Trabajar horas de más tiene sus riesgos

Para algunos, dedicarle mucho tiempo a las tareas es un mecanismo de defensa. Para otros, el efecto del miedo a perder el trabajo.

18 Mayo 2003
Más allá de los altos índices de desocupación que se registran, la adicción al trabajo es un problema que padecen, indistintamente, los grandes ejecutivos y los empleados de menor rango; los emprendedores y los trabajadores independientes.
Para algunos es un mecanismo de defensa; para otros, el efecto de la presión del miedo a perder el empleo. Por eso los especialistas hablan de diversas motivaciones, aunque aclaran que no toda persona que trabaje mucho es un adicto.
En la actual coyuntura, en la que se trata de repartir el trabajo entre pocos y es alto el riesgo de quedar afuera de la fuerza laboral, mucha gente se siente impulsada a trabajar más. Pero aunque sufre mucho y se queja, no debe considerársela adicta al trabajo. "El verdadero adicto, en cambio, se puede quejar pero disfruta del tiempo que pasa trabajando", dice Jorge Hambra, psicólogo.
El que trabaja muchas horas por necesidad, tarde o temprano enfrenta los problemas del adicto y corre riesgos de terminar como tal. "Deja de encontrarse con los amigos, abandona otros ámbitos de pertenencia y se resiente la relación con la familia, porque no está nunca. Esto puede evolucionar hacia una adicción", sostiene Hambra. El trastorno afecta los patrones de eficiencia y de convivencia, tanto de las organizaciones como de las familias. En el plano individual, suele manifestarse como estrés, con todo lo que ello significa.
El problema está bastante extendido entre los países latinos y es más infrecuente entre los anglosajones. En la Argentina se advierte mucho más en las empresas de servicios que en la industria. "Aquí se trabaja mucho y mal. En algunos países está mal visto que alguien trabaje después de horario y probablemente lo consideren un empleado ineficiente", afirma Joaquín Sorondo, consultor privado. Pero los expertos coinciden en que la adicción nunca es un problema en sí mismo, sino la respuesta a un vacío interior del individuo.
El trabajo es considerado fundamental para la vida de las personas y una de las forma más importante de integrarse a la sociedad y sentir satisfacción. Para el psicólogo organizacional Aldo Schlemenson, la adicción al trabajo es una forma de alienación y vale aclarar que una persona alienada es alguien ajeno de sí mismo y sus propias necesidades.
Schlemenson dice que "hay circunstancias en las que el individuo se siente frustrado en algunos aspectos de su vida y canaliza sus necesidades a través del trabajo. Pero además, la sociedad competitiva actúa generando una compulsión al éxito, que suele derivar en adicción al trabajo". Aclara que la gente muy talentosa se apasiona con lo que hace y "también puede pasarse de rosca". En esa línea, Hambra señala que hay individuos que tienen integrado el trabajo a la vida; por lo general, se trata de ocupaciones que están ligadas al sentido de la propia existencia. También se puede observar el fenómeno de la adicción al trabajo entre los emprendedores, que se obsesionan con el objetivo y se consideran autosuficientes.
En las empresas familiares, la familia entera corre riesgo de volverse adicta. Y muy difuso es el límite de las personas que trabajan desde sus casas a través de medios telemáticos. Angélica Abdalah, directora de la Asociación Argentina de Teletrabajo, acepta que el teletrabajador o trabajador a distancia está más expuesto a ese tipo de excesos, pero depende de él poner los límites ya sea ante la familia o ante el empleador. "La disciplina es fundamental", recalca.
Sorondo asegura que el adicto "puede lograr muy buenos resultados, pero termina pagando un costo enorme, por el lado de la salud y los afectos, por lo que en definitiva todo se limita a una elección: qué quiero hacer de mi vida, cómo me propongo lograrlo, qué tipo de familia pretendo, etc.". Hambra dice que las alternativas para salir de la adicción van desde el sufrimiento de un gran trauma -que directamente obligue a la persona a abandonar ese ritmo-, a la toma de conciencia, por ejemplo a través de una campaña social que muestre que la adicción al trabajo también es una enfermedad.

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