Fragilidad. Mirada. Ternura. Ojos de mujer flotan en lo oscuro. En el recuerdo. Un beso se arropa con estrellas. El viento agita el tiempo. Despelleja sutilmente un amor hasta dejarlo desnudo, pero no vencido. Ella se acurruca en la nostalgia y camina por su pecho, despertando un sentimiento de trompeta. No hay apuro. El pensamiento apoya ahora sus manos en requiebros. Viene de muy lejos. Es un sonido legendario que se hidrata tal vez de un amor con piel de terciopelo. Sólo él lo sabe. Párpados apretados. Contracciones en la frente. Leve revuelo de magra cabellera. Sienes en tensión. Encogen. Expanden la música de un corazón caliente de pasión. Sin remordimientos. Eso quizás ocurre cuando por la trompeta discurre "El sólo pensar en tí".
Por las seis cuerdas comienza ahora a vertebrarse un cuerpo. No hay prisa. Los dedos guitarrísticos tejen y destejen con inusitado talento puñados de semicorcheas que se abroquelan en la intimidad. La silueta oronda cierra los ojos. El alma pistonea afecto y desata una suelta de caricias. Soledad. Reflexión. Nocturnidad. Tal vez un whisky conversado con la melancolía. El desamparo. La poesía se descuelga de la campana. Se sienta a mirar el diálogo de una guitarra con ese rumor de un fliscorno que fluye vestido de balada. Tal vez eso sucede cuando "Body and Soul" de Roberto Fats Fernández se enroscan en su trompeta.
Por las seis cuerdas comienza ahora a vertebrarse un cuerpo. No hay prisa. Los dedos guitarrísticos tejen y destejen con inusitado talento puñados de semicorcheas que se abroquelan en la intimidad. La silueta oronda cierra los ojos. El alma pistonea afecto y desata una suelta de caricias. Soledad. Reflexión. Nocturnidad. Tal vez un whisky conversado con la melancolía. El desamparo. La poesía se descuelga de la campana. Se sienta a mirar el diálogo de una guitarra con ese rumor de un fliscorno que fluye vestido de balada. Tal vez eso sucede cuando "Body and Soul" de Roberto Fats Fernández se enroscan en su trompeta.







