BUENOS AIRES.- El bloque justicialista de la Cámara de Diputados le ha hecho una tácita advertencia al futuro gobierno, de que sus relaciones con el Congreso no serán fáciles. Al menos, así debe interpretarse la prórroga de ejecuciones hipotecarias que, por cuarta vez en poco más de un año, se votó hasta agosto. La sorpresa que esa decisión produjo en el Poder Ejecutivo no fue menor que el enojo provocado al ministro Roberto Lavagna, quien desde Santiago de Chile- -acompañando al candidato Néstor Kirchner- se comunicó de inmediato con el Presidente. Poco después de este llamado, el jefe del Gabinete, Alfredo Atanasof, dijo que no había respuesta por el momento, pero dejó abierta la firme posibilidad de que Eduardo Duhalde vete la sanción legislativa, adoptada sugerentemente a mano alzada y sin debate. El hecho se produjo mientras permanece aquí la misión del Fondo Monetario que, tras poner buena nota a la marcha fiscal, insistió en una serie de medidas que el futuro gobierno deberá encarar, entre las que figuró la liberación de aquellas ejecuciones, compartida por el ministro de Economía, quien debería continuar en un eventual gobierno del candidato oficialista.
Tema pendiente
No cabe duda que la gobernabilidad aparece nuevamente así como tema pendiente de elucidar, inclusive tratándose del bloque oficialista y de los dos candidatos correligionarios que se disputan el sillón presidencial. La breve y feliz gira que el dúo Kirchner-Lavagna tuvo por los despachos de Lula y Ricardo Lagos, no alcanzó para disimular esa señal contradictoria que ni el poderoso padrinazgo duhaldista ha podidio impedir. El discurso del primero en ambas visitas ha sido cómodo, pues si se trata de dos figuras latinoamericanas de centroizquierda, también es cierto que practican un pragmatismo económico, financiero y fiscalista altamente calificado por los organismos internacionales que ahora tienen en examen a la Argentina. El candidato oficialista se ha pronunciado por la fórmula simpática del keynesianismo, pero no ha dicho de donde saldrán los recursos públicos, de los que dispuso ampliamente el presidente Roosevelt, para sus grandes obras estatales. Más cauteloso, Lavagna, no dejó de advertir que el Mercosur es un conjunto de principios compartidos, pero los detalles con cosas de otra oportunidad.
Bajo los puntos que el ministro de Economía debería tratar si gana su candidato subyace una serie de limitaciones de orden fiscal, entre la cuales es la más severa la discusión de la deuda externa con los acreedores. En ese escenario de posibilidades y la profunda anemia presupuestaria que debe arrastrar el país, no alcanza a vislumbrarse una fuente de recursos para enfrentar el modelo keynesiano de obras públicas que durante toda su campaña ha prometido el gobernador de Santa Cruz. Esa persistencia y la posición del ministro Lavagna, que ha permitido tan reconfortante consideración del FMI, permiten advertir que no han mantenido ambos hasta el momento un diálogo realista sobre la cuestión. (De nuestra Sucursal)







