"Es una oportunidad para mirar las cosas desde adentro"

La corresponsal de El País en Argentina considera razonable el silencio del Gobierno. Soledad Gallego-Díaz opina que el cablegate no pone en peligro la seguridad de ningún Estado democrático.

IRONÍA. Gallego-Díaz destaca el lenguaje de la diplomacia de EEUU. 17SILABAS.COM
IRONÍA. Gallego-Díaz destaca el lenguaje de la diplomacia de EEUU. 17SILABAS.COM
02 Diciembre 2010
Por sus manos han pasado (y siguen pasando) los telegramas diplomáticos vinculados con Argentina. La periodista española Soledad Gallego-Díaz supo antes que nadie que Hillary Clinton había pedido informes sobre la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner y que Sergio Massa incurrió en un políticamente incorrecto episodio de incontinencia verbal en una cena con la embajadora Vilma Martínez. Pero la corresponsal en Argentina del diario El País (uno de los cinco medios con acceso exclusivo a las filtraciones del Departamento de Estado de Estados Unidos) no piensa tanto en los imprevisibles efectos del cablegatecomo en la ventana inédita que este ofrece a las entrañas de la diplomacia de la primera potencia mundial. "Es una oportunidad para mirar las cosas desde adentro", evaluó.

Dos reflexiones se destacan en los 20 minutos que la cronista de 59 años -una histórica de la redacción de El País- concedió ayer a LA GACETA. Por un lado, que la filtración de documentos arroja certeza sobre un número indeterminado de suposiciones y conjeturas que la prensa construyó a partir de relatos parciales. Por el otro, que la ventilación de los despachos diplomáticos sirve para descubrir los alcances del doble discurso de los funcionarios públicos. En general, Gallego-Díaz no cree que el cablegateponga en riesgo la seguridad de ningún Estado democrático (como alega la legión de detractores de Wikileaks). En particular, considera razonable que el Gobierno argentino se llame al silencio respecto de las revelaciones que lo comprometen.

-¿Esperaba que la presidenta no diga ni una palabra sobre el asunto?

-Difícilmente se puede contestar algo a un telegrama de una embajada extranjera. En el caso de Massa y de otras personalidades políticas, la decisión de desmentir lo que la embajadora dice que ellos han dicho no tiene mucho sentido desde el momento en que es la propia diplomática la que redacta el despacho. Se puede argumentar que la embajadora hizo una mala interpretación, pero no es creíble que lo haya inventado porque, ¿qué sentido tiene? Sería muy extraño que proceda de ese modo.

-Algunos dicen que los cables sobre Argentina no expresan nada que no se sepa...

-Uno puede hacer deducciones, pero una cosa es tener la sospecha de que Massa no ha tenido buenas relaciones con Néstor Kirchner y otra muy distinta, leer sus críticas por escrito. Una cosa son los rumores y apreciaciones; otra, la confirmación de ciertos juicios. No es lo mismo saber que EEUU elabora perfiles psicológicos de algunos líderes mundiales que leer las preguntas exactas que formula, por ejemplo, sobre el estado de salud mental de la presidenta de un país aliado. Es la sensación de que puedes mirar desde adentro. Los periodistas nos pasamos la vida mirando las cosas desde afuera, preguntándole a la gente qué pasó detrás de la puerta, qué pasó en esa reunión. Y, de repente, aparece un registro que lo explica todo...

-¿Qué significa el cablegate?

-Aquello que sirva para animar a las administraciones públicas a ser más transparentes es positivo, tanto para los medios de comunicación como para las democracias. También lo es el exigir a los funcionarios que eliminen el discurso entrenado, que se manifiesten de una forma más coherente y que no engañen a la sociedad. Sinceramente creo que estos 250.000 telegramas no ponen en peligro la seguridad de ningún Estado democrático y permiten que los ciudadanos comprendan que los gobiernos que tienen un lenguaje muy agresivo respecto de un país como Estados Unidos, luego, sin embargo, mantienen buenas relaciones bajo cuerda.

-¿Wikileaks hace periodismo?

-No hace periodismo, sino que ofrece a medios solventes una documentación que estos no hubiesen podido conseguir de otro modo. Wikileaks recibe filtraciones en bruto pero, como no es capaz de analizar periodísticamente ese enorme volumen de material, recurre a diarios en los que confía.

-¿Por qué no poner los 250.000 cables en manos de todo el mundo?

-¿Por qué voy a contar en el diario un debate parlamentario que se puede seguir en la TV? Porque esas 20 horas de discusión se ofrecen al lector de una manera analizada y subrayando lo que, con criterios profesionales, se considera más importante. Si todos miran todo, posiblemente no vean nada. Para eso existe el periodismo profesional: para poner las cosas en contexto. Un telegrama que describe los problemas de salud del señor Evo Morales necesita información que lo enriquezca y que permita entender el valor de ese despacho. Y en el caso de cables sobre países como Irán, donde están en juego asuntos muy delicados y potencialmente peligrosos, los periodistas deben suprimir los nombres de personas cuya vida corre peligro con la divulgación de la información.

-¿Cómo se ha vivido en "El País" el privilegiado acceso a las filtraciones?

-Estos son telegramas diplomáticos, no de la CIA, ni de los servicios secretos, ni de nada parecido. Las embajadas y el Departamento de Estado ofrecen una visión detallada, a veces sorprendente y magnífica, sobre cuáles son las prioridades de Estados Unidos en el mundo y cómo las atiende. Qué es lo que les preocupa, con quiénes hablan y cómo defienden sus múltiples intereses. Desde el punto de vista profesional, es una experiencia fascinante.

-¿Cambió su imagen de Estados Unidos?

-En realidad cambió mi impresión de los diplomáticos estadounidenses tras comprobar que escriben maravillosamente bien. Los contrataría a todos como periodistas. Incluso tienen sentido del humor... ¡Sus escritos reflejan un sorprendente manejo de la ironía!

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