Confundir y reinar

Manejar sin control los planes sociales da sus frutos.

17 Mayo 2003
Por Roberto Delgado

A ocho meses del comienzo del escándalo por las muertes de niños desnutridos en Tucumán, los problemas del hambre parecen bastante lejanos de los intereses de los funcionarios de Julio Miranda. De otro modo, no se entiende por qué los comedores infantiles siguen sin financiación constante y se ven obligados a cerrar cada diez días, con espasmódicos momentos en que se da de comer a los chicos.
Jorge García Mena, secretario de Desarrollo Humano, y Miguel Fernández, encargado de los planes nacionales, mantuvieron silencio en las últimas semanas, y ayer tan sólo reconocieron que las partidas de la Nación están demoradas. El ministro de Economía, José Alberto Cúneo Vergés, es evasivo y suele argumentar, con respecto a la falta de fondos para los planes sociales, que las comunas rurales no han entregado los informes mínimos para los censos de desnutridos y que por ello no se puede entregar dinero, ya que no se sabe cuántos son los necesitados.
Pero han pasado ocho meses. La Nación hizo un enorme Operativo Rescate y comenzó un gigantesco relevamiento que en algunos aspectos parece mantenerse, pese a que los funcionarios de "Chiche" Duhalde vienen muy espaciadamente. Han armado un programa de "manzaneras" para seguir de cerca el problema social en la zona de Cruz Alta y han ayudado a que se abran los ojos acerca de las formas de encarar la tarea social. La misma esposa del Presidente denunció el uso clientelístico de los planes de ayuda y pareció decidida a impulsar cambios en esta área.Y cuando el programa empezó a flaquear, porque la Nación se replegó hacia otras zonas (como Corrientes y Formosa, y ahora Santa Fe) se habló del mal uso de los funcionarios tucumanos de los planes. La gente de Miranda, aprovechando la ausencia de la Nación, le echa elípticamente la culpa.
Así es como la situación volvió a ser confusa. Hasta hace poco parecía que se avanzaba en el descubrimiento de los problemas y en el diseño de probables y cercanas soluciones. Había un flujo sorprendente de dinero, tanto de programas federales como de ayudas de organizaciones no gubernamentales del país y del extranjero. Jamás el director del Hospital de Niños, Lorenzo Marcos, estuvo tan asediado y a la vez tan aliviado, ya que el escándalo ayudó a que se pueda dar más recursos al centro sanitario.Pero ahora están las nuevas señales de la crisis. Ya hace meses que Desarrollo Humano retacea las partidas para los comedores. Vuelven a aparecer las denuncias de que se usan políticamente las provisiones en los dispensarios, que se reparten bolsones a los centros vecinales (no se sabe si estos elaboraron censos de desnutridos en sus comunidades) y afloran de nuevo las enfermedades derivadas de la pobreza, como la hepatitis en las zonas desprovistas de servicios básicos. Vuelven a hacerse denuncias de que se hacen nombramientos en Desarrollo Social, lo cual fue desmentido por García Mena.
El problema no es la confusión, sino la causa de esta. El manejo confuso de los dineros para ayuda social siempre deja víctimas indefensas (los niños que no comen y la sociedad que desperdicia su capital humano para el futuro) y oscuros personajes que obtienen alguna ganancia con esto. ¿Por qué no se unificó el manejo de los planes nacionales, y se organizó un flujo constante del dinero? ¿Por qué no hay responsables del control de estos manejos? ¿Por qué nadie salta de su sillón cuando se hacen estas denuncias? Porque la confusión siempre permite culpar a otro. Es una estrategia que permite tener gente sojuzgada y dependiente, y que hasta ahora ha dado frutos. A tal punto que ninguno de los responsables del desastre dejó la política y, encima, todos tienen expectativas en estas elecciones.

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