Mantenerse en el poder es el único sueño que desvela al mirandismo. Para el grupo reducido de mentes que lo integran eso significa permanecer en la Casa de Gobierno por cuatro años más. No le interesa quiénes resulten electos legisladores, intendentes o concejales. Esos nombres, y sus partidos, no tienen relevancia. Sólo importa que el sucesor de Julio Miranda sea el elegido: José Alperovich. Todos los movimientos institucionales y políticos sólo apuntan a perpetuarse en el poder.
Tres acontecimientos de las últimas horas desnudan ese propósito: 1) el desplazamiento de Jorge Lobo Aragón de la intervención de Yerba Buena; 2) la presentación de 1.300 sublemas del Frente Fundacional (FF), y 3) el pedido del Partido Justicialista para que se suspenda la interna abierta del 25. Pueden parecer sucesos aislados pero se engarzan en la concepción mirandista del manejo del poder.
Sin contrincantes internos
El cese de funciones de Lobo Aragón tiene más de hecho político que de institucional, como se lo quiso mostrar. El entorno mirandista no soportó que el interventor juegue con Olijela Rivas en la elección provincial. Le admitieron que se declare menemista, pero le bajaron el pulgar cuando se alió al Frente Amplio de la diputada nacional. No iban a tolerar que siendo un delegado del gobernador en Yerba Buena juegue en contra de Alperovich y en contra del posible candidato del FF a intendente en Yerba Buena, Roberto Carro.
El tema no se agota allí. El desplazamiento del interventor le sirve al mirandismo para mostrar al duhaldismo-kirchnerista que decidió apostar a todo o nada en el ballottage: le presenta en bandeja la cabeza de un menemista confeso. El poder central necesitaba una prueba de fe del oficialismo, que el 27 de abril no pareció jugar todas sus fichas a Néstor Kirchner.
Además, el descabezamiento es una señal para los reacios locales a acompañar al mirandismo en la apuesta del 18. "Estamos dispuestos a todo", parece decir el mensaje. Aunque, en la provincia, sin necesidad de advertencias veladas o amenazas directas, muchos menemistas del 27 han comenzado a dar muestras de debilidad en su fundamentalismo, y están mirando con más cariño la trinchera enemiga, a la que ya ven victoriosa.
Sublemas para que sumen
La cantidad de sublemas del oficialismo no debe sorprender a nadie. En los comicios del 99, el peronismo se acercó a los 1.000 y hoy supera los 1.300. Es una cuestión de conveniencia, pero para el lema. Los cerebros del plan "perpetuándose en el poder" saben que cuando más aspirantes a legisladores y a concejales se movilicen, más votos se arriman al lema; es decir, a la fórmula gubernamental. Es lo primordial. Por la ventanilla del FF, especialmente por el lado del PJ, se aceptó a todos cuantos quisieron ser candidatos. No importa si salen o no; lo que interesa es que en la boleta diga "Alperovich-Juri".
Además, el mirandismo demostró en estos años que no necesita de legisladores leales ni de intendentes fieles. A los primeros, cuando los necesitó, los tuvo. El poder tiene sus modos de convencer. A los jefes municipales los sometió con el pacto social, o bien los intervino, como a Augusto Paz, en Yerba Buena.
Para que no haya heridos
El pedido del PJ de suspensión de la interna abierta para elegir candidatos a intendentes se relaciona con la suma de votos para Alperovich. No es que quiera evitarse que los afiliados de otros partidos voten en la interna del PJ, sino que todos los precandidatos del partido -dos y tres en algunos municipios- sumen para el lema en junio y no vayan a jugarse por fuera si pierden la interna -como sucede-. No importa quiénes sean, sino que sirvan para que el poder siga en manos del mirandismo.







