La hora de la verdad

Hasta ahora, Kirchner se ha mostrado impermeable a las presiones y arma su gabinete en soledad y con autonomía.

18 Mayo 2003
Por Darío del Arco

BUENOS AIRES.- Para la Argentina y para Néstor Kirchner se acerca la hora de la verdad. En una semana el patagónico será el presidente del país. El misterio que hasta ahora Kirchner ha exhibido como capital comenzará a develarse para mostrar quién es realmente el hombre consagrado en el poder con sólo el 22,4 % de los votos y sin ballottage.
Sus dos primeras intervenciones como presidente electo -una a minutos de la previsible deserción de Carlos Menem y otra en Mirtha Legrand- llenaron de incertidumbre a los sectores de la comunidad política y financiera que aguardan, con ansiedad descubrir al "verdadero Kirchner".
"No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado, ni para que todo termine en un mero acuerdo de cúpulas dirigenciales. No voy a ser presa de las corporaciones, voy a dar vuelta la página de la historia", dijo el miércoles. Envalentonado, fue más allá el jueves: "hay intereses económicos que están acostumbrados a que las corporaciones tengan un gerente y acá, van a tener a un Presidente", afirmó para embestir luego contra "un grupito de bancos que ha hecho en las provincias operaciones que no corresponden".
Sus dichos levantaron polvareda: "quiero pensar que han sido sus dos últimos discursos de campaña. Cuando esté en la Rosada, no va a poder hablar así", disparó Eduardo Duhalde a un ministro, tras escuchar los mensajes rabiosos del santacruceño contra las corporaciones y banqueros.

"No es ningún tonto"
El comentario no se agotó en esa frase: "Si Néstor se pelea con las corporaciones y con los bancos se le puede dificultar el acuerdo que, en agosto, necesita cerrar con el Fondo Monetario", abundó el mandatario. La opinión de Duhalde perturbó al ministro que escuchaba pero que, sin embargo, recompuso su postura, ante una nueva intervención del jefe: "Néstor no es ningún tonto. Creo que está actuando igual que Lula antes de asumir. Pero una vez en el sillón de Presidente, Lula nunca volvió a hablar como lo había hecho en la campaña", buscó tranquilizar el mandatario.
En rigor, la personalidad de Kirchner desconcierta a más de uno. El hermetismo exhibido hasta ahora en cuestiones fundamentales sobre el manejo del Estado intriga a no pocos. "Les digo la verdad, Kirchner es hasta para mí una incógnita", dicen que admitió el propio Duhalde durante una comida reservada, ante la sorpresa de sus interlocutores.
Lo que le ocurre a Duhalde, les pasa a muchos políticos, sindicalistas y empresarios que esperan conocer cuanto antes quiénes integrarán el gabinete del patagónico, cuáles serán sus primeros anuncios y qué dirá el ministro Roberto Lavagna como prometió, tras el acto de asunción. "No es fácil, pero hay que esperar", dicen desde algunas empresas privatizadas que -desde el día en que Menem desertó- no le sacan el ojo de encima al gobernador de Santa Cruz.
Desde la vereda política, también son conscientes de que "hay que evitar que el hombre se manque". "El país está en una situación crítica y no podemos darnos el lujo de tirar tierra sobre un tipo que va a asumir para estar sentado sobre un volcán", dicen en sintonía, tanto desde el oficialismo cuanto desde la oposición. Tal vez, por eso, Duhalde reclamó para el patagónico hasta fines de año una "cuenta corriente". Por eso, quizás, la oposición parece mostrarse constructiva, más allá de algunos discursos altisonantes. En esa línea, el peronismo anunciaría en Diputados que -a pesar de las diferencias y las heridas internas- unificará su bloque para darle contención al presidente electo.
Mientras define su estrategia de gobierno y su grupo de colaboradores, Kirchner dedica tiempo a lo que deberá enfrentar: las negociaciones inmediatas con el FMI, el accionar de los tenedores de títulos argentinos en el exterior; la continuidad o no del default y, en el plano interno, la peor crisis económico-social de la historia; los múltiples reclamos prematuros que le harán; los temas pendientes en la justicia vinculados al corralón; la política anti piquetes y la imprescindible generación de consensos políticos para poder gobernar.
Nada que el santacruceño no supiera pero que, ahora también resolver, ante un país poco dispuesto a concederle "más de 60 segundos por minuto", como ocurre en el interior del país.Hasta ahora, Kirchner se ha mostrado impermeable a las presiones. Arma su gabinete en soledad y se maneja con autonomía. El duhaldismo -que le aportó en Buenos Aires una enorme porción de los votos obtenidos en la primera ronda- hace más ruido desde abajo que desde la propia cabeza presidencial.
Duhalde procura mostrarse sorprendido por lo que él mismo llama sus logros de gobierno; ejercita un balance de gestión "más que positivo" y ensaya una retirada de la línea de fuego por unos cuantos meses.

Una buena dósis de aire
Ingenuo es pensar que un hombre que ha invertido su vida en construir poder, ahora vaya a dedicarse sólo a la pesca de tiburones. Parece obvio que el mandatario le dará una buena dosis de aire a Kirchner para el "arranque", sin olvidar que él y sus huestes han sido protagonistas no sólo de los resultados de la primera ronda, sino también de la deserción de Menem del ballottage.
Un Menem que, irresponsablemente, les arrancó a los argentinos la posibilidad del voto; debilitó las instituciones; quitó legitimidad a Kirchner y buscó, en la huida, refugio para sus propias intenciones antes que preservar los intereses de la Nación.
Hoy, el bochorno protagonizado por quien durante diez años condujo el país, parece una cosa lejana y terminada, aunque -quizás- con consecuencias a futuro. Pero nadie está en condiciones de decir que es su final, sobre todo en un país donde todos los políticos, de una u otra forma, se reciclan. El rumbo que tome el presidente electo, su capacidad para generar políticas de Estado y producir consensos, su respeto irrestricto a las instituciones, su transparencia en los actos de gobierno, la convocatoria amplia y la inclusión de los excluídos por décadas, dirán si se puede pensar en una nueva Argentina, o si el país tendrá un capítulo más, teñido de las incapacidades, los vicios y las mañas que lo colocaron al borde de la postración. (DyN)

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