El contraste es tan grande que inquieta. El gobernador, José Alperovich, prepara las valijas para disfrutar desde mañana una suerte de viaje de egresados junto a los principales operadores políticos de su proyecto continuista. Enfrente, los referentes que pretenden hacer mella en el alperovichismo en las elecciones de agosto -salvo algunas excepciones- aún juntan fuerzas para empezar el ciclo lectivo. Como esos niños que dudan y dudan con la nariz contra el vidrio entre llevar una mochila de Ben 10 o de los Bakugan.
A seis meses de los comicios, cuando al alperovichismo le quedan pocas cartas por mostrar, ¿quiénes emergen como sus potenciales rivales? Por un lado, el kirchnerismo paraalperovichista arrancó temprano con los cursos preparatorios de la carrera más extenuante, la de 2015. En rigor, el intendente Domingo Amaya y la diputada Stella Maris Córdoba tienen la cabeza puesta en graduarse. Ambos sienten que el ciclo alperovichista terminará al otro día de las elecciones y que -juntos o separados- apenas si deberán levantar un poco el ruedo para calzarse el guardapolvos cristinista en Tucumán.
Basan sus presunciones en machetes que les pasaron y que dicen que, haciendo pie en esta contienda, el gobernador no irá por otra reforma constitucional que le permita abrochar una reelección indefinida.
Amaya estudió de memoria el manual escrito por Germán Alfaro. En sus primeras páginas, el texto ya presenta algunos atajos que el intendente está dispuesto a tomar. Porque la decisión oficial de hacer una compra grande de ejemplares de "La Teoría de los Acoples" promete llenar de votos la fórmula de gobierno alperovichista pero, a la vez, amenaza con dejarle al oficialismo una composición impredecible de circunstanciales aliados en la Legislatura. Y, si se abre esa carrera, Amaya y Córdoba sienten que pueden ser unos buenos titulares de cátedra. Es, al menos, lo que les dicen los guiños que reciben desde la Casa Rosada.
Cuando se lee a un solo autor se corre el riesgo de tener una visión sesgada de la realidad. Y el alperovichismo todavía no abrió otros libros.
Rindiendo previas
Si bien Amaya y Córdoba ya comenzaron el cursado, hay quienes todavía deben rendir un par de previas: la oposición no-alperovichista. En realidad, la gran mayoría de los referentes que dicen estar dispuestos a enfrentar al oficialismo ni siquiera definieron aún qué materias cursarán.
El Acuerdo Cívico y Social aspira a polarizar la elección. Tiene la tranquilidad de que ya en 2007 y en 2009 hizo padecer a los profesores del alperovichismo. El problema es que el radicalismo y sus aliados se muestran tan inseguros como un joven que está por dar el último examen para recibirse. El dilema aquí es: asumir que el libro de cabecera de esta elección será "La Teoría de los Acoples", o sostener la lectura de textos un tanto desactualizados y en desuso. El candidato a gobernardor, José Cano, está convencido de que el oficialismo no sacará más del 45% de los votos y que están en condiciones de obtener el 30%. Este sector -el pro-acoplista- le sugiere al senador nacional que la única forma de limitar el poderío oficialista será con la conjunción de fuerzas, por más disímiles que parezcan. Así, Cano dialoga con todos: con la centroderecha del macrismo, con el conservadurismo del campo, con el peronismo disidente más ortodoxo y con agrupaciones de centro, como el socialismo y la Democracia Cristiana.
En cambio, otros estudiantes radicales siguen la línea menos aggiornada que pregona el legislador Federico Romano Norri. Este grupo susurra que cuanto menos acoples presente la UCR, mejor será el puntaje en el examen final. El tradicionalismo, sin embargo, amenaza con convertirse en sectarismo en las filas del centenario partido, si prevalece la idea de una lista de candidatos sólo con paladares radicales. Porque es aquí en donde surgen los principales problemas: qué hacer con los socios más fieles al radicalismo. El socialista Rodolfo Succar, el democristiano José Páez y el justicialista Alejandro Sangenis, por ejemplo, no cuentan con estructura económica para sustentar una campaña. En consecuencia, menos podrán hacerlo bajo las leyes de la selva que impone el oficialismo con el acople.
A decir verdad, el principal problema que debe superar el Acuerdo para posicionarse como real alternativa al alperovichismo es de miserias. Es decir, definir si el objetivo es individual o colectivo. Si conviene, por ejemplo, que el diputado que no parla (el ruralista Juan Casañas) vaya de candidato a vicegobernador o que priorice la pelea por la intendencia de Yerba Buena.
Sin convivencia
Los que se sacaron un cero en convivencia fueron los hermanos Bussi. A decir verdad, Ricardo y Luis José están más cerca de una trinchera que de jugar juntos en el patio de la escuela.
Lejos de lograr un acuerdo para hacer mutua fuerza en la próxima mesa de examen, llevaron sus internas a tribunales. Ricardo prefirió al biker Claudio Viña como candidato a intendente de la capital y Luis José ya anticipó su doble candidatura a gobernador y a legislador. En definitiva, Fuerza Republicana irá por su cuenta y, Republicano Fundacional, por la suya. Hasta el nombre de los partidos genera confusión.
Entre ex compañeros de aula del bussismo y el ex fiscal anticorrupción se forja, aunque con lentitud, un acuerdo de centroderecha. Esteban Jerez y José Costanzo definieron desde hace tiempo que quienes se le sumen lo harán por el oeste y por el este. En capital, Jerez quiere llevar como segundo al ex vicegobernador Raúl Topa y, en el oeste, pretende que el cantante aficionado Pedro Stordeur prepare la materia en soledad. El este es la bolilla que menos estudió este espacio: por eso hay algunas conversaciones con ruralistas y con el peronismo federal del ex vicegobernador Julio Díaz Lozano y del sindicalista Jesús Pellasio.
Lo insólito es que aunque Jerez integró el interbloque del PRO en el Congreso, rencillas de entrecasa alejan al macrista local, Pablo Walter, de este espacio. Hoy, el ex senador bussista está más cerca del Acuerdo Cívico y Social.
El listado de alumnos de la centroizquierda e izquierda es amplio. La única sociedad de estudio que se vislumbra es la que lleva la bandera de Proyecto Sur. Aunque no son cineastas, al pinismo tucumano quieren reproducirlo Federico Masso, Lita Alberstein y el ex radical Gumersindo Parajón. Al menos, van juntos a cuanto evento social se les presenta. En cambio, al Partido Obrero y al Partido de los Trabajadores Socialistas, por ejemplo, siempre les gustó leer en soledad y esta vez no será la excepción.
Con el ciclo lectivo en marcha, todavía hay algunos que deben empezar a conocer a sus nuevos compañeritos de banco y aceptar que, en la escuela, no se evalúa al alumno por lo hecho en el último mes, sino por lo vivido a lo largo de todo el año. Es decir, o aprueban todos, o corren el riesgo de reprobar la mayoría. La consigna es simple; la respuesta, por supuesto, un tanto más complicada.
A seis meses de los comicios, cuando al alperovichismo le quedan pocas cartas por mostrar, ¿quiénes emergen como sus potenciales rivales? Por un lado, el kirchnerismo paraalperovichista arrancó temprano con los cursos preparatorios de la carrera más extenuante, la de 2015. En rigor, el intendente Domingo Amaya y la diputada Stella Maris Córdoba tienen la cabeza puesta en graduarse. Ambos sienten que el ciclo alperovichista terminará al otro día de las elecciones y que -juntos o separados- apenas si deberán levantar un poco el ruedo para calzarse el guardapolvos cristinista en Tucumán.
Basan sus presunciones en machetes que les pasaron y que dicen que, haciendo pie en esta contienda, el gobernador no irá por otra reforma constitucional que le permita abrochar una reelección indefinida.
Amaya estudió de memoria el manual escrito por Germán Alfaro. En sus primeras páginas, el texto ya presenta algunos atajos que el intendente está dispuesto a tomar. Porque la decisión oficial de hacer una compra grande de ejemplares de "La Teoría de los Acoples" promete llenar de votos la fórmula de gobierno alperovichista pero, a la vez, amenaza con dejarle al oficialismo una composición impredecible de circunstanciales aliados en la Legislatura. Y, si se abre esa carrera, Amaya y Córdoba sienten que pueden ser unos buenos titulares de cátedra. Es, al menos, lo que les dicen los guiños que reciben desde la Casa Rosada.
Cuando se lee a un solo autor se corre el riesgo de tener una visión sesgada de la realidad. Y el alperovichismo todavía no abrió otros libros.
Rindiendo previas
Si bien Amaya y Córdoba ya comenzaron el cursado, hay quienes todavía deben rendir un par de previas: la oposición no-alperovichista. En realidad, la gran mayoría de los referentes que dicen estar dispuestos a enfrentar al oficialismo ni siquiera definieron aún qué materias cursarán.
El Acuerdo Cívico y Social aspira a polarizar la elección. Tiene la tranquilidad de que ya en 2007 y en 2009 hizo padecer a los profesores del alperovichismo. El problema es que el radicalismo y sus aliados se muestran tan inseguros como un joven que está por dar el último examen para recibirse. El dilema aquí es: asumir que el libro de cabecera de esta elección será "La Teoría de los Acoples", o sostener la lectura de textos un tanto desactualizados y en desuso. El candidato a gobernardor, José Cano, está convencido de que el oficialismo no sacará más del 45% de los votos y que están en condiciones de obtener el 30%. Este sector -el pro-acoplista- le sugiere al senador nacional que la única forma de limitar el poderío oficialista será con la conjunción de fuerzas, por más disímiles que parezcan. Así, Cano dialoga con todos: con la centroderecha del macrismo, con el conservadurismo del campo, con el peronismo disidente más ortodoxo y con agrupaciones de centro, como el socialismo y la Democracia Cristiana.
En cambio, otros estudiantes radicales siguen la línea menos aggiornada que pregona el legislador Federico Romano Norri. Este grupo susurra que cuanto menos acoples presente la UCR, mejor será el puntaje en el examen final. El tradicionalismo, sin embargo, amenaza con convertirse en sectarismo en las filas del centenario partido, si prevalece la idea de una lista de candidatos sólo con paladares radicales. Porque es aquí en donde surgen los principales problemas: qué hacer con los socios más fieles al radicalismo. El socialista Rodolfo Succar, el democristiano José Páez y el justicialista Alejandro Sangenis, por ejemplo, no cuentan con estructura económica para sustentar una campaña. En consecuencia, menos podrán hacerlo bajo las leyes de la selva que impone el oficialismo con el acople.
A decir verdad, el principal problema que debe superar el Acuerdo para posicionarse como real alternativa al alperovichismo es de miserias. Es decir, definir si el objetivo es individual o colectivo. Si conviene, por ejemplo, que el diputado que no parla (el ruralista Juan Casañas) vaya de candidato a vicegobernador o que priorice la pelea por la intendencia de Yerba Buena.
Sin convivencia
Los que se sacaron un cero en convivencia fueron los hermanos Bussi. A decir verdad, Ricardo y Luis José están más cerca de una trinchera que de jugar juntos en el patio de la escuela.
Lejos de lograr un acuerdo para hacer mutua fuerza en la próxima mesa de examen, llevaron sus internas a tribunales. Ricardo prefirió al biker Claudio Viña como candidato a intendente de la capital y Luis José ya anticipó su doble candidatura a gobernador y a legislador. En definitiva, Fuerza Republicana irá por su cuenta y, Republicano Fundacional, por la suya. Hasta el nombre de los partidos genera confusión.
Entre ex compañeros de aula del bussismo y el ex fiscal anticorrupción se forja, aunque con lentitud, un acuerdo de centroderecha. Esteban Jerez y José Costanzo definieron desde hace tiempo que quienes se le sumen lo harán por el oeste y por el este. En capital, Jerez quiere llevar como segundo al ex vicegobernador Raúl Topa y, en el oeste, pretende que el cantante aficionado Pedro Stordeur prepare la materia en soledad. El este es la bolilla que menos estudió este espacio: por eso hay algunas conversaciones con ruralistas y con el peronismo federal del ex vicegobernador Julio Díaz Lozano y del sindicalista Jesús Pellasio.
Lo insólito es que aunque Jerez integró el interbloque del PRO en el Congreso, rencillas de entrecasa alejan al macrista local, Pablo Walter, de este espacio. Hoy, el ex senador bussista está más cerca del Acuerdo Cívico y Social.
El listado de alumnos de la centroizquierda e izquierda es amplio. La única sociedad de estudio que se vislumbra es la que lleva la bandera de Proyecto Sur. Aunque no son cineastas, al pinismo tucumano quieren reproducirlo Federico Masso, Lita Alberstein y el ex radical Gumersindo Parajón. Al menos, van juntos a cuanto evento social se les presenta. En cambio, al Partido Obrero y al Partido de los Trabajadores Socialistas, por ejemplo, siempre les gustó leer en soledad y esta vez no será la excepción.
Con el ciclo lectivo en marcha, todavía hay algunos que deben empezar a conocer a sus nuevos compañeritos de banco y aceptar que, en la escuela, no se evalúa al alumno por lo hecho en el último mes, sino por lo vivido a lo largo de todo el año. Es decir, o aprueban todos, o corren el riesgo de reprobar la mayoría. La consigna es simple; la respuesta, por supuesto, un tanto más complicada.







