BUENOS AIRES.- El inútil gesto de Carlos Menem al colocar en la incertidumbre su participación en el ballottaje , ha demostrado nuevamente que la vieja política y sus beneficiarios ya no tienen capacidad de convocatoria suficiente para modificar la realidad; y ésta, ciertamente, es la crisis de los liderazgos que demostraron las urnas del 27 de abril. Ni siquiera en su reducto de La Rioja el ex presidente halló esperándolo a sus devotas masas. Durante casi toda la jornada del martes, el veterano caudillo del fin de siglo había aguardado en su residencia frente al Obelisco, bastante más que los dos o tres centenares de seguidores que le pedían continuar en la liza, para recomponer una imagen demasiado castigada por la adversidad; es decir, la estrategia oficialista y una prensa hostil que no le ha dado tregua. El escape a La Rioja fue así inevitable y sólo quedó esperar mejor suerte para la movilización que el gobierno provincial le prometió antes de decidirse . Es increíble que una personalidad tan experimentada y sensible a las frivolidades de la política, no haya advertido a tiempo la profunda reconversión que la crisis provocó en la sociedad argentina.
Legitimidad
Ahora, resta saber si Néstor Kirchner, ganador de las encuestas, tiene la sensibilidad que le faltó a Menem. O sea, para advertir que su legitimidad formal se la da la ley y la real deberá obtenerla arando en un campo político muy accidentado. El poder no se tiene, sino que se sostiene, sentenció el filósofo Ortega y Gasset, para definir la faena cotidiana por la negociación y el consenso. Con o sin ballottaje, la suerte estaba echada, como también existe extendida conciencia de que el futuro presidente carece de personalidad carismática. Kirchner ha desechado la posibilidad de presidir el partido y el gobierno, para no mezclar funciones, razona. Sin duda, la primera gestión quedará reservada a Eduardo Duhalde, su poderoso padrino, algo inédito en el peronismo, que será una sombra sobre el poder que el presidente deberá despejar. Su padrino ha dicho que será menester convocar consensos de gobernabilidad, pero debe ser él quien lo haga, sin dejar dudas de ello, para poder ocupar el centro de la escena política nacional.
Entre los centenares de especulaciones y conjeturas que sobrecargan a los medios, hay una constante que casi ninguna de ellas elude, y es que Kirchner deberá construir su poder real desde el formal que su limitada estructura y los cuantiosos votos de rechazo a Menem, le confieren. Hace unos cuantos años ello habría sido imposible, pero hoy la realidad es muy diferente por el fuerte espíritu democrático de la sociedad, que ha rechazado durante la crisis las más peligrosas tentaciones de la violencia institucional cometida por el propio gobierno. La incertidumbre en ese orden nunca fue mayor, pero al momento de medirla conviene advertir que los mercados aguardan serenos lo que vendrá, merced al fusible de continuidad que representan el ministro de Economía y el presidente del Banco Central. (De nuestra Sucursal)







