"No podemos quedar atados para siempre a las grandes discordias"

El octogenario historiador considera que la sociedad debe mirar al futuro porque los responsables del caso ya cumplieron su condena.

ABUSO. Bazán considera que hay un excesivo empleo político del pasado.
ABUSO. Bazán considera que hay un excesivo empleo político del pasado.
12 Septiembre 2010
CATAMARCA.(De nuestra enviada especial).- La voz gruesa del licenciado Armando Raúl Bazán llena de severidad la sala de su residencia en la capital catamarqueña. Sus maneras de intelectual (anteojos, bigote y cigarrillo consumido entre los dedos) acentúan su exposición crítica de la historia reciente de la provincia. Bazán, que tiene 84 años y se define a sí mismo como "un historiador tradicionalista", postula la necesidad de no mantener indefinidamente abiertas las heridas del pasado. El planteo se aplica al caso María Soledad: el licenciado en Historia nacido en La Rioja considera que el reclamo de la comunidad ha tenido una adecuada canalización institucional. Asevera: "el pueblo debe mirar al futuro porque los responsables ya cumplieron su condena".

El llamado a superar antiguos odios no supone excusar a los autores del crimen, según el miembro de número y vicepresidente de la Academia Nacional de Historia. "No está en mi ánimo absolver a nadie, pero tampoco podemos seguir buscando culpas y culpables. Con ese criterio, tendríamos que remontarnos hasta el fusilamiento de (Manuel) Dorrego", ejemplifica el autor de "Historia contemporánea de Catamarca" (2009).

Los acontecimientos que fraccionan a una comunidad la colocan después ante la disyuntiva del olvido o la memoria, de acuerdo con el profesor emérito de la Universidad Nacional de Catamarca. "Ese es el gran problema. Sé que si nos quedamos en el pasado, no atendemos al presente ni al futuro", manifiesta con una mezcla justa de convicción y prudencia, como corresponde a quien reivindica una comprensión de la historia despojada de sentencias tribunalicias.

-Pero también dicen que la conciencia del pasado ayuda a no cometer dos veces el mismo error.

-Y estoy de acuerdo. Yo suscribo lo que apuntó el magnífico pensador tucumano Alberto Rougés: "mientras más ancho de pasado es el presente de una sociedad, más segura está de su identidad y de definir el problema de su futuro". Pero, claro está, no podemos quedar atados para siempre a las grandes discordias del país, sin perjuicio de que María Soledad reciba los homenajes que merece.

-¿Hay una tendencia a abusar de la apelación al pasado?

-Hoy existe una excesiva utilización política. Pero siempre hubo quien se benefició con la muerte ajena. Tal vez la cuestión dependa de un equilibrio delicado. Recuerdo una conferencia sobre la memoria y el olvido de otro tucumano amigo mío, Víctor Massuh. Allí decía que el olvido responde a una consigna o principio cristiano del perdón. Pasamos una desgracia, pero no podemos quedarnos abrazados a ella porque, de lo contrario, llegaremos a resucitar el conflicto entre unitarios y federales.

-¿Cuáles son los retos de Catamarca?

-Terminar con la corrupción de los negocios de los proveedores del Estado con los funcionarios del Gobierno. Pero también solucionar el desarrollo genuino de Catamarca sobre la base de una minería al servicio de la economía y no de las empresas extranjeras, como ocurre desde la década de 1990. Además, necesitamos generar más energía: en este momento, la provincia no dispone de conexiones de gas natural en las viviendas. ¡El gas es un insumo indispensable para el desarrollo!

-¿El caso María Soledad fortaleció la democracia provincial?

-La práctica democrática efectiva será una asignatura pendiente mientras la democracia se limite a pronunciamientos en los comicios que alimenten el fenómeno del clientelismo electoral. Quien tiene el poder todavía tiene mayores posibilidades de ganar las elecciones. No sé si ahora somos más democráticos que antes.

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