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Cúneo Vergés calculó bien su pelea con los docentes.

24 Mayo 2003
Por Roberto Delgado

El ministro de Economía José Alberto Cúneo Vergés no es santo de la devoción de los docentes estatales, que conocen desde hace mucho cómo ayudó a beneficiar con subsidios, desde sus distintos puestos en el gobierno de Julio Miranda, al influyente gremialista César Zelarayán, del sindicato estatal ATEP. Pero desde hace tres meses viene granjeándose el odio de los maestros privados, ya que primero los relegó de la negociación salarial por el aumento de $ 40 y ahora los excluyó de ese beneficio, al afirmar que no hay posibilidades de pagarles, a pesar de que un dictamen de la Fiscalía de Estado del mismo gobierno de Miranda dice que ese aporte les corresponde.
Cúneo Vergés tiene mucho poder en este debilitado gobierno de crisis. Domina con mano de hierro Economía y Educación, área esta que conoce al dedillo no sólo por haber sido hace años funcionario de primer nivel, sino por haber manejado muy bien los hilos en todo el gobierno de Miranda, desde su puesto de secretario General de la Gobernación. Era quien se movía fantásticamente en las sombras del poder con un presupuesto de $ 2 millones mensuales de la partida 012 (de la que no se rendían cuentas), mientras los débiles y fugaces ministros de Educación Héctor Carrizo, Julio Saguir y Próspero Barrionuevo enfrentaban las iras docentes por cambios en el sistema educativo o por atrasos salariales. La actual ministra, Olga Morales, directamente ha dado un paso al costado y deja que Economía trate con los maestros.
Con toda esa experiencia, no parece sensata la hipótesis de que no midió las consecuencias de sus palabras cuando rechazó a los privados y dijo que hasta sería partidario de quitar los subsidios (que ahora se llaman aportes) a los colegios privados. "Primero está la escuela pública", dijo, y sugirió que al "empresariado educativo" (como llamó a los dueños de los colegios) tiene puestos los ojos más en el negocio que en la educación.
Por ahora, el gremio de los docentes privados se mantiene a la defensiva, consciente de su debilidad, porque está entre dos fuerzas. Por un lado, los maestros dependen de los dueños de los colegios que les dan el cargo, y por otro dependen del Estado, que les paga el sueldo. De hecho, se lo debe.
El ministro ha puesto el dedo en la llaga de un debate inconcluso. No lo hizo para que se pongan en la balanza la educación privada y la pública, ya que es evidente que la primera, pese al gasto en aportes que hace el Estado (unos $ 30 millones anuales) es más eficiente para educar a 150.000 chicos primarios y secundarios que la pública con los $140 millones que gasta para atender a 240.000 chicos (primarios, ya que casi no hay secundarios estatales) en medio de paros, con la mitad de las escuelas sin muebles, con miles de docentes sin trabajo, con cientos de alumnos sin clases, con el tercer nivel educativo (EGB 3) partido en dos (muchos chicos dejaron de ir a la escuela porque el Gobierno no habilitó 8º y 9º años) y sin garantías de que en los próximos meses no haya más huelgas.
Cúneo no va a debatir cómo resolver la crisis de la educación tucumana. Ni siquiera tratará la solución al drama de los docentes a los que se les deberían pagar sueldos, incentivos y sumas no remunerativas que les corresponden. El ministro hizo una demostración de poder que desvió la atención de otro tema que viene generándole el odio de toda la sociedad: el canje de bonos. Logró salirse de ese monotema que altera a la gente desde hace más de un mes. Descomprimió un problema en el gabinete (con el fiscal de Estado, que cree que hay que pagar los $ 40) y se mostró con un interesante conflicto de otra índole, en momentos en que, casualmente, necesita publicidad para su candidatura a legislador. Un político sabe que lo importante no es tanto que se hable bien o mal de él, sino que se hable.

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