El rescate de los bonos debió hacerse en forma gradual y escalonada

El gobierno optó por un proceso bastante más complicado. (Por Hugo Ferullo, profesor de Economía de la UNT y de la UNSTA).

18 Mayo 2003
La forma más simple de rescatar los bonos tucumanos hubiera sido valuarlos a la par con el peso nacional, 1 a 1, y extender el plazo de rescate tanto como las necesidades financieras lo requieran. Esto es, si la cantidad de pesos disponibles para el rescate resulta insuficiente para que este se haga efectivo de manera inmediata, lo que hubiera correspondido si seguía una forma simple de actuar, es practicar de entrada un rescate parcial para completarlo en el tiempo según las disponibilidades financieras del Estado. De esta manera se hubiera respetado en todo momento el cambio 1 a 1 con el peso.
En lugar de razonar de esta manera clara y sencilla, el gobierno optó por un proceso bastante más complicado, al parecer con el afán principal de no pagar en el rescate más que lo que el bono tucumano cotiza en el mercado.
Se supone que este mecanismo complicado se basa en un sentido estricto de justicia, que busca evitar que los especuladores ganen con el rescate, mientras se obtiene, de paso, una pequeña diferencia financiera a favor del fisco. En la práctica, sin embargo, lo que se observa es que la especulación no hizo más que aumentar, y los tenedores de los bonos sufrirán, seguramente, una pérdida creciente en su poder de compra.
Las pérdidas se explican de manera elemental por la rapidez con que la gente buscará deshacerse de los bonos, cuyo rescate se hará en buena parte con algún desagio. Para deshacerse de aquellos, gastarán de manera inmediata o los bonos por pesos. Como la demanda de bonos cae de manera abrupta, el precio relativo o cotización no puede sino bajar.

Otro error
Definitivamente, las cosas hubieran resultado mejor, con menos costos para el conjunto de la sociedad, si el rescate hubiera seguido la regla simple del 1 a 1 y del gradualismo comandado por las disponibilidades financieras.
Los funcionarios que pergeñan estas formas complicadas de resolver problemas sencillos parecen apostar a una solución de mercado; creen que de esta manera la eficiencia y la justicia están garantizadas. Lo que no tienen en cuenta es que la instauración de un mercado competitivo -aquel que asegura eficiencia- es un proceso institucionalmente complejo, que está muy lejos de verse reflejado en este mercado de bonos, plagado de imperfecciones e injusticias de todo tipo.

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