09 Diciembre 2010 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Primero la ilusión de miles de personas dominó la escena. Después llegaron los goles de Maxi Velázquez y de Facundo Parra y explotó la alegría. Hubo tiempo para el sufrimiento y para agradecer las atajadas mágicas de Hilario Navarro. No faltaron aplausos para el asistente que cobró posición adelantada cuando el estadio había quedado en silencio por alguna acción de peligro en el área local. Tras 120 minutos de suspenso llegaron los penales, el triunfo, la vuelta olímpica, el desahogo.
Los hinchas de Independiente vivieron la final a full. Desde horas antes del comienzo del partido contra Goiás, el estadio "Libertadores de América" lució abarrotado con simpatizantes que enarbolando camisetas y banderas recordaron imágenes de esa pintura que se transformó en clásica, allá por la década del ?70, cuando el equipo de Avellaneda exhibía una alta tradición copera.
A pesar de la derrota sufrida en el cotejo de ida en Goiania, los hinchas de Independiente creyeron posible la reacción del equipo, lo que finalmente sucedió.
Los simpatizantes fueron llegando a la cancha como en procesión, en fila, pero con la voz en alto, alentando al equipo dirigido por Antonio Mohamed.
Esa efervescencia trocó, para algunos, en intemperancia, a punto tal que el micro que transportaba a la delegación brasileña fue apedreado ligeramente al llegar al estadio. No hubo incidentes mayores, pero los 1.040 efectivos dispuestos por el Coprosede en algún punto fallaron. (Télam-Especial)
Los hinchas de Independiente vivieron la final a full. Desde horas antes del comienzo del partido contra Goiás, el estadio "Libertadores de América" lució abarrotado con simpatizantes que enarbolando camisetas y banderas recordaron imágenes de esa pintura que se transformó en clásica, allá por la década del ?70, cuando el equipo de Avellaneda exhibía una alta tradición copera.
A pesar de la derrota sufrida en el cotejo de ida en Goiania, los hinchas de Independiente creyeron posible la reacción del equipo, lo que finalmente sucedió.
Los simpatizantes fueron llegando a la cancha como en procesión, en fila, pero con la voz en alto, alentando al equipo dirigido por Antonio Mohamed.
Esa efervescencia trocó, para algunos, en intemperancia, a punto tal que el micro que transportaba a la delegación brasileña fue apedreado ligeramente al llegar al estadio. No hubo incidentes mayores, pero los 1.040 efectivos dispuestos por el Coprosede en algún punto fallaron. (Télam-Especial)










