A una semana de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, los ecos de la contienda Carlos Menem- Néstor Kirchner llegan muy apagados a Tucumán.
No es que el aparato mirandista sea indiferente a la prueba de las urnas -en realidad, debe hacer muy buena letra tras el traspié del 27 de abril-, sino que los avatares de los comicios provinciales del 29 de junio lo tienen a mal traer.
En efecto, un fallo de la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo no sólo paralizó por algunas horas la marcha del calendario electoral, sino que sumió en el desconcierto y en la angustia a miles de candidatos -serían 60.000 en una estimación preliminar-.
La decisión judicial alumbró horas antes del vencimiento del plazo para inscribir las candidaturas electivas de diverso rango, ante un planteo del ex ministro Clímaco de la Peña, que data de agosto de 2002. La "Ley de Lemas" es la piedra angular del escándalo.
Los jueces Enrique Guibert y Rodolfo Novillo sólo declararon inconstitucional el artículo 2 de la Ley 6.146, que establecía requisitos muy poco exigentes para la formación de sublemas de aspirantes a legisladores y a concejales. Al amparo de esa norma, se constituyeron 2.277 sublemas, cifra que supera en un 35% a la del de 6 de junio de 1999, cuando compitieron 1.600. La inconstitucionalidad, sin embargo, se volvió inaplicable porque la Corte Suprema de Justicia no tiró por la borda la existencia de los sublemas.
Los camaristas, sin dudas, fijaron su atención en el ángulo que mayor escándalo social genera la "Ley de Lemas". Nada se dijo, sin embargo, sobre el artículo 6º de esa norma, que autoriza a afiliados del partido A a ser postulantes por sublemas del partido B o de una alianza a la que no está integrada la organización de la que proviene.
Ese artículo es la defunción lisa y llana del partido como institución básica de la democracia y de los lazos de solidaridad política. Se lo diseñó para legalizar las deserciones.
Con el régimen de lemas, los partidos se convierten en confederaciones de sublemas, sugirió el politólogo Giovanni Sartori, a propósito del caso uruguayo, en su estudio sobre "Partidos y sistemas de partidos". Y Tucumán tomó ese modelo, con la exacerbación de sus lados más negativos por parte del peronismo.
El arte de gobernar se torna una tarea de difícil ejecución con un esquema de sublemas que privilegia solamente su identidad. Con los sublemas se puede ganar, pero la gobernabilidad sufre. La democracia tarifada es la consecuencia directa de esa dispersión política. Las recompensas y los favores se multiplicarán para poder administrar el poder. La calidad de la política se degradará más.
Estados de ánimo
Durante todo el viernes y casi toda la jornada de ayer, los cuadros partidarios vivieron en estado de shock. Las lecturas políticas del fallo fueron múltiples y de diferente factura. El nerviosismo y el desconcierto eran denominadores comunes.
Algunos exégetas adelantaban que la movida judicial estaba enderezada a alterar la agenda, de modo que el 29 de junio sólo se votara para gobernador y otras funciones ejecutivas -intendentes y comisionados comunales-. Se pensó que la suerte de los candidatos a legisladores y concejales quedaría para dirimirse cuando se eligieran los diputados y senadores nacionales, en octubre.
En la oposición maduró la convicción de que al gobernador Miranda le convenía el fallo de Guibert y Novillo porque obligaba al enjambre de candidatos a legisladores y a concejales a atar su destino a Miranda y a trabajar para él. Al gobernador se lo ve como cabeza de la lista de postulantes al Senado.Alperovich debería remar entonces con el apoyo de las listas de intendentes y comisionados comunales. Un hipotético triunfo del santacruceño Kirchner lo fortalecería, por el arrastre que genera ese hecho político de orden nacional.
El bálsamo judicial
La Corte devolvió la tranquilidad al mundo político cuando ordenó poner en marcha otra vez el plan electoral.
Sin embargo, el cuadro interno del Frente Fundacional no es para nada ordenado. El mantenimiento de la elección interna para candidatos a intendentes y a comisionados comunales produce situaciones tensionantes, con amenazas de potenciales cortes de boleta para el binomio Alperovich-Fernando Juri.
La capital es un dolor de cabeza para el alto comando de campaña del oficialismo. Enrique Romero, Gerónimo Vargas Aignasse y Hugo Cabral están anotados en la lucha por la intendencia. Frente a ellos, está el bussismo con su fundador, y Unión por Tucumán (Esteban Jerez). En forma paralela, operan partidos de dimensión provincial que, de una manera u otra, se hallan inspirados por encumbrados personajes del oficialismo. Los roces emergen a la superficie con mucha nitidez. Acción Regional (AR) es una de esas estructuras que recoge disidentes del peronismo ortodoxo, con la inspiración de Sisto Terán y de Juan Ruiz Olivares. En Famaillá, por ejemplo, contiene a un opositor a los mellizos Orellana, como es el caso de Alcides Salomón.
El Partido de los Trabajadores (PT) es el otro canal visible por donde saldrán los que no quieran someterse a las reglas de juego de las primarias abiertas. Sería un contrapeso a la presión condicionante de los sectores más duros del peronismo mirandista.
La versión tucumana del PT muestra como cabeza visible a Marcelo Corizzi, un radical estrechamente ligado a Alfredo Neme Scheij. Este ex diputado saldrá a la arena electoral en un sublema del Frente Fundacional, cobijado por Alperovich-Juri.
Los otros protagonistas
Las incertidumbres se disiparon tras el fallo de la Corte. El dueto Jerez-Horacio Ibarreche enfrenta la ardua misión de combinar partidos de disímiles historias en una síntesis política pluralista eficiente.
Horas antes del anuncio de la fórmula de Unión por Tucumán, Jerez habló con Olijela Rivas en terreno neutral. El ex fiscal no aceptó ceder la vicegobernación, ni tampoco consentir que Antonio Bussi fuese candidato a intendente. Desde el otro bando se dijo que Rivas había rechazado que sus hombres fueran incorporados a un futuro gabinete de Jerez. Los bussistas se arrogan haber desestimado un convite de Jerez, que este niega.







