Postergación innecesaria

La inauguración del nuevo puente Lucas Córdoba era una necesidad sentida por la población de Tucumán.

21 Mayo 2003
La lentitud de nuestra clase gobernante en la toma de decisiones que son vitales para la sociedad resulta a veces exasperante hasta el punto de que pone en duda su verdadera vocación de servicio. El puente Lucas Córdoba colapsó por segunda vez el 14 de marzo de 2000, dejando incomunicadas a San Miguel de Tucumán y a la Banda del Río Salí. Los trabajos se iniciaron un año después. La clausura de la obra de arte afectó notablemente la actividad comercial badeña -cerraron varios negocios y una estación de servicio- y desde entonces los conductores de vehículos (autos, camiones, motociclistas) y de los transportes públicos de pasajeros debieron padecer hasta el día de hoy los incómodos puentes Bailey y sufrir asaltos en las inmediaciones durante la noche.
Desde hace casi siete días, la estructura está lista para su reapertura. En las esferas oficiales, se dijo que el acto de reinauguración iba a ser presidido por el presidente de la Nación. Lo cierto es que desde entonces se viene postergando la ceremonia. El hecho de que asista o no el primer mandatario es una simple formalidad. Finalmente, el Gobierno anunció para hoy la reapertura.
Consideramos que se trató de una dilación innecesaria, porque una vez concluidos los trabajos, el puente debió ser reabierto en forma inmediata, ya que se trata de una necesidad imperiosa de la comunidad.

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