01 Junio 2003 Seguir en 
LONDRES.- Pese a que el Pentágono consideró superado el llamado "escándalo de las armas en Irak", la prensa estadounidense y la británica continúan develando episodios que ponen en duda la legitimidad de la guerra lanzada por EE.UU. y Gran Bretaña para derrocar al régimen de Saddam Hussein. Un diario neoyorkino reveló ayer que el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, había sido presionado por la Casa Blanca para que dé por seguro que en Irak había armas químicas y biológicas escondidas. Por su lado, el diario británico "The Guardian" informó ayer que Powell y el ministro de Relaciones Exteriores británico, Jack Straw, habían cuestionado en privado los informes de inteligencia sobre las presuntas armas prohibidas de Saddam.
En una reunión privada, en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, previa a una crucial reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de febrero, Straw y Powell discutieron la creciente crisis diplomática. Esta incluyó un intercambio de diez minutos sobre la validez de los reportes de inteligencia sobre Irak de sus respectivos gobiernos, señala el periódico citando a una fuente diplomática que leyó la transcripción de la conversación. La denominada transcripción Waldorf está circulando entre diplomáticos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Según el diario, Straw manifestó su preocupación porque las acusaciones formuladas por el primer ministro británico, Tony Blair, y el presidente estadounidense, George W. Bush, no puedan ser probadas. Muchos de los informes de inteligencia eran suposiciones. Powell compartió su preocupación, en especial en vista de los reportes de un equipo creado por el subsecretario de Defensa estadounidense, Paul Wolfowitz. Precisamente, Wolfowitz fue quien, hace dos días, provocó un revuelo al declarar que la cuestión de las armas prohibidas se había adoptado como argumento para la guerra "por razones burocráticas".
Los desengañados
En aquella reunión, Powell dijo a Straw que salió de reuniones con la inteligencia estadounidense pensando que dichas pruebas que, más que inteligencia cruda, eran evidencias muy a favor de las posturas de quienes las habían presentado, en alusión a Wolfowitz y al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Powell también le habría dicho a Straw que esperaba que el asunto no estallase en sus caras. Aparentemente, los detalles de la reunión fueron filtrados por diplomáticos que apoyaban la guerra, pero que ahora sienten que fueron engañados sobre los programas de armas iraquíes. (Reuter/Télam)
En una reunión privada, en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, previa a una crucial reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de febrero, Straw y Powell discutieron la creciente crisis diplomática. Esta incluyó un intercambio de diez minutos sobre la validez de los reportes de inteligencia sobre Irak de sus respectivos gobiernos, señala el periódico citando a una fuente diplomática que leyó la transcripción de la conversación. La denominada transcripción Waldorf está circulando entre diplomáticos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Según el diario, Straw manifestó su preocupación porque las acusaciones formuladas por el primer ministro británico, Tony Blair, y el presidente estadounidense, George W. Bush, no puedan ser probadas. Muchos de los informes de inteligencia eran suposiciones. Powell compartió su preocupación, en especial en vista de los reportes de un equipo creado por el subsecretario de Defensa estadounidense, Paul Wolfowitz. Precisamente, Wolfowitz fue quien, hace dos días, provocó un revuelo al declarar que la cuestión de las armas prohibidas se había adoptado como argumento para la guerra "por razones burocráticas".
Los desengañados
En aquella reunión, Powell dijo a Straw que salió de reuniones con la inteligencia estadounidense pensando que dichas pruebas que, más que inteligencia cruda, eran evidencias muy a favor de las posturas de quienes las habían presentado, en alusión a Wolfowitz y al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Powell también le habría dicho a Straw que esperaba que el asunto no estallase en sus caras. Aparentemente, los detalles de la reunión fueron filtrados por diplomáticos que apoyaban la guerra, pero que ahora sienten que fueron engañados sobre los programas de armas iraquíes. (Reuter/Télam)







