Designaciones insólitas

Los funcionarios salientes deben ser cuidadosos en cuanto a nombramientos para no afectar el buen funcionamiento del Estado.

23 Mayo 2003
Ha causado estupor e indignación comprensibles, en la ciudadanía, la insólita información acerca de los nombramientos que Carlos Ruckauf ha firmado en estos últimos días que le quedan al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación. Se trata de cinco choferes con el sueldo mensual aproximado de 5.000 dólares; veinte designaciones -ad referéndum de su sucesor en la cancillería- de personal administrativo con remuneraciones que oscilan entre los 5.000 y los 8.000 dólares, y del llamado a concurso para numerosos cargos, también administrativos, creados este mes, con sueldos que van de los 4.000 a los $ 6.000. Hasta el cansancio se viene instiendo en la necesidad de realizar economías sustanciales en los gastos del Estado. No es necesario recordar que en la irresponsabilidad con que se ha permitido el crecimiento de la burocracia en todos los niveles (es decir, tanto en la Nación como las provincias y en sus municipios) reside una de las causas más graves de la crisis económica y financiera que azota al país, y cuyas consecuencias sufrimos todos.
Si en todos los organismos estatales resulta imprescindible aplicar de modo sostenido una política de contención y racionalidad del gasto, en ninguno ello resulta tan urgente como en el personal del Servicio Exterior de la Nación que presta servicios fuera del país, ya que se trata de retribuciones pagadas en dólares. Y más curiosas resultan estas liberalidades cuando ha tenido trascendencia pública una serie de problemas económicos y financieros que aquejan a la Cancillería, tales como las deudas que se mantienen con organismos internacionales; los atrasos en el pago de los víáticos de los diplomáticos; las fallas en el mantenimiento de su edificio y cuestiones similares.
Justamente, en el momento en que va a dejar su cargo, un funcionario debiera concentrar su preocupación en solucionar la mayor cantidad posible de los inconvenientes que deberá afrontar su reemplazante, y no en creárselos, como está ocurriendo en este caso. El hecho de que las designaciones sean "ad referendum" no las hace menos cuestionables. Generan en sus beneficiarios expectativas de continuidad, que se reflejarán en molestas presiones sobre el sucesor.
No está de más agregar que, en las actuales circunstancias, en que la retribución de los agentes públicos se halla notoriamente deprimida hablar de sueldos de 5.000 dólares suena a una especie de ironía. Contrasta con las reiteradas confesiones de dificultad presupuestaria que formula el Estado frente a los reclamos que se le plantean.
Actitudes como la del canciller no son, lamentablemente, raras, ni mucho menos, en la Argentina de hoy. Por el contrario, a menudo el público se entera de la prodigalidad con la cual los gobernantes continúan incrementando la ya tan abultada nómina de los sueldos estatales. A veces la incorporación se hace en la planta permanente, y en otras, se acude al recurso del contrato. De más está decir que, en cualquiera de los dos casos, es una carga más que se arroja sobre el presupuesto. Y también es obvio apuntar que generalmente, el nombramiento no satisface una real necesidad de la administración, sino que representa el pago de favores políticos.
Nos parece que este es uno de los temas que debieran llamar, prioritariamente, la atención del equipo que va a conducir al país a partir del próximo domingo. Una política de contracción del gasto público en materia de sueldos, resulta sin duda indispensable para equilibrar la economía nacional. Mientras no se lo entienda así, continuarán nuestros recursos en un permanente déficit, y seguirá vigente el absurdo de que la mayor parte del dinero del Estado se destine a sueldos, en lugar de emplearse en la ejecución de tantas obras como requiere cada vez con mayor urgencia la sociedad.

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