11 Febrero 2011 Seguir en 
El régimen de Mubarak ha estado marcado por su obstinada oposición a los llamamientos a una apertura del sistema, invocando el riesgo de una desestabilización catastrófica de su país.
Pocos se atrevían a apostar por la permanencia en el poder de ese hombre sin gran carisma que en 1981 sucedió a Anuar el Sadat, asesinado por islamistas.
Sin embargo, Mubarak, ex comandante de la Fuerza Aérea, logró mantener hasta hace unas semanas la estabilidad de Egipto, y la de su poder, aferrándose a un sistema acusado de asfixiar la vida política. También se opuso férreamente al islamismo radical inspirado en Al Qaeda, aunque no ha logrado impedir el fortalecimiento de un islam tradicionalista inspirado por el poderoso movimiento de los Hermanos Musulmanes.
Con su silueta maciza, su cabellera siempre negra a pesar de la edad y su mirada a menudo oculta por lentes de sol, se convirtió al pasar los años en una figura familiar de las reuniones internacionales, e impuso a Egipto como un pilar de moderación dentro del mundo árabe.
Pragmático, mantuvo contra viento y marea el puesto de su país en el campo pronorteamericano y preservó los acuerdos de paz con Israel, que costaron la vida a su predecesor.
El liberalismo económico, que se acentuó en los últimos años, permitió desarrollar sectores económicos como las telecomunicaciones y la construcción, pero casi el 40% de los 80 millones de egipcios siguen viviendo con menos de dos dólares diarios, según estadísticas internacionales. La corrupción es otro mal endémico del país.
Pocos se atrevían a apostar por la permanencia en el poder de ese hombre sin gran carisma que en 1981 sucedió a Anuar el Sadat, asesinado por islamistas.
Sin embargo, Mubarak, ex comandante de la Fuerza Aérea, logró mantener hasta hace unas semanas la estabilidad de Egipto, y la de su poder, aferrándose a un sistema acusado de asfixiar la vida política. También se opuso férreamente al islamismo radical inspirado en Al Qaeda, aunque no ha logrado impedir el fortalecimiento de un islam tradicionalista inspirado por el poderoso movimiento de los Hermanos Musulmanes.
Con su silueta maciza, su cabellera siempre negra a pesar de la edad y su mirada a menudo oculta por lentes de sol, se convirtió al pasar los años en una figura familiar de las reuniones internacionales, e impuso a Egipto como un pilar de moderación dentro del mundo árabe.
Pragmático, mantuvo contra viento y marea el puesto de su país en el campo pronorteamericano y preservó los acuerdos de paz con Israel, que costaron la vida a su predecesor.
El liberalismo económico, que se acentuó en los últimos años, permitió desarrollar sectores económicos como las telecomunicaciones y la construcción, pero casi el 40% de los 80 millones de egipcios siguen viviendo con menos de dos dólares diarios, según estadísticas internacionales. La corrupción es otro mal endémico del país.







