31 Mayo 2003 Seguir en 
Washington.- La cuestión de las presuntas armas prohibidas en Irak volvió a ser motivo de escándalo tras declaraciones del subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Paul Wolfowitz, quien admitió que la decisión de poner el acento en la amenaza de las armas de destrucción masiva para justificar una guerra en Irak fue un paso burocrático. "Nos centramos en este tema porque era la única razón sobre la que todos podían ponerse de acuerdo", declaró el número dos del Pentágono.
El revuelo cruzó el Atlántico y golpeó al primer ministro británico, Tony Blair, firme defensor de la teoría de que llevó a la invasión y ocupación del país petrolero árabe. El diario londinense "The Independent" llegó a la conclusión de que las armas sólo fueron una "disculpa cómoda" para la guerra. Compañeros del ala más izquierdista del partido de Blair exigieron que el premier explique al Parlamento esta sorprendente revelación.
El jefe de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, había reconocido la semana pasada que es posible que nunca se encuentren las armas de destrucción masiva en Irak. "El régimen puede haberlas destruido antes de la guerra", afirmó. Pero ahora, un día después de las declaraciones de Wolfowitz, el Pentágono anunció que enviará nuevos equipos de especialistas a Irak a buscar las supuestas armas químicas y biológicas. Rumsfeld aseguró que Estados Unidos no exageró el asunto de las armas de destrucción masiva para justificar la guerra.
Clima hostil
Estados Unidos y Gran Bretaña enfrentan cada vez más acusaciones de haber exagerado la amenaza que significaban las supuestas armas de destrucción masiva en Irak, casi dos meses después de la caída de Bagdad y cuando el armamento sigue sin aparecer. Por otra parte, la autoridad estadounidense de Irak soporta un clima cada vez más hostil. Los iraquíes se aglomeraron ayer en las mezquitas para las plegarias del viernes y escucharon airadas denuncias de la ocupación estadounidense, suavizadas en parte por llamados a la moderación. "La ira crece en los corazones de la gente", dijo en la Gran Mezquita un clérigo de una ciudad sunita musulmana. En Bagdad, un predicador de un distrito chiíta instó a la gente a oponerse pacíficamente a la presencia estadounidense. Las tropas estadounidenses que derrocaron a Saddam Hussein el 9 de abril deberían irse ahora, antes de que las dispersas fuerzas de Saddam se reagrupen y lancen un contraataque. (Reuter/DPA)
El revuelo cruzó el Atlántico y golpeó al primer ministro británico, Tony Blair, firme defensor de la teoría de que llevó a la invasión y ocupación del país petrolero árabe. El diario londinense "The Independent" llegó a la conclusión de que las armas sólo fueron una "disculpa cómoda" para la guerra. Compañeros del ala más izquierdista del partido de Blair exigieron que el premier explique al Parlamento esta sorprendente revelación.
El jefe de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, había reconocido la semana pasada que es posible que nunca se encuentren las armas de destrucción masiva en Irak. "El régimen puede haberlas destruido antes de la guerra", afirmó. Pero ahora, un día después de las declaraciones de Wolfowitz, el Pentágono anunció que enviará nuevos equipos de especialistas a Irak a buscar las supuestas armas químicas y biológicas. Rumsfeld aseguró que Estados Unidos no exageró el asunto de las armas de destrucción masiva para justificar la guerra.
Clima hostil
Estados Unidos y Gran Bretaña enfrentan cada vez más acusaciones de haber exagerado la amenaza que significaban las supuestas armas de destrucción masiva en Irak, casi dos meses después de la caída de Bagdad y cuando el armamento sigue sin aparecer. Por otra parte, la autoridad estadounidense de Irak soporta un clima cada vez más hostil. Los iraquíes se aglomeraron ayer en las mezquitas para las plegarias del viernes y escucharon airadas denuncias de la ocupación estadounidense, suavizadas en parte por llamados a la moderación. "La ira crece en los corazones de la gente", dijo en la Gran Mezquita un clérigo de una ciudad sunita musulmana. En Bagdad, un predicador de un distrito chiíta instó a la gente a oponerse pacíficamente a la presencia estadounidense. Las tropas estadounidenses que derrocaron a Saddam Hussein el 9 de abril deberían irse ahora, antes de que las dispersas fuerzas de Saddam se reagrupen y lancen un contraataque. (Reuter/DPA)







