La renuncia de Carlos Menem a participar en el ballottage privó a Julio Miranda de la oportunidad de levantar el aplazo con el que pasará a la historia por no haber hecho triunfar a Néstor Kirchner en la primera vuelta de la elección presidencial en Tucumán.
Las urnas asignaron 199.346 votos al riojano y 152.992 votos al santacruceño, en los comicios del 27 de abril. Lo que pasó ayer en La Rioja frustró todo intento de reparación política inmediata.
El retiro del ex presidente mandó al archivo los planes de conspicuos jerarcas de la primera línea legislativa y gubernamental del mirandismo, como Sisto Terán, por ejemplo. A Fernando Juri -el segundo del senador José Alperovich- también lo alcanzan los ramalazos de la crisis menemista.
La entrada de Kirchner en la Casa Rosada gravitará en la futura composición de las listas de legisladores nacionales, porque el nuevo Presidente razonablemente buscará que el PJ local aporte dirigentes afines a su pensamiento.
Fernando de la Rúa padeció más el hostigamiento de la tropa propia que del peronismo durante su infausta gestión. Y Kirchner puede reencarnar esa experiencia si no consigue congresistas nacionales que se pongan de su lado, en una etapa llena de complicaciones socioeconómicas.
Sólo la diputada Stella Maris Córdoba puede reivindicar su calidad de referencia histórica de La Corriente, la línea que inspiró el santacruceño cuando inició su proyección al ámbito federal. Desde esa posición de fuerza podría reclamar su pasaje al Senado en las elecciones de octubre.
La certidumbre de que Kirchner se convertiría en el delfín de Duhalde acercó a Miranda y al diputado José Ricardo Falú al proyecto emergente.
El corte político que causó la ida del ex presidente desacomodó no sólo a los menemistas tucumanos. Antonio Bussi prefirió al riojano en la primera vuelta, por cuestiones ideológicas.
La lejanía con Kirchner es inmensa y los hombres más cercanos al ex gobernador nunca disimularon esa situación cuando la chance del político patagónico de suceder a Duhalde era muy remota.
Fuerza Republicana, además, se distanció de la mayoría de los partidos provinciales, que tomó posición junto al economista liberal Ricardo López Murphy. Este ex radical se afianza cada vez más en su papel de conductor natural del espacio de la centroderecha.
La circunstancia de que el peronismo ratificara su liderazgo en el país abrió otras perspectivas estratégicas dentro del Frente Unión por Tucumán, a costa del fenomenal enojo de los radicales.
Se razonó que un hipotético gobierno de Esteban Jerez debería tender puentes al partido gobernante en la nación. Una coalición que careciera de cuadros peronistas en funciones de mando político no facilitaría las conexiones con la administración kirchnerista.
Además, no podía desconocerse que casi el 68% de los votos emitidos en Tucumán el 27 de abril simpatiza con el justicialismo.
Esas premisas no diluyeron el conflicto intestino que sacude a la coalición de Jerez. La presión de Olijela Rivas movió piezas en el tablero -léase municipalidades y comunas rurales-, desestabilizando pretensiones de los radicales. Y la elección de Julio Díaz Lozano como el candidato a intendente de San Miguel de Tucumán terminó de trastocar los planes de la UCR. En rigor, Díaz Lozano y Rivas no pertenecen al bando triunfador en el PJ, pero ayudarán a dar un color peronista a una alianza que carecía de eso. La opción por Díaz Lozano precipitó la reacción de Rubén Chebaia, quien no dudó en relacionar a Carlos Courel con su traspié. Este pleito, sin embargo, no está acabado.
15 Mayo 2003 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







