Los zapatos de la ira se alzaron cuando Mubarak afirmó que no renunciaba y que morirá en el país

El Presidente delegó poderes, que no especificó en Suleimán, y reavivó el descontento popular en la plaza Tharir, epicentro de la protesta. Miles de egipcios aguardaron la dimisión del mandatario, pero vieron frustradas sus expectativas. "Egipto va a explotar".

SÍMBOLO. El anuncio de Mubarak provocó la ira de miles de egipcios reunidos en la plaza Tahrir y que emularon al periodista iraquí que arrojó un zapato contra la humanidad de George W. Bush. FOTOS DE REUTERS
SÍMBOLO. El anuncio de Mubarak provocó la ira de miles de egipcios reunidos en la plaza Tahrir y que emularon al periodista iraquí que arrojó un zapato contra la humanidad de George W. Bush. FOTOS DE REUTERS
11 Febrero 2011
EL CAIRO.- El presidente egipcio, Hosni Mubarak, cedió ayer poderes a su vicepresidente pero se negó a renunciar, provocando una explosión de indignación en los centenares de miles de personas que desde hace más de dos semanas exigen su partida.

"¡Vete, vete!", "Te vamos a enterrar bajo tierra", clamaba la multitud concentrada en la plaza Tahrir de El Cairo, epicentro de la ola de protestas que se desencadenó el 25 de enero y dejó unos 300 muertos. El aire se impregnó de agresividad en la plaza y se oyeron llamamientos a dirigirse al palacio presidencial para sacar a Mubarak por la fuerza, haciendo temer una nueva escalada de la violencia.

En un esperado discurso, Mubarak afirmó que participará en la transición hasta las elecciones presidenciales de septiembre, aunque anunció que delegará poderes al vicepresidente, Omar Suleimán, sin precisar cuáles. Dijo además que vivirá y morirá en Egipto, desalentando a quienes esperaban que partiese al exilio.

"¿Donde está el Ejército?, ¿dónde está el ejército egipcio?", coreaba una muchedumbre furiosa que poco antes había oído que las Fuerzas Armadas estaban tomando "las medidas necesarias para proteger a la nación y apoyar las legítimas demandas del pueblo".

Pero el mandatario de 82 años, en el poder desde 1981, frustró todas esas expectativas. "Soy consciente del peligro que representa esta encrucijada (...) y eso nos impone hacer pasar primero los intereses superiores de la Nación", dijo Mubarak.

Inmediatamente después, Suleimán, un ex militar que dirigió los servicios secretos hasta que Mubarak lo nombró vicepresidente en enero, instó a los manifestantes a regresar a sus hogares. Según el embajador egipcio en Washington, Sameh Shukri, Suleimán es ahora "de hecho" el jefe de Estado.

El opositor y Premio Nobel de la Paz, Mohamed ElBaradei, instó al ejército a "salvar" a Egipto. "Egipto va a explotar. El ejército tiene que salvar al país ya mismo", escribió ElBaradei en Twitter, poco después del discurso de Mubarak.

La rebelión que puso al régimen al borde del abismo se inició el 25 de enero y cobró una nueva proporción en las últimas horas, con la entrada en huelga de decenas de miles de trabajadores en todo el país. En los últimos días se señalaron también incidentes violentos en otras ciudades.

En Puerto Said (noreste), unos 3.000 habitantes de un suburbio que reclamaban viviendas decentes saquearon ayer la sede central de la policía e incendiaron patrulleros y vehículos de los agentes, indicaron testigos a la AFP.

Egipto, un aliado de Occidente, es uno de los dos únicos países árabes que firmaron un tratado de paz con Israel (el otro es Jordania) y controla el canal de Suez, por donde pasa la mayor parte del abastecimiento petrolero de los países industrializados.

Suleimán abrió el pasado fin de semana un diálogo con varias fuerzas de la oposición, que abarca desde sectores laicos a los Hermanos Musulmanes, para tratar de desactivar las protestas. Mubarak había prometido que no buscaría un nuevo mandato en la elección de septiembre. Pero nada bastó para apaciguar la rebelión. (AFP-NA)

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