común entre los japoneses.

Entre la gente de más edad se nota la angustia. "Tienen la experiencia de la bomba", dice. LA GACETA©

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