El piso de la degradación del sistema educativo no se avizora. Ya no se trata de escuelas que se quedaron sin computadoras o que necesitan arreglos en su estructura, problema habitual en Tucumán hasta 2001. Desde entonces ya no se plantea informatizar a las escuelas. Tampoco es el conflicto del año pasado, cuando los paros docentes dejaron a un alto porcentaje de estudiantes secundarios y de alumnos primarios sin clases. Y ni siquiera es el problema de hace 20 días, cuando se reveló que carecía de pupitres la mitad de los establecimientos escolares de la provincia. No. El nuevo drama de la educación tucumana es la posibilidad de que haya padres o vecinos de zonas empobrecidas que, por falta de maestros, les den clases a los chicos en los grados.
Todo se destapó en la escuela Mutual Policial, donde se debió poner como reemplazantes a maestros sin empleo y en algunos casos les pagan con planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados. Como las designaciones de 1.000 maestros para atender a 40.000 alumnos en toda la provincia se demoran en forma alarmante, por causas que se pierden en la maraña de la burocracia de la Junta de Clasificación, las autoridades recurrieron a maestros sin empleo que colaboraron en los comedores escolares de verano.
El funcionamiento de la Junta es terrorífico para el sistema educativo. Sus integrantes tienen los mandatos vencidos desde hace dos años, y la lentitud de su tarea es incomprensible. La lista de traslados docentes se hizo en octubre del año pasado y como fue impugnada por tener presuntas irregularidades, todo el problema se trasladó a abril de este año. Demoró cinco meses. Las autoridades se acomodan a los tiempos de la burocracia; admiten que ahora hacen falta entre dos y tres meses para cubrir las vacantes, y no se ponen coloradas ante la realidad de que los alumnos han pasado ya 60 días sin clases por esta situación. Ni siquiera saben cuántos estudiantes padecen este problema, ni cuántos maestros hacen falta. Y aún falta saber si, como sostienen los gremialistas rebeldes de la Unión Docentes de Tucumán, aunque se completen las designaciones, lo mismo faltarán muchos cargos, porque creció geométricamente la matrícula en zonas como Cruz Alta, pero no hay presupuesto, pese a que Educación consume el 25% del gasto provincial.
El análisis de los problemas puede abarcar muchas áreas. La crisis determinó una explosión de demanda en la escuela pública. A la vez, hay sobredosis de cargos y una burocracia asfixiante. Unos 9.000 docentes esperan ingresar al sistema y nadie sabe cómo acomodar los interminables interinatos, adscripciones y suplencias. Se dijo que se iba a eliminar turnos intermedios y se hizo lo contrario; se comenzó a crearlos, y luego se empezó a cerrar octavos y novenos años porque se descubrieron errores de organización. En la escuela Alberdi todavía no saben cuándo comenzarán las clases los 82 chicos del flamante 8º año (creado a los ponchazos, gracias a que de allí egresó el abanderado Manuel Cruz), porque faltan cinco maestros y los que quedan se reparten en los distintos grados.
Las consecuencias son previsibles. En un país con 20 millones de pobres habrá cada vez menos oportunidades para la sociedad, no sólo para los individuos. Muchos de los chicos que dejan la escuela terminan deambulando, como ocurre en los barrios "El Sifón" o "El Chivero", donde hay unos 4.000 menores abandonados a su suerte. Vale la pena preguntarse entonces: ¿cómo será Tucumán dentro de 30 años? ¿Qué será de estos chicos mal alimentados y sin educación? Hace un siglo, Sarmiento decía que si no queremos educar a nuestros niños por caridad, lo hagamos por miedo, por prevención o por egoísmo, pero que lo hagamos antes de que sea tarde.
10 Mayo 2003 Seguir en 
Por Roberto Delgado







