El desorden educativo

Sólo en la capital hay alrededor de 40 escuelas que están sin maestros.

13 Mayo 2003
Desorden, improvisación, falta de coherencia, postergación de los asuntos esenciales para el progreso de una comunidad, ausencia de políticas integradoras, que trasciendan en el tiempo y que beneficien a todos pareciera ser la constante de los últimos gobiernos tucumanos y, en particular, del actual.
Por ejemplo, los desaciertos constantes en materia educativa; los continuos paros docentes; los planes de estudios que se entrecruzan y generan caos en los alumnos, en los padres, en los educadores, en el sistema; los pactos políticos con algunos gremios en desmedro de otros, empujan aceleradamente a la sociedad hacia el analfabetismo.
En octubre de 2002 las directoras de las escuelas, a través de las supervisoras, enviaron a la Dirección de EGB, que depende del Ministerio de Educación, las novedades en cada establecimiento, entre las que figuraban las licencias y los traslados docentes. Pasaron cuatro meses -sin contar el receso de enero- para que el listado ingresara a la Junta de Clasificación Inicial y Primaria. De modo que en abril de 2003 comenzó a confeccionarse el padrón.
Luego de tumultuosos conflictos del Gobierno con el sector sindical por temas salariales, que incluyeron carpas en la plaza Independencia y huelgas de hambre, el ciclo lectivo comenzó el 24 de marzo. Han transcurrido más de 60 días y sólo en la capital hay alrededor de 40 escuelas que están sin maestros, por lo menos, en cuatro grados. Eso significa que son aproximadamente 6.400 chicos los que carecen de docentes desde que se iniciaron las clases. Aún no se sabe cuántos son los alumnos afectados en el interior de la provincia. Paradójicamente, hay 9.000 educadores, inscriptos en la Junta de Clasificación, que esperan ser designados en un cargo. Ayer sólo hubo 20 nombramientos y difícilmente se llegue hoy a los 150, como prometió la ministra de Educación.
Lo más grave es que existen denuncias de padres que indican que hay beneficiarios del plan Jefas y Jefes de Hogar, sin título habilitante, al frente de las aulas en algunas escuelas. También es denigrante que haya también docentes que perciban ese plan social. Esta situación refleja el estado de indignidad al que han sucumbido los maestros, a causa de salarios paupérrimos y de una clase dirigente, por cierto, insensible.
Pero los problemas no concluyen allí. Hace pocos días se difundió que en el plan de estudio del 3er año del nivel Polimodal (equivalente al 5º del viejo secundario) no figuran las materias Lengua, Matemática y Educación Física, cuando se sabe que el mayor déficit mostrado por los alumnos en los exámenes de ingreso a la Universidad se observa en redacción, ortografía, comprensión de textos y cálculos matemáticos. Por otro lado, el nuevo plan contempla disciplinas como lengua extranjera, Economía, Publicidad, Marketing y Ciencias Políticas, entre otras.
Las incongruencias están a la orden del día: se abren 8º y 9º años de la EGB un día y luego se los cierra, como sucede, por ejemplo, en las escuelas Alejandro Heredia, de la capital, y Piedra Grande, de Alpachiri; los comedores escolares funcionan irregularmente, especialmente en el interior de la provincia, debido a la burocracia, a los retrasos de las partidas y a las desinteligencias entre los funcionarios.
Desde hace años, Tucumán no sólo carece de una ley de Educación, sino de un sistema coherente y consensuado con los distintos sectores (docentes, padres, gremios, Gobierno) que tenga continuidad en el tiempo. De ese debate debe surgir qué tipo de educación queremos para nuestros hijos y no de la ocurrencia de los funcionarios de turno. Mientras sigamos en esta suerte de esquizofrenia educativa, no sólo no habrá cambios a nivel dirigencial, sino que seguiremos dañando a los niños, que siguen siendo el futuro de un país.

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