02 Diciembre 2010 Seguir en 
BUENOS AIRES (por Mariano Pérez de Eulate, de NA).- Síntoma de que ya no está Néstor Kirchner: las revelaciones de Wikileaks respecto a las apreciaciones y acusaciones intramuros que hizo el gobierno de Estados Unidos sobre la administración argentina no causan ningún tipo de reacción intempestiva de la Casa Rosada.
"Néstor, a esta altura, ya les hubiera tirado un misilazo verbal", decía un funcionario nacional que solía tratar cotidianamente con el fallecido ex presidente. Es probable. El silencio y la mesura oficial ante tan descarnado retrato de la era K reflejan una probable diferenciación de Cristina respecto de Néstor en su rol de comandante de la nave oficial. Como sea, la Presidenta no es una persona que olvida fácil.
¿Qué habrá pensado cuando se enteró de que, teóricamente, su ex jefe de Gabinete, Sergio Massa, tuvo conceptos durísimos sobre Kirchner? ¿Qué habrá pensado CFK cuando se enteró de que Washington considera a Aníbal Fernández, dueño de un discurso nacional y popular, el más pronorteamericano de los hombres del gabinete?
El escándalo de los cables revelados que atañen a la Argentina -cuya veracidad fue confirmada por la secretaria de Estado de Barack Obama, Hillary Clinton- tiene aristas muy interesantes para abordar. Primer dato: asistimos a la revelación de información conocida y, la que no lo es, resulta más bien anecdótica. ¿O es novedad que Kirchner era un hombre colérico, impulsivo, que sufría de colon irritable? ¿O no se sabía que el método de construcción de poder del sureño consistía en confrontar en vez de negociar?
Segundo dato: ¿la embajada norteamericana no puso la lupa sobre aspectos realmente de fondo, vinculados a sus cruzadas internacionales, como narcotráfico, comercio ilegal de armas, terrorismo? Por ahora, esos temas pesados no figuran entre las preocupaciones que se mencionan en los cables revelados, donde sí figuran la inquietud respecto de si la Presidenta toma alguna medicación o si está celosa porque la Casa Blanca le dispensa un mejor trato a Lula Da Silva.
La Presidenta continuó ayer con sus actividades y en ninguna de las apariciones públicas realizó mención alguna al cablegate. Se cree que la estrategia del silencio fue puesta en práctica por la propia jefa de Estado, con el objetivo de no entorpecer la relación bilateral entre la Argentina y Estados Unidos.
La Presidenta ha sufrido la difusión de uno de los cables, según el cual la propia Hillary Clinton pidió informes sobre su salud mental. Estados Unidos no descarta comunicarse con el Gobierno argentino para dar explicaciones. Pero los cables también comprometen al Gobierno argentino frente a otros -como el de Bolivia- con los que justamente por la vía diplomática intenta impedir rupturas de relaciones.
"Néstor, a esta altura, ya les hubiera tirado un misilazo verbal", decía un funcionario nacional que solía tratar cotidianamente con el fallecido ex presidente. Es probable. El silencio y la mesura oficial ante tan descarnado retrato de la era K reflejan una probable diferenciación de Cristina respecto de Néstor en su rol de comandante de la nave oficial. Como sea, la Presidenta no es una persona que olvida fácil.
¿Qué habrá pensado cuando se enteró de que, teóricamente, su ex jefe de Gabinete, Sergio Massa, tuvo conceptos durísimos sobre Kirchner? ¿Qué habrá pensado CFK cuando se enteró de que Washington considera a Aníbal Fernández, dueño de un discurso nacional y popular, el más pronorteamericano de los hombres del gabinete?
El escándalo de los cables revelados que atañen a la Argentina -cuya veracidad fue confirmada por la secretaria de Estado de Barack Obama, Hillary Clinton- tiene aristas muy interesantes para abordar. Primer dato: asistimos a la revelación de información conocida y, la que no lo es, resulta más bien anecdótica. ¿O es novedad que Kirchner era un hombre colérico, impulsivo, que sufría de colon irritable? ¿O no se sabía que el método de construcción de poder del sureño consistía en confrontar en vez de negociar?
Segundo dato: ¿la embajada norteamericana no puso la lupa sobre aspectos realmente de fondo, vinculados a sus cruzadas internacionales, como narcotráfico, comercio ilegal de armas, terrorismo? Por ahora, esos temas pesados no figuran entre las preocupaciones que se mencionan en los cables revelados, donde sí figuran la inquietud respecto de si la Presidenta toma alguna medicación o si está celosa porque la Casa Blanca le dispensa un mejor trato a Lula Da Silva.
La Presidenta continuó ayer con sus actividades y en ninguna de las apariciones públicas realizó mención alguna al cablegate. Se cree que la estrategia del silencio fue puesta en práctica por la propia jefa de Estado, con el objetivo de no entorpecer la relación bilateral entre la Argentina y Estados Unidos.
La Presidenta ha sufrido la difusión de uno de los cables, según el cual la propia Hillary Clinton pidió informes sobre su salud mental. Estados Unidos no descarta comunicarse con el Gobierno argentino para dar explicaciones. Pero los cables también comprometen al Gobierno argentino frente a otros -como el de Bolivia- con los que justamente por la vía diplomática intenta impedir rupturas de relaciones.
NOTICIAS RELACIONADAS







