BUENOS AIRES.- Los líderes más representativos de la oposición surgida de las urnas -Ricardo López Murphy y Elisa Carrió- han aconsejado que se pase por alto el duro mensaje de Néstor Kirchner en momentos en que Carlos Menem desistía del ballottage, para aguardar el de su asunción del gobierno ante la Asamblea Legislativa. El tono de campaña del presidente electo había desconcertado por su ritual sesentista, pero ese consejo de dos políticos tan distantes entre sí ha contribuido a poner las cosas en su lugar, lo mismo que las declaraciones mesuradas del ministro de Economía, como sucesor de sí mismo en el futuro gobierno. Los más escaldados por aquél discurso, el sector financiero, han emitido una serie de declaraciones de regreso a la serenidad, mientras Kirchner comienza a utilizar términos que lo colocan como "justicialista de centro" y adelantan, por ejemplo, su descarte de piqueteros politizados, y la promesa de no hacer demagogia con las ejecuciones hipotecarias. Ya es bastante para un político algo novato en el laberinto del poder nacional, cuyo diálogo con Roberto Lavagna ocupa ya el espacio más significativo del análisis con sus colaboradores.
El tono Lavagna
Es notorio igualmente que el tono discursivo de Lavagna está teniendo nuevos matices para adecuarse mejor a su nueva realidad, pero debe señalarse que tan sólo se trata de adjetivaciones que en nada o muy poco cambian sus líneas de acción en la densa agenda que tiene a su cargo. El jefe del Palacio de Hacienda, en cuyo equipo habrá notorios relevos, está yendo más lejos, inclusive, de lo que le permitió Eduardo Duhalde, pues la idea de eliminar la cartera de Producción parece finalmente salir airosa, así como la ampliación del área ministerial de Economía, recortada por la frustrada gestión de Ignacio de Mendiguren. El nuevo presidente arrancará -más allá de algunos conceptos altisonantes propios de su estilo- con una agenda de gestión suficientemente razonable como para no accidentar el delicado terreno de la gobernabilidad. Más aún teniendo en cuenta que el comprimido calendario duhaldista redujo la transmisión del Poder Ejecutivo a un plazo excepcionalmente breve, en lugar de los dos meses o más que el buen orden electoral aconseja para dar oxígeno a esas negociaciones.
El ministro Lavagna ha supeditado su viaje a Washington, tras la asunción de Kirchner, a los resultados de sus gestiones con el Congreso. Al menos, de las mismas deben surgir suficientes certezas de que los asuntos ineludibles de la agenda con el Fondo Monetario, desde hace tiempo a consideración de ambas cámaras, serán aprobados en lo fundamental antes de que finalice agosto; es decir, inmunidades del Banco Central, tarifas de servicios públicos, aval para renegociar la deuda y compensaciones a la banca por la pesificación de depósitos.Al saludar con satisfacción el relevo de gobierno, Washington no ha dejado de recordar que axisten temas pendientes para hacer de nuestro país un lugar económicamente confiable. Vaya por caso, lo que Lavagna definió como segurídad jurídica en el caso de las ejecuciones hipotecarias. (De nuestra Sucursal)







