20 Mayo 2003 Seguir en 
Ayer nos referimos críticamente a la venta callejera, a propósito de una presentación hecha por comerciantes de la calle Maipú. Es del caso volver sobre el asunto con motivo del deprimente espectáculo que se presentaba ayer esa arteria a partir de la intersección con Mendoza.
Los vendedores de frutas y hortalizas ya han invadido la peatonal de Mendoza al 700 hasta la mitad de esa cuadra. Tanto en la calzada como en la vereda, se despliegan los cajones con su mercancía, mientras todo el piso está lleno de restos y descartes. Los taxis que están sobre Maipú -en las horas del tránsito libre- deben hacer maniobras para esquivar los recipientes y las frutas apiladas. En suma, un cuadro que nunca se pensó posible en el centro de San Miguel de Tucumán se desarrolla sin que autoridad alguna parezca capaz de impedir semejante ocupación abusiva de la vía pública.
Nos parece que la Municipalidad debe tomar urgentes medidas para que tan descomunal trastorno cese de una buena vez y para siempre. Ninguna crisis económica puede justificar esta clase de comercio callejero. Es indigno de una capital como la nuestra, que aspira a que su zona céntrica se muestre mínimamente ordenada e higiénica.
Los vendedores de frutas y hortalizas ya han invadido la peatonal de Mendoza al 700 hasta la mitad de esa cuadra. Tanto en la calzada como en la vereda, se despliegan los cajones con su mercancía, mientras todo el piso está lleno de restos y descartes. Los taxis que están sobre Maipú -en las horas del tránsito libre- deben hacer maniobras para esquivar los recipientes y las frutas apiladas. En suma, un cuadro que nunca se pensó posible en el centro de San Miguel de Tucumán se desarrolla sin que autoridad alguna parezca capaz de impedir semejante ocupación abusiva de la vía pública.
Nos parece que la Municipalidad debe tomar urgentes medidas para que tan descomunal trastorno cese de una buena vez y para siempre. Ninguna crisis económica puede justificar esta clase de comercio callejero. Es indigno de una capital como la nuestra, que aspira a que su zona céntrica se muestre mínimamente ordenada e higiénica.







