29 Mayo 2003 Seguir en 
LIMA.- Las fuerzas de seguridad de Perú se enfrentaron con manifestantes que desafiaron el estado de emergencia por 30 días, decretado inesperadamente por el presidente, Alejandro Toledo, en la noche del martes. Con esta decisión, duramente criticada por sectores políticos, el gobierno intenta acallar las protestas de docentes, agricultores y empleados judiciales, quienes exigen aumentos de salarios y revisión del sistema tributario, al que el sector agrario califica de abusivo. Los peruanos despertaron con militares y tanques en las calles, en un clima de tensión e incertidumbre. En Lima, decenas de militares con chalecos antibalas y armas automáticas custodiaban el Congreso, tras desalojar a cientos de maestros, y la Policía dispersó con bastones y chorros de agua a los judiciales.
En otras ciudades, el Ejército despejó las carreteras que estaban bloqueadas por agricultores, quienes reclaman una reducción de los impuestos y mejores condiciones sociales.
Enfrentamientos y actos de vandalismo se registraron en varias regiones del país, pese a que el decreto puesto en vigencia por Toledo suspende garantías individuales como los derechos de reunión y manifestación, y autoriza a practicar detenciones y allanamientos sin orden judicial. Los hechos más violentos se produjeron en Chiclayo, donde 5.000 docentes se enfrentaron con policías y militares. En Pativilca, al norte de Lima, huelguistas saquearon vehículos varados por los bloqueos de caminos y golpearon a pasajeros de un ómnibus. Dirigentes de los agricultores y del sector salud suspendieron sus protestas, pero el poderoso gremio docente, que nuclea a casi 300.000 trabajadores, anunció que continuará con su huelga, que ya lleva más de dos semanas y fue declarada por tiempo indefinido. También el gremio judicial anunció que mantendrá la medida de fuerza.
Promesas incumplidas
Las manifestaciones violentas, así como las huelgas que afectaron los servicios de educación, salud y al sector agrícola, se han convertido en un dolor de cabeza para Toledo, cuya popularidad cayó a un 14% tras casi dos años en el poder. Las protestas se producen pese a que el primer mandatario ha logrado buenos resultados en términos macroeconómicos, como una expansión económica del 5,2% en 2002 -una de las mayores tasas del mundo-, frente al avance de 0,2% en 2001.
Pero muchos peruanos creen que Toledo no ha cumplido sus promesas de reducir la pobreza, que alcanza a poco más de la mitad de los 27 millones de habitantes, y el desempleo, que bordea el 10% de su fuerza laboral. (Reuter/Télam)
En otras ciudades, el Ejército despejó las carreteras que estaban bloqueadas por agricultores, quienes reclaman una reducción de los impuestos y mejores condiciones sociales.
Enfrentamientos y actos de vandalismo se registraron en varias regiones del país, pese a que el decreto puesto en vigencia por Toledo suspende garantías individuales como los derechos de reunión y manifestación, y autoriza a practicar detenciones y allanamientos sin orden judicial. Los hechos más violentos se produjeron en Chiclayo, donde 5.000 docentes se enfrentaron con policías y militares. En Pativilca, al norte de Lima, huelguistas saquearon vehículos varados por los bloqueos de caminos y golpearon a pasajeros de un ómnibus. Dirigentes de los agricultores y del sector salud suspendieron sus protestas, pero el poderoso gremio docente, que nuclea a casi 300.000 trabajadores, anunció que continuará con su huelga, que ya lleva más de dos semanas y fue declarada por tiempo indefinido. También el gremio judicial anunció que mantendrá la medida de fuerza.
Promesas incumplidas
Las manifestaciones violentas, así como las huelgas que afectaron los servicios de educación, salud y al sector agrícola, se han convertido en un dolor de cabeza para Toledo, cuya popularidad cayó a un 14% tras casi dos años en el poder. Las protestas se producen pese a que el primer mandatario ha logrado buenos resultados en términos macroeconómicos, como una expansión económica del 5,2% en 2002 -una de las mayores tasas del mundo-, frente al avance de 0,2% en 2001.
Pero muchos peruanos creen que Toledo no ha cumplido sus promesas de reducir la pobreza, que alcanza a poco más de la mitad de los 27 millones de habitantes, y el desempleo, que bordea el 10% de su fuerza laboral. (Reuter/Télam)







