Quién le saca a quién

Pelea por el voto peronista y por los independientes.

14 Mayo 2003
Por Juan Manuel Asis

La elección del 29 de junio, de acuerdo con las candidaturas y con las alianzas de última hora, amenaza con romper dos presupuestos electorales tradicionales en Tucumán. Aquello de que el voto peronista es leal al oficialismo partidario y de que el voto independiente acompañó en forma masiva a una fuerza política opositora de alternativa (a radicales o a Fuerza Republicana) entró en crisis.
En el justicialismo la dirigencia se dividió en tres sectores. Por un lado, el mirandismo postuló a un ex radical. La consideración tiene validez porque, precisamente, algunos peronistas no acompañan al oficialismo por la composición de la fórmula, que sólo lleva la cuota peronista en el apellido del candidato a vicegobernador: Juri. Muchos, entre ellos Alberto Herrera -en su momento-, renegaron de que José Alperovich encabezara el binomio.
Es un elemento a tener en cuenta, aunque sea imposible estimar su impacto cuantitativo. Los optimistas del PJ hablan de un piso de 150.000 sufragios a favor. Pero para mantener el poder necesitarán -por lo menos- 80.000 votos más, los que suponen podrían salir del electorado independiente que debería acercar Alperovich.
Por otro lado, una sorpresa. El olijelismo decidió apuntalar a Esteban Jerez, resignando aspiraciones para junio, pero apuntando a las elecciones de senadores y de diputados. No en vano la diputada nacional Olijela Rivas exigió los mayores espacios en el interior (municipios y comunas) para poner a sus adláteres. Sabe que en esa estructura se montan sus sueños de llegar al Senado. En este caso también es difícil medir cuánto aportará Rivas al ex fiscal en sufragios. El último dato son los casi 80.000 votos que obtuvo en 2001, aliada a José Ricardo Falú. Allí, con seguridad, había votos peronistas.
Algo que tampoco se puede obviar es que Jerez también resignó convicciones a la hora de incorporar al sector de la diputada nacional, a la que se identificó como peronismo disidente (léase antimirandista). Cuando fracasaron las tratativas entre Rivas y Jerez -se dijo que el olijelismo reclamaba demasiados espacios: vicegobernador, 14 intendencias y 70 comunas-, un operador de la ex senadora señalaba risueño que les pedían "certificado de santidad" para aceptarlos en el Frente Unión por Tucumán. Y añadía, más serio, que los nuevos políticos "jerecistas" eran ingenuos a la hora de construir un polo de poder al dejar afuera la estructura de la diputada nacional.
Lo cierto es que la política, hoy por hoy, no es un juego que se practique limpiamente, sino un partido que se disputa en cancha barrosa. Y en el lodo nadie puede pretender salir virgen. Alguna manchita salpica la solapa.
El otro peronista en escena es Osvaldo Cirnigliaro. Su eje de campaña es el mismo que el de Jerez: la lucha contra la corrupción. Su filiación hace presumir que los que lo acompañarán serán mayoritariamente peronistas, aunque su discurso está dirigido a captar el voto independiente. No existen datos que permitan hacer una proyección cuantitativa sobre la adhesión a Renzo, pero su universo es el mismo en que navegan el mirandismo y el olijelismo.El voto peronista que capte cada línea incidirá en el resultado final.
A dónde se volcarán los independientes es otra incógnita. Dos son las ofertas más fuertes: Fuerza Republicana y el novel jerecismo. De ahí los ataques de Antonio Bussi al ex fiscal, al que no le atribuye ninguna capacidad para administrar la provincia. Lo real es que el Frente por Tucumán es el rival directo de FR en la lucha por captar a los independientes. El bussismo supone que tiene un voto cautivo de 100.000 almas, por lo que es crucial ganarle a Jerez en el espacio independiente.
En el fondo, de lo que se trata es ver quién le saca a quién. Es una lucha de todos contra todos, de la pelea por el afiliado, por la clientela ajena, por los indecisos y por los independientes.

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