26 Mayo 2003 Seguir en 
A medida que se aproxima el invierno se advierte una mayor reactivación en el mercado de la indumentaria. En el caso de las prendas de lana y de los hilos para tejer, el consumo se ha incrementado por lo menos un 50% con respecto al año pasado, según estimaciones de comerciantes consultados por LA GACETA. En las vidrieras de los negocios del rubro se advierte una creciente variedad de modelos, colores y texturas.
"Cada año se viene incrementando la gama de opciones en lanas para tejer. Ultimamente se han comenzado a usar colores cada vez más brillantes y combinados", explicó Liliana Córdoba, una minorista de larga experiencia en la venta de madejas de lana.
Pureza y calidad
La comerciante destacó que la calidad de las lanas argentinas siempre se impuso por sobre los productos importados que ingresaban durante la convertibilidad. "Los hilos brasileños o chilenos son el 100% acrílico. Por eso yo siempre he trabajado con una marca nacional de muy buena calidad -remarcó-. A veces el hilo es 100% lana, como en el caso de la merino; o un 80% de lana y un 20% de acrílico, como ocurre con la shetland".
Córdoba advirtió que el rendimiento de la pura lana es menor que el de los hilos mixtos. Por ejemplo, para hacer un pulóver se necesitará menos cantidad de hilo si se lo teje con mohair de lana, que es una combinación de lana, pelo y acrílico. Por otra parte, la pura lana es pesada, mientras que el acrílico es liviano.
Otro hilo de buena calidad, llamado "sedamech", combina lana y seda con una textura artesanal. El trazado irregular del hilo, la variación del grosor y otras características tienen que ver con un auge del look artesanal en las prendas tejidas. En esa línea se encuentra también el rusticolor (acrílico y lana), de colores lisos o esfumados.
Con 700 gramos de lana se teje un pulóver para hombre de talla media, mientras que para una mujer se utilizan unos 500 gramos.
"Lo que uno teje nunca es igual a lo que se compra -destacó la vendedora-. La gran diferencia es que los pulóveres de fábrica se confeccionan a partir de paños, que son cortados y cosidos como una tela. Hay pulóveres industriales de muy buena calidad, a un precio aproximado a los $ 100. Por ejemplo los bremers, cuya materia prima es lana con pelo de conejo".
Muchas tejedoras a dos agujas o a máquina realizan trabajos a pedido, en forma particular, o abastecen a determinadas boutiques. Pero el mayor costo de mano de obra pone a las prendas artesanales en desventaja. Por el lado de la moda, lo artesanal ha cobrado mayor jerarquía durante los últimos tiempos. Tanto es así que hay líneas de prendas industriales que han comenzado a incorporar bordados y apliques para otorgar un toque artesanal a sus productos.
En el rubro de la confección industrial, durante la década de la convertibilidad hubo una gran oferta de pulóveres industriales de bajo precio, que a menudo no resistían el uso más allá de una o dos temporadas.
"Muchas mujeres a las que les gusta tejer preferían comprar estos pulóveres baratos. Ahora están volviendo a comprar lana y a desempolvar las agujas. Nuestra tarea también incluye asesorarlas sobre qué material les conviene más, de acuerdo con la idea que tienen", dijo Mabel, la vendedora de una boutique del rubro.
Entre los hilos más económicos se destacan el cashmilon (acrílico 100%) y el dralon (un acrílico de calidad superior).
Los clásicos bremer
Mucha gente ya está saliendo a buscar precios para adquirir prendas de lana, sobre todo con vistas al próximo Día del Padre.
Entre las prendas clásicas se destaca el suéter de bremer, que hoy se consigue a partir de los $ 40 y hasta los $ 80 o más, según la marca y la calidad. Para las mujeres, un conjunto de campera y remera, también de bremer, cuesta unos $ 80 como mínimo. También hay buzos para uno u otro sexo desde $ 25, en lana shetland.
En opinión de Estela, dueña de una boutique ubicada en Galería LA GACETA, el bremer reúne condiciones inigualables. Viste bien y abriga sin abultar, por lo que se puede usar bajo saco o campera.
Por el lado de los accesorios, una bufanda de buena calidad cuesta $ 15 y un par de guantes $ 9. Los buzos escolares en shetland valen $ 25. Las jóvenes y adolescentes usan mucho los tapados tejidos, en lana negra o colores oscuros, cuyo precio ronda los $ 60.
En cuanto a la posibilidad de financiación, cada vez son más los comercios que otorgan créditos propios. Algunas tarjetas permiten comprar en tres cuotas sin intereses e incluso se puede optar por planes más largos, con una tasa mínima.
Faltan empleados capacitados para las fábricas
La producción promedio de los fabricantes de pulóveres argentinos es de 3.000 a 5.000 prendas al mes, lo cual limita su capacidad exportadora. Las cantidades solicitadas por el mercado externo no pueden ser satisfechas por un solo fabricante, según comentó Pedro Bergaglio, presidente de la Cámara del Sweater.
Otro integrante de la corporación, Sergio García, opina que no es factible hablar de exportar cuando todavía no pueden abastecer al mercado interno. El sector de pulóveres cuenta con una capacidad de máquinas suficientes para abastecer la gran demanda. Pero los industriales aclaran que el cuello de botella se forma en los talleres de terminación. Los grandes fueron cerrando, y es imprescindible volver a formar trabajadores para esas especialidades.
"Las escuelas de oficio que eran las fábricas se cerraron. Ahora si alguien quiere reactivar su empresa y necesita operarias para coser, no las hallará, porque no se han formado en estos años. No se puede hacer la renovación necesaria para que Argentina produzca", considera Osvaldo Santos, director de una fábrica de tejidos de punto. "El Gobierno, en vez de invertir en planes Trabajar, tendría que hacerlo en obras que le permitan succionar en ese mercado a los trabajadores", señaló Santos, en una reciente entrevista publicada en "Mundo textil" (www.mundotextilmag.com.ar)
El gerente de comercialización de la confeccionista Belvedere, Orlando Sisa, refiere que la relación del sweater con la moda ha variado bastante a través de los años. "Hace no mucho tiempo había negocios que sólo vendían pulóveres. Y Mar del Plata era la gran capital de esta industria -recordó-. Ahora todas las marcas de ropa poseen una línea de pulóveres que complementan su oferta. La relación desde la moda del jean, el cuero y el sweater se ha impuesto hace ya varias temporadas. Por ese motivo, en estos momentos de gran caudal turístico en Buenos Aires, tenemos una importante demanda en una veintena de locales que trabajan con nosotros en la zona céntrica de la ciudad".
Los productos que elabora esta fábrica están dirigidos a una franja de público de poder adquisitivo medio y alto.
FUTURO EXPORTADOR
Las ovejas, su lana y su carne pueden aportar al crecimiento económico
Los productores y el Estado, mediante la recientemente promulgada Ley para la Recuperación de la Ganadería Ovina, comenzaron a estimular la producción de carne y lana con vistas a abastecer la gran demanda internacional de estos productos.
La producción ovina tiene una rotación de capital mayor que la producción vacuna, pero tropieza con el prejuicio de que el ovino no otorga prestigio social.
Según los cálculos oficiales, en el año 2012 la Argentina estará entre los cinco principales países exportadores de lana, y aumentará en un 35% el volumen de exportaciones; asimismo, la calidad de las fibras. Se busca que el valor bruto de la producción ovina se duplique en 10 años y se incrementen las exportaciones sectoriales de 143 a 260 millones de dólares anuales. Este crecimiento generaría alrededor de 15.000 empleos genuinos, con una inversión de capital por empleo generado significativamente menor que el de otras actividades económicas o el de los planes de asistencia a desempleados.
Un momento propicio para recuperar el terreno que se había perdido
La caída del precio internacional de la lana determinó que la Argentina, desde la década del 60 en adelante, perdiera aproximadamente 40 millones de cabezas de ovinos. De los 60 millones que había, quedaron 20. Los productores tuvieron que dedicarse a otros rubros. En la región pampeana redujeron a un mínimo las existencias ovinas y también en la región patagónica.
"En estos momentos nos encontramos en una encrucijada; estamos en un momento visagra, según yo entiendo, de la producción ovina nacional", opina el ingeniero Luis Bordenave, del INTA Balcarce. "En este momento las lanas han recuperado precios, la devaluación del peso ha hecho que llegáramos a niveles de dólar aceptables para la exportación, se dan condiciones muy diferentes a las que teníamos hace 2 años", dijo.
"Cada año se viene incrementando la gama de opciones en lanas para tejer. Ultimamente se han comenzado a usar colores cada vez más brillantes y combinados", explicó Liliana Córdoba, una minorista de larga experiencia en la venta de madejas de lana.
Pureza y calidad
La comerciante destacó que la calidad de las lanas argentinas siempre se impuso por sobre los productos importados que ingresaban durante la convertibilidad. "Los hilos brasileños o chilenos son el 100% acrílico. Por eso yo siempre he trabajado con una marca nacional de muy buena calidad -remarcó-. A veces el hilo es 100% lana, como en el caso de la merino; o un 80% de lana y un 20% de acrílico, como ocurre con la shetland".
Córdoba advirtió que el rendimiento de la pura lana es menor que el de los hilos mixtos. Por ejemplo, para hacer un pulóver se necesitará menos cantidad de hilo si se lo teje con mohair de lana, que es una combinación de lana, pelo y acrílico. Por otra parte, la pura lana es pesada, mientras que el acrílico es liviano.
Otro hilo de buena calidad, llamado "sedamech", combina lana y seda con una textura artesanal. El trazado irregular del hilo, la variación del grosor y otras características tienen que ver con un auge del look artesanal en las prendas tejidas. En esa línea se encuentra también el rusticolor (acrílico y lana), de colores lisos o esfumados.
Con 700 gramos de lana se teje un pulóver para hombre de talla media, mientras que para una mujer se utilizan unos 500 gramos.
"Lo que uno teje nunca es igual a lo que se compra -destacó la vendedora-. La gran diferencia es que los pulóveres de fábrica se confeccionan a partir de paños, que son cortados y cosidos como una tela. Hay pulóveres industriales de muy buena calidad, a un precio aproximado a los $ 100. Por ejemplo los bremers, cuya materia prima es lana con pelo de conejo".
Muchas tejedoras a dos agujas o a máquina realizan trabajos a pedido, en forma particular, o abastecen a determinadas boutiques. Pero el mayor costo de mano de obra pone a las prendas artesanales en desventaja. Por el lado de la moda, lo artesanal ha cobrado mayor jerarquía durante los últimos tiempos. Tanto es así que hay líneas de prendas industriales que han comenzado a incorporar bordados y apliques para otorgar un toque artesanal a sus productos.
En el rubro de la confección industrial, durante la década de la convertibilidad hubo una gran oferta de pulóveres industriales de bajo precio, que a menudo no resistían el uso más allá de una o dos temporadas.
"Muchas mujeres a las que les gusta tejer preferían comprar estos pulóveres baratos. Ahora están volviendo a comprar lana y a desempolvar las agujas. Nuestra tarea también incluye asesorarlas sobre qué material les conviene más, de acuerdo con la idea que tienen", dijo Mabel, la vendedora de una boutique del rubro.
Entre los hilos más económicos se destacan el cashmilon (acrílico 100%) y el dralon (un acrílico de calidad superior).
Los clásicos bremer
Mucha gente ya está saliendo a buscar precios para adquirir prendas de lana, sobre todo con vistas al próximo Día del Padre.
Entre las prendas clásicas se destaca el suéter de bremer, que hoy se consigue a partir de los $ 40 y hasta los $ 80 o más, según la marca y la calidad. Para las mujeres, un conjunto de campera y remera, también de bremer, cuesta unos $ 80 como mínimo. También hay buzos para uno u otro sexo desde $ 25, en lana shetland.
En opinión de Estela, dueña de una boutique ubicada en Galería LA GACETA, el bremer reúne condiciones inigualables. Viste bien y abriga sin abultar, por lo que se puede usar bajo saco o campera.
Por el lado de los accesorios, una bufanda de buena calidad cuesta $ 15 y un par de guantes $ 9. Los buzos escolares en shetland valen $ 25. Las jóvenes y adolescentes usan mucho los tapados tejidos, en lana negra o colores oscuros, cuyo precio ronda los $ 60.
En cuanto a la posibilidad de financiación, cada vez son más los comercios que otorgan créditos propios. Algunas tarjetas permiten comprar en tres cuotas sin intereses e incluso se puede optar por planes más largos, con una tasa mínima.
La producción promedio de los fabricantes de pulóveres argentinos es de 3.000 a 5.000 prendas al mes, lo cual limita su capacidad exportadora. Las cantidades solicitadas por el mercado externo no pueden ser satisfechas por un solo fabricante, según comentó Pedro Bergaglio, presidente de la Cámara del Sweater.
Otro integrante de la corporación, Sergio García, opina que no es factible hablar de exportar cuando todavía no pueden abastecer al mercado interno. El sector de pulóveres cuenta con una capacidad de máquinas suficientes para abastecer la gran demanda. Pero los industriales aclaran que el cuello de botella se forma en los talleres de terminación. Los grandes fueron cerrando, y es imprescindible volver a formar trabajadores para esas especialidades.
"Las escuelas de oficio que eran las fábricas se cerraron. Ahora si alguien quiere reactivar su empresa y necesita operarias para coser, no las hallará, porque no se han formado en estos años. No se puede hacer la renovación necesaria para que Argentina produzca", considera Osvaldo Santos, director de una fábrica de tejidos de punto. "El Gobierno, en vez de invertir en planes Trabajar, tendría que hacerlo en obras que le permitan succionar en ese mercado a los trabajadores", señaló Santos, en una reciente entrevista publicada en "Mundo textil" (www.mundotextilmag.com.ar)
El gerente de comercialización de la confeccionista Belvedere, Orlando Sisa, refiere que la relación del sweater con la moda ha variado bastante a través de los años. "Hace no mucho tiempo había negocios que sólo vendían pulóveres. Y Mar del Plata era la gran capital de esta industria -recordó-. Ahora todas las marcas de ropa poseen una línea de pulóveres que complementan su oferta. La relación desde la moda del jean, el cuero y el sweater se ha impuesto hace ya varias temporadas. Por ese motivo, en estos momentos de gran caudal turístico en Buenos Aires, tenemos una importante demanda en una veintena de locales que trabajan con nosotros en la zona céntrica de la ciudad".
Los productos que elabora esta fábrica están dirigidos a una franja de público de poder adquisitivo medio y alto.
FUTURO EXPORTADOR
Las ovejas, su lana y su carne pueden aportar al crecimiento económico
Los productores y el Estado, mediante la recientemente promulgada Ley para la Recuperación de la Ganadería Ovina, comenzaron a estimular la producción de carne y lana con vistas a abastecer la gran demanda internacional de estos productos.
La producción ovina tiene una rotación de capital mayor que la producción vacuna, pero tropieza con el prejuicio de que el ovino no otorga prestigio social.
Según los cálculos oficiales, en el año 2012 la Argentina estará entre los cinco principales países exportadores de lana, y aumentará en un 35% el volumen de exportaciones; asimismo, la calidad de las fibras. Se busca que el valor bruto de la producción ovina se duplique en 10 años y se incrementen las exportaciones sectoriales de 143 a 260 millones de dólares anuales. Este crecimiento generaría alrededor de 15.000 empleos genuinos, con una inversión de capital por empleo generado significativamente menor que el de otras actividades económicas o el de los planes de asistencia a desempleados.
Un momento propicio para recuperar el terreno que se había perdido
La caída del precio internacional de la lana determinó que la Argentina, desde la década del 60 en adelante, perdiera aproximadamente 40 millones de cabezas de ovinos. De los 60 millones que había, quedaron 20. Los productores tuvieron que dedicarse a otros rubros. En la región pampeana redujeron a un mínimo las existencias ovinas y también en la región patagónica.
"En estos momentos nos encontramos en una encrucijada; estamos en un momento visagra, según yo entiendo, de la producción ovina nacional", opina el ingeniero Luis Bordenave, del INTA Balcarce. "En este momento las lanas han recuperado precios, la devaluación del peso ha hecho que llegáramos a niveles de dólar aceptables para la exportación, se dan condiciones muy diferentes a las que teníamos hace 2 años", dijo.





