14 Mayo 2003 Seguir en 
En la Batalla de Junín, ocurrida el 6 de agosto de 1824 en el Perú, Simón Bolívar enfrentó al enemigo realista. Cuando todo parecía perdido, el coronel argentino Isidoro Suárez -antepasado de Borges-, que se hallaba oculto con sus húsares en una quebrada, sorprendió a la retaguardia española y en apenas 45 minutos, sin disparar un tiro, y valiéndose sólo de sablazos, derrotó al invasor. Tomó además 80 prisioneros y puso en fuga a 2.000 soldados. Una calle tucumana evoca vivamente esta gesta patriótica en lo que al desorden reinante del campo de batalla se refiere.
La intersección de Junín y Mendoza, en horario comercial es decididamente un caos cotidiano. Al embotellamiento constante de vehículos se agregan los cajones de los vendedores ambulantes y la suciedad reinante que entorpecen la circulación. En esa ochava existe una garita prácticamente de adorno. Los ocasionales inspectores que, supuestamente, deben poner orden, pareciera que están de paseo.
Si el coronel Isidoro Suárez resucitase por un instante en ese lugar, creería encontrarse en el campo de batalla, pondría en franca retirada a los infractores y sancionaría con rigor la desidia de los funcionarios municipales que deben velar por el bienestar de la comunidad y no lo hacen.
La intersección de Junín y Mendoza, en horario comercial es decididamente un caos cotidiano. Al embotellamiento constante de vehículos se agregan los cajones de los vendedores ambulantes y la suciedad reinante que entorpecen la circulación. En esa ochava existe una garita prácticamente de adorno. Los ocasionales inspectores que, supuestamente, deben poner orden, pareciera que están de paseo.
Si el coronel Isidoro Suárez resucitase por un instante en ese lugar, creería encontrarse en el campo de batalla, pondría en franca retirada a los infractores y sancionaría con rigor la desidia de los funcionarios municipales que deben velar por el bienestar de la comunidad y no lo hacen.







