La república entró en un torbellino electoral. El resultado del domingo pasado ha forzado a la sociedad a optar por dos variantes del peronismo. O se está con Carlos Menem (Frente para la Lealtad) o con Néstor Kirchner (Frente para la Victoria). La dinámica política ha puesto en entredicho algunos de los supuestos de los convencionales reformadores de 1994.
Los estudiosos señalan que la doble vuelta en la elección presidencial está pensada para garantizar al jefe de Estado un poder consolidado por la mayoría de los votos. En el primer turno, el ciudadano vota por el partido de su preferencia, y en el segundo por una razón estratégica se inclina por el postulante menos lejano a sus ideas. Sin embargo, la politóloga Liliana De Riz advertía que cuando "las fuerzas del campo opositor compiten entre sí corren el riesgo de no llegar al segundo turno".
Esa prevención se corporizó en los comicios del domingo anterior: Ricardo López Murphy (Movimiento Federal Recrear) y Elisa Carrió (Afirmación para una República Igualitaria) quedaron fuera de juego.
López Murphy encarnó la centroderecha y Carrió la centroizquierda. La estrategia duhaldista de producir la tripartición del PJ fue perfecta porque puso en una situación delicada a Menem y aseguró la sucesión presidencial para el justicialismo. Las perspectivas de que Kirchner llegue a la Casa Rosada se consolidaron en las últimas horas. La operación duhaldista, sin embargo, aniquiló el cotejo de ofertas partidarias de distinto signo ideológico en una segunda ronda. Y además reforzó el predominio político de los distritos más poblados -Buenos Aires es el prototipo- en el mapa electoral.Ante la disyuntiva, las direcciones partidarias locales reaccionaron de diferente manera. El no compromiso con ninguno de los pretendientes a la sucesión presidencial es la directiva de López Murphy con sus votantes. La gente del ARI recomienda a Kirchner, que es el mal menor.
Los radicales escogieron por la libertad de acción. "No haremos nada por Kirchner porque fortaleceremos localmente a Miranda y a Alperovich, que son los jefes de campaña del santacruceño", deslizó una alta fuente partidaria. Los bussistas aún no explicitaron su posición en forma pública, pero ideológicamente están más cerca de Menem que de Kirchner. La decisión que adopte finalmente la vertiente de Adolfo Rodríguez Saá pesará en la elección del 18. En el comando provincial del kirchnerismo esperan rebanar fracciones de los seguidores de Menem y del sanluiseño.
El electorado independiente, en definitiva, desequilibrará la balanza. El voto en blanco y el ausentismo son dos armas que están en sus manos.
Una semana clave
La cuestión electoral en Tucumán entra en una semana de definiciones. Ricardo Bussi y sus hombres de confianza -Pablo Calvetti es uno de ellos- disparan infatigablemente en contra de Esteban Jerez.
El candidato oficialista José Alperovich no ha sido rozado aún por el bussismo en su discurso público de campaña. Y Fernando Juri -el postulante peronista a la vicegobernación- no se cansó de repetir que el enemigo a vencer es Fuerza Republicana. En rigor, el mundo bipolar centrado en esos partidos es algo que sus máximas jerarquías quieren mantener. Se conocen bien y no admiten que terceras fuerzas puedan poner en peligro un esquema de poder.
El ex fiscal anticorrupción no ha podido concluir aún la trama de su alianza y desplegar una ofensiva política, pese a que faltan 56 días para los comicios provinciales. Jerez prácticamente tiene decidido que Horacio Ibarreche (Nuevo Partido) sea su compañero de fórmula. Ha hecho uso de la facultad que le reconoce el artículo cuarto del pacto que institucionaliza su candidatura. "No hay marcha atrás", les dijo ayer a sus interlocutores más próximos.
El diputado José Ricardo Falú permaneció alejado de ese ámbito porque discrepa con algunos criterios políticos que guiaron el andar del candidato de Unión por Tucumán.La tormenta que estalló en derredor de Jerez fue de singular intensidad. El ex fiscal está sometido a las presiones de las dos coaliciones que lo sostienen. Los radicales y Gumersindo Parajón no objetan las decisiones de aquel en tan espinoso asunto.
Desde el Frente Progresista se le reprocha haber desconocido la gravitación que puede tener en el armado electoral la incorporación de una figura peronista disidente en la fórmula. Esta le abriría posibilidades de inserción mayor en toda la provincia, y de conexiones con la Casa Rosada si venciera el 29 de junio, aventando el riesgo del aislamiento.
Afirman en esa confluencia multipartidaria que Jerez está muy influido por el espacio ideológico que forman Ciudadanos Independientes, Recrear y núcleos directivos de la Fundación del Tucumán. Al senador Pablo Walter se lo sindica de ser el estratega de ese plan político.
Desde el otro polo del territorio jerecista, se reivindica el derecho del ex fiscal anticorrupción para escoger a su copiloto. Se entiende, además, que Ibarreche -un hombre de pensamiento afín- encaja con el perfil del electorado que simpatiza con Jerez. Y a este, López Murphy le daría su aval. Walter se cuidó de aclarar que no pretende la vicegobernación, ni la intendencia de esta capital. Aparentemente, prepara el terreno para intentar su reelección como senador nacional.
Frente a ese forcejeo, Jerez rescata la coherencia de su pensamiento, al no cerrar acuerdos ni con el bussismo, ni con Olijela Rivas. Ante ese cuadro de situación, arrecian las versiones acerca de que la diputada será candidata a la gobernación. Ella, sin embargo, prefiere la cautela y ordena el armado de las listas de candidatos de su frente. "Cuando haya decidido algo concreto, lo anunciaré", remarcó. Hasta entonces permanecerá abierto el campo para las conjeturas más diversas.
El binomio oficialista está cubierto de las turbulencias que sacuden al mundo opositor. Sin embargo, las peripecias que vive la población por el canje de bonos amenaza con generar costos políticos para Alperovich, que, cuando era ministro, activó las hiperemisiones de esos títulos. Nadie se opone al canje de los bonos por dinero. Sólo que se quiere un cambio igualitario.







