"Yo estaba seguro de que esto pasaba sólo en Buenos Aires"

Un hombre de 89 años fue atacado luego de haber cobrado una pensión de $ 20.000. Dos delincuentes que se movilizaban en una moto le quitaron la bolsa en la que llevaba el dinero. El caso causó conmoción.

UNA MAÑANA VIOLENTA. Arriba, don Sixto y su hija María Inés. Abajo, el banco de donde salió la víctima. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
UNA MAÑANA VIOLENTA. Arriba, don Sixto y su hija María Inés. Abajo, el banco de donde salió la víctima. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
04 Septiembre 2010
El jueves a la tarde, Sixto Carlos Romano se sentó en el living de su casa. Con sus manos grandes y huesudas, el jubilado ferroviario escribió una lista con los nombres de todos sus nietos. A cada uno iba a regalarle algunos billetes morados. Luego, con el resto del dinero, se tomaría un colectivo junto a su hija María Inés y juntos viajarían rumbo a la ciudad santacruceña de Río Gallegos. Allí, conocerían la casa de su otra hija y don Sixto disfrutaría de sus nietos.

Ayer se levantó temprano. Durante 16 años, cuenta, custodió el arco de Juventud Unida de su Tafí Viejo natal. A los 32 se retiró, y dos décadas después, aburrido de la monotonía de los ferrocarriles, volvió a calzarse los pantalones cortos para correr maratones por todo el país. Quizás por eso ahora que está por cumplir 90 años no le gusta quedarse quieto.

Salió de su casa a las 8.20, y caminó las siete cuadras que separan su casa de la sucursal del Banco Nación, en avenida Alem al 200.

Aguardó en la fila hasta que llegó María Inés. Minutos más tarde, estaban frente a la ventanilla del cajero. Ellos están seguros de que ahí fue donde los "marcaron". "Era un beneficio viejo de mi mamá, que falleció hace dos años. Entonces, la empleada se demoró. Quizás alguna persona observó ese movimiento, que la cajera se iba, buscaba papeles y sacaba fotocopias, y se dio cuenta de que no retirábamos $ 100 o $ 200", dijo María Inés. Pero ella no vio nada raro en ese momento. "Incluso, estoy acostumbrada a manejarme en bancos. Y nunca me había pasado nada", agregó.

El trámite demoró unos 10 minutos. El jubilado y su hija salieron del banco y caminaron hasta calle San Martín. Como iban con los brazos entrelazados, ocultaban entre sus cuerpos la bolsa blanca de plástico que envolvía los $ 20.000.

Antes de llegar a la esquina con calle Sarmiento, María Inés vio que dos jóvenes estaban allí, apoyados en una moto, y tuvo un mal presentimiento. "Nunca los había visto por acá. Me llamó la atención que se hubieran quedado allí", dijo Teresa, una vecina que estaba barriendo la vereda cuando pasaron el anciano y su hija.

"Fue como un relámpago", dice don Sixto, masticando bronca. El jubilado vio que uno de los muchachos corría hacia él a toda velocidad y trataba de arrebatarle el paquete con dinero a su hija. "Yo no lo solté -dijo María Inés-, así que me empezó a arrastrar. Todavía me duele un poco la espalda por el golpe".

La reacción

Don Sixto no pudo soportar ver que a su hija le pegaran. "Traté de darle una trompada al muchacho", dijo el jubilado, cerrando el puño. Pero no dio en el blanco. El anciano perdió el equilibrio y cayó de cara en la vereda, mientras el delincuente se subía a la moto con su cómplice y huía a toda velocidad. "Cuando vi que a mi papá le salía tanta sangre de la nariz me olvidé de la plata, de los ladrones, de todo. Empecé a pedir ayuda y, por suerte, varios vecinos se acercaron", recordó preocupada María Inés.

El jubilado acabó con un apósito sobre el tabique. "Tuvo un corte bien profundo. La verdad, tuve mucho miedo", dijo su hija.

Don Sixto, pese al mal trago, trataba de mostrarse de buen humor. "Parece que hoy me hago conocido", decía, al ver al fotógrafo. De todas formas, en su mirada se evidenciaban la bronca y la desilusión. María Inés detalló que los autores de la "salidera" estaban muy bien vestidos. "Fueron directamente hacia el paquete. Y nada que fuera un maletín o una cartera. Era una bolsa plástica; no se podía suponer que había plata allí. Sin dudas, tenían todos los datos", reflexionó.

La mujer dijo que en la comisaría le preguntaron por qué no había avisado que iba a retirar dinero para que un policía la acompañara. "Yo no sabía que se podía hacer eso. Les agradecí, pero de todas formas a nadie le gusta decir que tiene plata. Son cuestiones personales y yo no tengo por qué andar comentando eso", indicó.

La lista de don Sixto acabó en un tacho de basura. Sus familiares están tratando de convencerlo de que viaje al sur, pese al robo. Pero será difícil. "No quiero saber nada. Está todo muy inseguro. Y yo que creía que esto pasaba sólo en Buenos Aires y eran cosas de la televisión", dijo el jubilado, mirando al piso.

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