La empresa seria quiere que el empleado siga estudiando

Las organizaciones preocupadas por el futuro alientan a los trabajadores. (Por Graciela Chamut,psicóloga-máster en Dirección de Empresas).

25 Mayo 2003
Hoy la sociedad tiende a prolongar el período de la adolescencia, en que la gente se prepara educativamente para la vida adulta. Esto significa que muchos jóvenes llegan a los 25 años sin haber trabajado o sin tener experiencia laboral. Como poder sustentarse por los propios medios demanda tiempo, esto suele retrasar el ciclo normal de la vida. Esto no sucedía antes, en que a los 21 años se era padre o madre de familia; entonces, la mayor parte de la preparación transcurría en la casa, que funcionaba como un anexo de la escuela o más importante que ella incluso.
A medida de que el conocimiento aumenta, cada vez es más necesario aumentar el período escolar y eso hace que se retrase el ciclo biológico. No obstante, hay personas que trabajan y estudian. Son aquellas que, por razones económicas o familiares, se insertaron en el mercado laboral antes de completar su formación académica. Sin embargo, en algún momento deciden aumentar o mejorar su preparación. Se trata de gente que hace un esfuerzo adicional, porque le quita horas al descanso, a la vida social o a la recreación para hacer una inversión árida en el corto plazo pero muy productiva en el largo: la educación. La recompensa es la posibilidad de estar mejor calificados para los ascensos y para progresar en la empresa.
Concluir los estudios les da mayor seguridad a las personas. En efecto, hay empleados que, por su experiencia o creatividad, tienen la misma capacidad que otros que egresaron de una universidad. Sin embargo, sólo cuando consiguen el título se sienten totalmente completos; el título los legitima, les da respalda.

El valor del tiempo
Además de la seguridad, graduarse le da a una persona prestigio social y empresarial, además de mayor respeto familiar. Bromas aparte, el que se recibe pasa a ser considerado como un ejemplo digno de ser imitado. ¿Qué ocurre con las empresas? Las que planifican el desarrollo de la carrera profesional de su personal proyectan hacia el largo plazo. Por ello, muchas empujan a sus empleados para que completen o aumenten sus estudios (ya sea en forma de capacitación o en carreras de grado o de posgrado). "Si quiere ascender, obtenga el título", suele ser el mensaje de estas organizaciones.
Las compañías serias se dan cuenta de que su propio valor sube cuando aumente el porcentaje de profesionales que trabajan en ella. Esto les confiere un plus. El mismo que tiene la persona que, trabajando, retoma los libros. Ella tiene una capacidad distinta porque puede reconocer en la experiencia práctica lo que está estudiando en los apuntes. Puede hacer asociaciones más rápido que quien sólo ve los contenidos como algo abstracto, sin ningún contacto con la realidad personal. Entonces, lo que para unos sólo es aprendizaje teórico, para otros es también vivencia. Por ende, quien trabaja puede ser un mejor alumno que, además, valora más el tiempo.

Una mayor resistencia
También es cierto que a muchas empresas no les interesa que el personal progrese en los estudios. Por ello, pese a que hay leyes al respecto, no les dan permiso para los exámenes o lo hacen a regañadientes. Piensan que, con el título, el empleado no les dará algo diferente a la organización en calidad; inclusive temen que puedan emigrar a otras compañías que pagan mejores sueldos.
Entonces, todo depende de la seriedad de la empresa. Las que afrontan el futuro con mejores perspectivas son aquellas que alientan a su personal o les dan la posibilidad de que completen sus estudios (aunque más no sea el secundario en los operarios que trabajan desde los 15 años). Estas organizaciones saben que el trabajador que personalmente quiere progresar también querrá hacerlo en su puesto. Además, saben que se trata de personas resistentes a las frustraciones y esto siempre es signo de madurez.

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