18 Mayo 2003 Seguir en 
Muerto el bono (por lo menos es lo que prometen), ahora la gente espera que los precios se sosieguen en Tucumán. Los Bocade provocaron distorsiones profundas y alteraron la rentabilidad de muchos negocios. Los políticos no entienden que nadie monta una empresa, invierte, toma empleados y trabaja para perder plata.
Lo que no deben hacer los funcionarios es interferir en ese proceso con elementos hostiles para los bolsillos, sobre todo para los que menos tienen.
Tampoco saben que cuando las cotizaciones se van para arriba, es difícil hacerlas descender con facilidad. Los precios siempre van por el ascensor, mientras que los salarios suben por la escalera.
Algunos precios fueron inflados entre 15% y 20%, sobre todo en los sectores de bienes que son indispensables para los compradores. Los servicios, en cambio, tuvieron que ajustarse a los cimbronazos de la recesión y no pudieron subir tanto sus facturaciones.
No se trata de secuelas de la inflación, que fue desatada por la devaluación del presidente Eduardo Duhalde, cuyos principales consecuencias fueron destrozar sueldos y jubilaciones.
Desde hace meses, los tucumanos pagan por lo que compran valores por encima del promedio nacional. Los productos tienen en sus precios de venta un colchón artificial, derivado del costo financiero de los bonos y de sus problemas y limitaciones.
A medida que el mirandismo fue empachando a la plaza financiera con papeles pintados, la gente trató de desprenderse con más rapidez de la moneda espuria y el desagio creció hasta límites intolerables. Transformó el sistema montado para cubrir el déficit estatal en una monumental estafa, que pagan con resignación los tucumanos.
Avispados, muchos comerciantes murmuran que no es conveniente bajar los precios si se tiene en cuenta que los consumidores van a comprar igual sus productos. Además, ellos saben que cuando les ingresa menos dinero tienen que vender más para ganar lo mismo, y esa es una alternativa que les causa fastidio.
Dos factores clave
Más allá del voluntarismo y la impericia de los funcionarios, la posibilidad de conseguir que se desate en Tucumán un proceso deflacionario depende de factores como la competencia y el consumo. Si no hay muchos competidores, los formadores de precios se dejan llevar por la dulce tentación de mantener caros sus productos. En casos de que el consumo se presente alicaído es más complicado cobrar por encima de lo que la sociedad está dispuesta a pagar.
Los ingresos de los trabajadores se deterioran cada día más. Los productos vienen ya con un fuerte componente de aumento para cubrir eventuales pérdidas por la devaluación del bono. Incluso, se les aplica encima otros desagios.Pese a que el dólar sigue bajando, en Tucumán los precios suben alegremente.
Ya empezó a sentirse la recesión derivada de la desconfianza hacia los billetes pintados. Varias empresas ya no aceptan los bonos y otras desconfían. No saben hasta cuándo los recibirá el Estado, cuándo fallecerá la Operatoria FET y si los bancos se colocarán los colmillos de Drácula.
Los Bocade crean diferencias irritantes. Los estatales los podrán cambiar 1 a 1, pero los otros trabajadores tendrán que soportar una quita. Entre las empresas habrá también hijos y entenados. Nadie trata de repartir entre todos los tucumanos, con equilibrio, los costos de la crisis.
El bienestar mejorará si los tucumanos pueden comprar lo que quieran con el dinero que tienen, sin pérdidas injustas, y si retorna la creación de empleo.Uno de los obstáculos para crecer son, justamente, los bonos.
Lo que no deben hacer los funcionarios es interferir en ese proceso con elementos hostiles para los bolsillos, sobre todo para los que menos tienen.
Tampoco saben que cuando las cotizaciones se van para arriba, es difícil hacerlas descender con facilidad. Los precios siempre van por el ascensor, mientras que los salarios suben por la escalera.
Algunos precios fueron inflados entre 15% y 20%, sobre todo en los sectores de bienes que son indispensables para los compradores. Los servicios, en cambio, tuvieron que ajustarse a los cimbronazos de la recesión y no pudieron subir tanto sus facturaciones.
No se trata de secuelas de la inflación, que fue desatada por la devaluación del presidente Eduardo Duhalde, cuyos principales consecuencias fueron destrozar sueldos y jubilaciones.
Desde hace meses, los tucumanos pagan por lo que compran valores por encima del promedio nacional. Los productos tienen en sus precios de venta un colchón artificial, derivado del costo financiero de los bonos y de sus problemas y limitaciones.
A medida que el mirandismo fue empachando a la plaza financiera con papeles pintados, la gente trató de desprenderse con más rapidez de la moneda espuria y el desagio creció hasta límites intolerables. Transformó el sistema montado para cubrir el déficit estatal en una monumental estafa, que pagan con resignación los tucumanos.
Avispados, muchos comerciantes murmuran que no es conveniente bajar los precios si se tiene en cuenta que los consumidores van a comprar igual sus productos. Además, ellos saben que cuando les ingresa menos dinero tienen que vender más para ganar lo mismo, y esa es una alternativa que les causa fastidio.
Dos factores clave
Más allá del voluntarismo y la impericia de los funcionarios, la posibilidad de conseguir que se desate en Tucumán un proceso deflacionario depende de factores como la competencia y el consumo. Si no hay muchos competidores, los formadores de precios se dejan llevar por la dulce tentación de mantener caros sus productos. En casos de que el consumo se presente alicaído es más complicado cobrar por encima de lo que la sociedad está dispuesta a pagar.
Los ingresos de los trabajadores se deterioran cada día más. Los productos vienen ya con un fuerte componente de aumento para cubrir eventuales pérdidas por la devaluación del bono. Incluso, se les aplica encima otros desagios.Pese a que el dólar sigue bajando, en Tucumán los precios suben alegremente.
Ya empezó a sentirse la recesión derivada de la desconfianza hacia los billetes pintados. Varias empresas ya no aceptan los bonos y otras desconfían. No saben hasta cuándo los recibirá el Estado, cuándo fallecerá la Operatoria FET y si los bancos se colocarán los colmillos de Drácula.
Los Bocade crean diferencias irritantes. Los estatales los podrán cambiar 1 a 1, pero los otros trabajadores tendrán que soportar una quita. Entre las empresas habrá también hijos y entenados. Nadie trata de repartir entre todos los tucumanos, con equilibrio, los costos de la crisis.
El bienestar mejorará si los tucumanos pueden comprar lo que quieran con el dinero que tienen, sin pérdidas injustas, y si retorna la creación de empleo.Uno de los obstáculos para crecer son, justamente, los bonos.





