"Tengo algo para usted". Del otro lado la voz prometía información importante. Suele pasar así con los periodistas, que reciben datos todo el tiempo. Algunos terminan siendo títulos de tapa. Otros van a breve. Algunos (al no constatarse) no saldrán jamás. Pero, prima facie, la información parecía importante. Una pequeña reunión con el editor de LA GACETA.com, Federico Türpe en la que se analizaron los pasos a seguir y la salida hacia El Manantial con el periodista Daniel Fernández. En una precaria casita, la persona pidió que no le hiciéramos caso al perro que nos miraba con hambre. Algunos vecinos, en medio de la oscuridad, corrían un poco las cortinas para ver qué pasaba en esa casa. El auto de LA GACETA en la puerta no era algo común para la zona. "En tal lugar está pasando esto, y podemos probarlo", nos dijo quien había llamado. Los dos periodistas nos miramos incrédulos. De regreso al diario pasamos frente a la comisaría de El Manantial. No hay mucha luz en la plaza. Una semipenumbra envuelve la zona. "Ahí adentro pasan cosas graves", pensamos. Buscamos en los archivos. Nunca en la historia de Tucumán se descubrió a un preso vendiendo droga. Sí muchas veces se detuvo a familiares de los detenidos que les llevaban porros o cocaína. Pero esto era distinto. Y asombroso. Un "horror", tal como lo calificó una fuente judicial. Si la denuncia se comprueba, ¿cómo es posible que un preso, un hombre al que hace poco menos de un año se detuvo con más de un kilo de marihuana y medio de cocaína, un hombre considerado "pesado" y peligroso tuviera vía libre para vender estupefacientes dentro de la comisaría? ¿Qué dirán ahora los funcionarios del área de Seguridad? ¿Qué medidas tomarán? Evidentemente si los hermanos Achén se habían hecho dueños de la comisaría era con el visto bueno de quienes debían custodiarlos. Los mismos vecinos advierten que varios adolescentes, por día, entraban a la dependencia y tras la "transa" con los dealers, salían con la droga en el bolsillo. Un escándalo. Si esto es así, todos los controles fallaron. Nadie vio, o no quiso ver, que la ley era pulverizada en el mismo lugar en el que trabajan quienes supuestamente deben preservarla. La Justicia ya se hizo eco de lo que sucede y ordenó un allanamiento. De ser cierto el dato, ¿de qué lado de la reja están los verdaderos delincuentes?
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