Un coro de fanáticas le hizo el "aguante" a "Mambrú"

Un público de preadolescentes y de jovencitas de hasta "veintipico" pidió por la aparición de sus ídolos. Desilusión de los vendedores de souvenirs.

FERVOR. Las adolescentes pidieron hasta el cansancio que aparecieran los cantantes en la puerta del hotel.
FERVOR. Las adolescentes pidieron hasta el cansancio que aparecieran los cantantes en la puerta del hotel.
11 Mayo 2003
"Triiipaaa, Triiipaaa... te quereeemooos!!!". El coro de chillidos femeninos invade los alrededores del parque 9 de Julio, donde los cinco integrantes del grupo musical "Mambrú" hacen tiempo para el recital que darán por la noche, en el estadio de Atlético Tucumán. En la vereda del hotel en el que se aloja el grupo, una valla de contención separa a los "Mambrú" del medio centenar de fans preadolescentes y adolescentes del quinteto pop del momento. Las edades de las chicas oscilan entre los 12 años y los "veintipico". Algunas, como Noelia, que llora porque no pudo llevarse un autógrafo de sus ídolos, han venido con sus mamás. Entre los admiradores del grupo que integran Gerónimo, Pablo, Milton y Emanuel también hay unos pocos varones y niños. Lucas tiene cinco años, y ya se conoce la música de todos los éxitos de Mambrú. También hay un bebé de un año y seis meses, "a turucuto" de su papá, un "fana" de la canción "Puede ser". La madre, Ana, se acerca a LA GACETA, y pide: "ponga que uno de los Mambrú sacó el traste por la ventana de la habitación".
Ely, una rubiecita de jogging rojo, se le suma en la queja. "Creo que fue Tripa. Y no me gustó. Es una falta de respeto hacia los que les dan de comer", opina la joven. De todos modos, advierte que tiene entradas para el recital de la noche, y que les dará otra oportunidad. "Me gustan. Aunque hasta ahora tuvieron todo servido. Habrá que ver qué pasa en el segundo CD, con temas propios", opina Ely. No son las únicas molestas con la exhibición "glútea" de uno de los Mambrú (desde abajo, a tres pisos del hecho, era difícil determinar la real identidad del transgresor).
Mientras tanto, en las afueras del estadio de Atlético, el público empieza a ingresar ordenadamente para escuchar el recital. Para los vendedores del merchandising de Mambrú, no ha sido una buena jornada. Los vendedores que siguen las giras del grupo trajeron a Tucumán 5.000 fotos, pero apenas vendieron 200, afectados por "efecto desagio". No les fue mejor a los vendedores de largavistas ($5), ni a los de choripanes ($1,50). En la cola de ingreso al estadio, las chicas con vinchas flúor en la frente cantan: "Miro tus ojos y puedo ver crecer lágrimas del cielo que mojan mi suelo. Que no termine así nuestro amooor, amooor". Una adolescente abraza una fotografía de Pablo. Y suspira, mientras confiesa su ilusión: "que canten ?A veces? sólo para mí".

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