BUENOS AIRES.- En ocho días, la Argentina volverá a tener, tras la renuncia de Fernando de la Rúa, un nuevo presidente electo por el voto popular. Sea quien fuere el vencedor de la contienda, se encontrará, a partir del 25 de mayo, con una enorme tarea por hacer.
En opinión de muchos, deben generarse en el país vientos de diálogos y consensos que -por sobre la modestia de las estructuras partidarias y de las mezquindades dirigenciales- alumbren verdaderas políticas de Estado.
Hasta hoy, en la Argentina han prevalecido el "ensimismamiento", la falta de generosidad y la ambición desmedida por el poder. Sería saludable para la República que esas prácticas aborten en estas elecciones.
"Si Kirchner gana, no va a terminar el mandato", disparó Carlos Menem en las últimas horas, más atento a su juego que a los intereses colectivos y a la consolidación de la democracia.
Es que, contra lo que ocurrió en la primera vuelta, la campaña tiende a recalentarse, en la medida que avanza el reloj de la inexorable cuenta regresiva.El presidente Eduardo Duhalde fue el verdadero gatillo de las cambiantes características de campaña. "Menem tiene dos alternativas: perder por abandono o perder por knock-out", disparó el mandatario al ex, no bien la actividad proselitista empezó a enturbiarse.
El desafío duhaldista
En el Gobierno justifican los dichos y afirman que Duhalde lanzó esa frase para "desafiar y comprometer a Menem", en momentos en que la versión de una eventual deserción del riojano del ballottage sacudía el ambiente político."Duhalde le mojó la oreja a Menem para que no saque los pies del plato. Si se baja del ballottage, Kirchner quedaría virtualmente deslegitimado y eso no sería bueno para el país", afirman.
Las versiones sobre una eventual renuncia de Menem a la segunda ronda, que obligaron al ex presidente a negar esa alternativa una y otra vez, surgieron, en principio, desde el seno del propio menemismo.
No pocos son los que creen que Menem debe preservarse para una batalla que se presente menos brutal. Amplificados, los rumores fueron utilizados desde el oficialismo para golpear a sus rivales en la línea de flotación y desmoralizar a la tropa que en la primera vuelta estuvo con al riojano.
Envuelto en versiones y con los números adversos, Menem recurrió a un raid impresionante por los medios de comunicación, mientras sus ministeriables redoblaban el paso en busca de captar voluntades.
Pero para Menem la situación es compleja. Algunos sectores antimenemistas parecen consolidarse; la fidelidad de su tropa en Buenos Aires insinúa debilitarse y las divisiones en lo que siempre fue "su entorno chico" se han profundizado hasta generar desconcierto.
Menem, sin embargo, quiere ir por más. Por eso se juega a todo o nada con giras por la provincia de Buenos Aires, ofrecimientos de debate y declaraciones que ponen en duda la capacidad de gobernar de Néstor Kirchner, a quien define como "el mandadero" de Duhalde.
Para el patagónico las cosas parecen ser más sencillas. Por eso se dio el lujo de volar a Brasil y a Chile, en busca de la foto con "Lula" y con Ricardo Lagos, en el marco de una gira con pretendidas características "presidenciales".
Poco antes había cometido el error, según los suyos, de prenderse en el "golpe a golpe" que le había propuesto Menem al definirlo como "ex montonero" y protagonista de un acuerdo con el ARI para "descabezar" a la Corte Suprema de Justicia.Lo cierto es que Kirchner logró hacer esta semana lo que no pudo Menem: consiguió el apoyo de intendentes radicales; algunos "saadistas" se sumaron a sus filas; recibió guiños del sindicalismo oficial y de los rebeldes; el ex menemista intendente de La Rioja Luis Agost Carreño pasó a visitarlo por su búnker y finalmente, el cordobés José Manuel de la Sota resolvió sumarse a quienes avalan al santacruceño.
Entre "planchas" (hacer lo mínimo como para no correr riesgos) y apoyos, Kirchner consiguió mostrar una buena performance.
Tono agresivo
Más allá de los encuestadores -que dan casi por terminado el ballottage- y algunos encolumnamientos puntuales, lo cierto es que la campaña -con denuncias menemistas de falsificación de documentos incluida- tomó esta semana un tono agresivo que no había tenido hasta el momento.
El electorado sigue esperando la explicación clara y detallada de las propuestas de gobierno. No alcanzan los enunciados si no se explica cómo se hará lo que se propone.
Mientras los candidatos diseñan sus respectivos planes en las diferentes áreas, incluida la económica, el FMI salió de lo que, oportunamente, fue una crítica despiadada a la administración central y pasó a transitar por el camino del elogio.
Inesperadamente, las autoridades del Fondo, entre ellas Anne Krüger, hablaron de su "sorpresa" por el crecimiento de la Argentina y le auguraron al país tiempos mejores. ¿Creen realmente en el FMI que la Argentina está mejor, o es parte de una estrategia destinada a achicar considerablemente un eventual pedido de quita de la deuda?
¿Se puede hablar de sorpresa por la estabilidad y el crecimiento, cuando la Argentina continúa practicando el default, no ha reformulado aún el sistema financiero y se han pateado para adelante las discusiones con las privatizadas por el tema tarifas?
El cuadro todavía se está pintando. Algunos creen, sin embargo, que sólo falta colocarle el marco. (DyN)







