Sin calor electoral

La ira gremial preocupa más al PE que la oposición.

22 Mayo 2003
Por Carlos Abrehu

La política doméstica está lejos de haber entrado en ebullición, pese a que sólo restan 38 días para las elecciones provinciales.
El ballottage dejó de ser un factor de distracción de los actores políticos. De resultas de eso, Néstor Kirchner llegará el domingo a la Casa Rosada y del cambio de mando sólo saldrá beneficiado el candidato oficialista José Alperovich, que se identificó con el santacruceño en la puja interna del PJ.
Sólo el recrucedimiento de los conflictos gremiales y un manejo desordenado del canje de bonos por dinero efectivo podrían emerger como potenciales causas de complicación del andar de Alperovich.
El reemplazante de Osvaldo Jaldo en el Ministerio de Economía es un veterano piloto de campañas electorales de las dos últimas décadas, que intuye la existencia de móviles políticos en el recalentamiento del clima sindical. José Alberto Cúneo Vergés lo admitió ayer sin reservas de ninguna naturaleza.
El tramo final de los gobiernos de Ramón Ortega y de Antonio Bussi también fue signado por las protestas de los gremios. Sería una ingenuidad ignorar que las dirigencias sindicales pretenden obtener mejoras cuando la administración de turno está entrando en su ocaso y no puede adoptar medidas drásticas por la proximidad del hecho electoral.
Existen, además, estrategias definidamente opositoras como la de la Corriente Clasista y Combativa, uno de cuyos voceros -Antonio Suárez- descartó que el gobierno de Kirchner vaya a significar un corte con el duhaldismo. "Vinieron para ajustar, en eso hay continuidad", afirmó.
El malestar laboral en el sector público, no obstante, tiene raíces objetivas, que no pueden explicarse solamente por motivaciones enderezadas a la toma del poder.
Del desplazamiento del mirandismo de la Casa de Gobierno debiera ocuparse la oposición. Sin embargo, la fragmentación de esta parece alejar esa perspectiva del corto plazo. Las teorizaciones abundan, pero escasean los hechos concretos.
El frente Unión por Tucumán es el que más se destartaló por las peleas intestinas. Las idas y vueltas del ex fiscal Esteban Jerez, con su anunciada renuncia a la candidatura a la gobernación y su posterior arrepentimiento, sembraron dudas fundadas sobre su auténtica vocación de poder. Aparentemente, Jerez retomó el proyecto inicial con su participación en distintos actos.
No obstante, la coalición multipartidaria revela un déficit de políticas que le impide despegar, ya que dilapidó más sus energías en confrontar internamente que en rivalizar con Alperovich.
Curiosamente, el economista liberal y jefe de Recrear fue quien rescató el sentido final de Unión por Tucumán, durante la fugaz visita que hizo lunes pasado para avalar a Roberto Martínez Zavalía y a otros postulantes de su partido y de Ciudadanos Independientes.
Ricardo López Murphy planteó que la alianza debía vencer a Antonio Bussi y a Julio Miranda -patrocinante político de Alperovich-. Esa meta -que parece obvia- se desdibujó por completo en las riñas por las postulaciones a cargos electivos.
López Murphy encadenó el acto en Tucumán con otros que programó en el país para ordenar su partido y enfrentar la ofensiva kirchnerista en las provincias.
Desde San Luis, el ex candidato presidencial peronista Adolfo Rodríguez Saá dio señales de apoyo para Jerez, pero es seguro que gremios como UTA mantendrán su lealtad al proyecto de Miranda-Alperovich. Las opiniones de los líderes nacionales influyen, pero no determinan los resultados electorales en la provincia.

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