El desvelo por sumar

Aunque para Kirchner la situación es menos difícil que para Menem, el candidato también tiene sus problemas, especialmente por la presión duhaldista.

04 Mayo 2003
Por Darío del Arco

BUENOS AIRES.- La política argentina comenzó a girar, definitivamente, en torno del ballottage. Los resultados del último domingo echaron luz sobre una etapa, pero abrieron un nuevo escenario en el que todo está por jugarse.
Habilitados por los votos, Carlos Menem y Néstor Kirchner comenzaron una frenética ronda de conversaciones y rejuvenecimiento de estrategias tendientes a ampliar sus respectivas bases de sustentación.
Cada uno sabe de sus carencias y debilidades. Ambos son conscientes de que, en los próximos 15 días, cualquier error grave les puede costar la Presidencia de la Nación.El primero en buscar consolidar su base de apoyo fue Menem. Advertido de los gruesos errores cometidos en la noche del domingo, sacudió como una sábana su comando de campaña y avanzó en el descabezamiento público de algunos hombres que, no por eso, dejarán de acompañarlo."Caras nuevas, caras nuevas" fue la frase que más sonó en el hotel Presidente el lunes, después del papelón de un Menem convencido de la victoria por 8 puntos.
Una fuerte embestida del "romerismo" y la decisión final de Eduardo Bauzá de apostar fuerte a la renovación de figuras -hay que unificar discurso con actitud, les dijo- terminó con un zafarrancho en el búnker de Menem.Bauzá dejó el comando; Alberto Kohan tuvo que tomar distancia y Alberto Pierri fue "facturado" desde todos los sectores por no haber podido "garantizar" una mejor performance en la provincia de Buenos Aires.

Actitudes imprevistas
La estrecha diferencia por la que se impuso sobre Kirchner llevó a Menem a asumir actitudes imprevistas para la campaña: a) por un lado y, aun a riesgo de un innecesario desgaste, debió dejar su juego favorito del misterio respecto de los nombres de su eventual gabinete, al que siempre quiso tener "in pectore".
b) tuvo que desandar aquello de que "el que quiere debatir es porque está perdiendo", con el que históricamente azuzó a sus adversarios y, sin ponerse colorado, comenzó a pedir -casi con desesperación- un cara a cara con el santacruceño. Con la misma premura con que intenta reorganizar su tropa, Menem se tomó un avión hacia San Luis para ver a Adolfo Rodríguez Saá. Le ofreció el puesto que quiera en el gabinete -como ya lo había hecho con Carlos Reutemann-, con tal de contar con el apoyo del puntano. Pero Rodríguez Saá debió moverse con cautela para no romper su propio espacio. Allí conviven los que votarían a Menem y los que desprecian al riojano. Un movimiento en falso le restaría caudal político y poder de negociación.
Algo parecido ocurre con el espacio creado por Ricardo López Murphy. El menemismo sabe que allí tiene un nicho de votos -los no radicales, que irían a Kirchner- más que apetecible. Pero no cree poder arrancar un pronunciamiento del ex ministro de Economía. La estrategia, entonces, será llegar a ese sector con el discurso, una herramienta a la que los equipos de campaña apelarán para tratar de arrimar algún caudal independiente.
Por el lado de Kirchner, las cosas parecen más sencillas. La mayoría de los encuestadores le auguran una victoria holgada. Pero el santacruceño debe ser cuidadoso, no cometer errores y aglutinar. Sería suicida "contar los pollos antes de que nazcan", sobre todo porque sabe que, frente a sí, tiene a un "animal político" como los que ya casi no quedan en la Argentina.
Aunque para Kirchner la situación es relativamente menos difícil que para Menem, el candidato tiene sus problemas. El duhaldismo le sigue metiendo presión para que amplíe su discurso y cambie algunos movimientos.Molesto con parte del oficialismo, el santacruceño pidió que pongan freno a aquellos que filtran nombres para su eventual gabinete y ratificó que el único número puesto es el ministro Roberto Lavagna.
El andar de Kirchner -con tiempos propios y autonomía casi plena- disgusta a los duhaldistas, que quieren ampliar su juego, por considerar que parte del patrimonio del patagónico tras las elecciones le pertenece a la provincia de Buenos Aires.
La decisión de Kirchner de no debatir con Menem parece definitiva, a pesar de algunos esfuerzos de los hombres de la Mesa del Diálogo para que haya confrontación de ideas. "Las urgencias son de Menem, no nuestras. No vamos a hacerle el juego", dicen en el búnker del santacruceño.
A la hora de ampliar el apoyo, Kirchner cree que contará con el antimenemismo completo -sea radical o de Elisa Carrió-, con sectores de Rodríguez Saá y con sectores progresistas.
Las próximas horas revelarán cuán hábil es la muñeca del gobernador para seducir no sólo al electorado que en primera vuelta no votó por Menem ni por Kirchner, sino también a los gobernadores justicialistas que aún buscan mantenerse prescindentes.
El sindicalismo, en tanto, ha comenzado a mostrar sus fichas. Los ex "rebeldes" Juan Manuel Palacios y Julio Piumato saltaron el cerco de Rodríguez Saá hacia Kirchner y algunos "gordos" de la CGT -como Rodolfo Daer, Armando Cavallieri y Carlos West Ocampo- ya le sonrieron al patagónico. El menemismo le mandó un enviado a Hugo Moyano, pero fracasó en su intento. El camionero y los suyos -dicen- le pondrían el voto a Kirchner. Pero todo el mundo sabe de los movimientos "pendulares" de los sindicalistas y de su mala imagen. En 15 días surgirá el nombre del nuevo presidente de la Argentina. Más allá de las predicciones, el sucesor de Duhalde será -sin dudas- quien resulte más hábil para trabar acuerdos, quien cometa menos errores, quien explique más claramente su proyecto de país, quien genere menos rechazo en la gente. (DyN)

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