La fuerza del destino
EL BAILE DE LA VICTORIA | Drama - PM13 127´
Dos delincuentes son beneficiados por una amnistía en Chile. Uno de ellos es un especialista en robar cajas fuertes, que quiere recuperar el amor de su esposa y de su hijo. El otro, enamorado de una misteriosa bailarina muda, quiere convencerlo para robar un millonario botín.
25 Septiembre 2010 Seguir en 
El cinéfilo se apresta a degustar un plato aparentemente tentador: dirige Fernando Trueba, actúa Ricardo Darín, el guión se basa en una novela de Antonio Skármeta, en el reparto figura Ariadna Gil. En los primeros minutos de la proyección la cosa pinta bien: los personajes se presentan con líneas bien definidas, aparece Abel Ayala y empieza a perfilar un trabajo actoral de muy buen nivel, y el relato abre expectativas más que prometedoras. Pero poco después, el guión (del propio Skármeta) empieza a abrirse en múltiples subtramas que, si bien mantienen la atención del espectador, desdibujan la orientación del relato central.
El personaje de Darín (sobrio, pero lejos del nivel de sus mejores trabajos) pretende reconstruir una vida familiar que ya no existe después de sus cinco años en la cárcel; el simpático ratero que encarna Ayala descubre un mundo diferente cuando se cruza en su camino una enigmática bailarina muda; la posibilidad de dar un gran golpe para cambiar el propio destino es considerada, desechada y vuelta a considerar por los dos protagonistas; el pasado trágico de la dictadura de Pinochet asoma en el drama personal de la bailarina y en el origen espurio del botín al que apuntan los ladrones; las marcadas diferencias de clase dentro de la sociedad chilena, las deficiencias del sistema carcelario, los códigos del mundo del hampa, la redención a través del amor, la valorización de la relación padre-hijo, la fuerza de los lazos de la amistad... Son muchos los temas que se entrecruzan como en vías paralelas, sin converger con claridad para potenciar el tema central de la película.
Cuando se encienden las luces de la sala, el cinéfilo se siente desconcertado; Fernando Trueba armó bien la película, Ricardo Darín actuó correctamente, Antonio Skármeta aportó una historia interesante, pero el resultado no termina de convencerlo; las notas en falso que percibió le impidieron zambullirse emocionalmente en un relato que no logra el objetivo de conmover al espectador.
El personaje de Darín (sobrio, pero lejos del nivel de sus mejores trabajos) pretende reconstruir una vida familiar que ya no existe después de sus cinco años en la cárcel; el simpático ratero que encarna Ayala descubre un mundo diferente cuando se cruza en su camino una enigmática bailarina muda; la posibilidad de dar un gran golpe para cambiar el propio destino es considerada, desechada y vuelta a considerar por los dos protagonistas; el pasado trágico de la dictadura de Pinochet asoma en el drama personal de la bailarina y en el origen espurio del botín al que apuntan los ladrones; las marcadas diferencias de clase dentro de la sociedad chilena, las deficiencias del sistema carcelario, los códigos del mundo del hampa, la redención a través del amor, la valorización de la relación padre-hijo, la fuerza de los lazos de la amistad... Son muchos los temas que se entrecruzan como en vías paralelas, sin converger con claridad para potenciar el tema central de la película.
Cuando se encienden las luces de la sala, el cinéfilo se siente desconcertado; Fernando Trueba armó bien la película, Ricardo Darín actuó correctamente, Antonio Skármeta aportó una historia interesante, pero el resultado no termina de convencerlo; las notas en falso que percibió le impidieron zambullirse emocionalmente en un relato que no logra el objetivo de conmover al espectador.







