08 Septiembre 2010 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Lionel Messi vivió por fin su gran día con la Selección. Fue ovacionado por primera vez en mucho tiempo por los hinchas, se reencontró con el gol y fue el líder silencioso del triunfo. Besó con pasión la camiseta cuando abrió el marcador y se emocionó cuando todo el estadio Monumental, colmado con más 50.000 personas, lo vivió al grito de: "olé, olé, olé, olé, Messi, Messi". O cuando todos silbaron al unísono al sufrir una falta que lo dejó rodando en el suelo. Al fin había logrado Messi conquistar al reacio hincha, que le había escatimado su fervor desde el principio.
Diferente a lo que suele hacer el conductor de un equipo, Messi desplegó un liderazgo callado, observador. Desde el lateral derecho hizo indicaciones, pidió la pelota y asistió a sus compañeros en las jugadas de gol. Esperó inmóvil, agazapado, el momento para dar el zarpazo y salir con esos arranques que sorprendieron incluso a varios sus compañeros de Barcelona. Fue el jugador indispensable y desequilibrante, muy lejos de aquel jugador con la mirada perdida y errante que debió despedirse del Mundial goleado por los alemanes.
"La verdad es que estoy contento, jugamos contra el campeón del mundo y pudimos ganarle. Pasamos mucha amargura y volver a reencontrarme con la gente es algo muy lindo", agradeció "La Pulga", conforme por cómo liquidó Argentina el pleito.
"Lo definimos rápido, hicimos las cosas bien de entrada. Después intentamos aguantar y logramos hacerlo. Fue un partido completo. Lo que todos queremos es que a la Selección le vaya bien. Ojalá sigamos así", se ilusionó.
Amor, amor
Aquellas primeras sonrisas que había esbozado Messi en la Selección guiada por Diego Maradona en Sudáfrica se convirtieron ayer en reacciones decididas y un código cómplice con el técnico interino Sergio Batista, a quien ya le gritó a voces toda su confianza. El entrenador lo rodeó con la experiencia de Javier Zanetti y Esteban Cambiasso, que habían sido ignorados por Maradona, con la estabilidad de Ever Banega y con un Javier Mascherano mejor parado en la media cancha.
Messi no convertía un gol con la camiseta argentina desde el 14 de noviembre de 2009, también en un amistoso contra España. La sequía en Sudáfrica fue su asignatura pendiente más dolorosa, además de que no pudo obtener el gran título que le falta.
La vida da revancha y Messi parece estar encontrando el camino para brillar. "A Messi no hay que apurarlo", pidió Batista, a sabiendas de que puede ser el socio que lo ayude a permanecer en la dirección técnica hasta Brasil 2014. (DPA-Especial)
Diferente a lo que suele hacer el conductor de un equipo, Messi desplegó un liderazgo callado, observador. Desde el lateral derecho hizo indicaciones, pidió la pelota y asistió a sus compañeros en las jugadas de gol. Esperó inmóvil, agazapado, el momento para dar el zarpazo y salir con esos arranques que sorprendieron incluso a varios sus compañeros de Barcelona. Fue el jugador indispensable y desequilibrante, muy lejos de aquel jugador con la mirada perdida y errante que debió despedirse del Mundial goleado por los alemanes.
"La verdad es que estoy contento, jugamos contra el campeón del mundo y pudimos ganarle. Pasamos mucha amargura y volver a reencontrarme con la gente es algo muy lindo", agradeció "La Pulga", conforme por cómo liquidó Argentina el pleito.
"Lo definimos rápido, hicimos las cosas bien de entrada. Después intentamos aguantar y logramos hacerlo. Fue un partido completo. Lo que todos queremos es que a la Selección le vaya bien. Ojalá sigamos así", se ilusionó.
Amor, amor
Aquellas primeras sonrisas que había esbozado Messi en la Selección guiada por Diego Maradona en Sudáfrica se convirtieron ayer en reacciones decididas y un código cómplice con el técnico interino Sergio Batista, a quien ya le gritó a voces toda su confianza. El entrenador lo rodeó con la experiencia de Javier Zanetti y Esteban Cambiasso, que habían sido ignorados por Maradona, con la estabilidad de Ever Banega y con un Javier Mascherano mejor parado en la media cancha.
Messi no convertía un gol con la camiseta argentina desde el 14 de noviembre de 2009, también en un amistoso contra España. La sequía en Sudáfrica fue su asignatura pendiente más dolorosa, además de que no pudo obtener el gran título que le falta.
La vida da revancha y Messi parece estar encontrando el camino para brillar. "A Messi no hay que apurarlo", pidió Batista, a sabiendas de que puede ser el socio que lo ayude a permanecer en la dirección técnica hasta Brasil 2014. (DPA-Especial)










